jueves, 19 de noviembre de 2009

America latina: En defensa de los procesos de cambio

Ataques de los "socialistas", ofensiva de los "anti-extractvistas"

Fernando Dorado-Tito Pulsinelli
Las revoluciones nacionalistas democráticas de América Latina están bajo fuego cruzado. Desde Shimon Peres a los sicarios rasos del narcotráfico, mercenarios del bolígrafo y de la metralleta, jerarcas de varios Estados y teocracias, farándulas y vociferadores. Es una andanada inmisericorde donde las balas provenientes de los frentes opuestos son casi del mismo calibre.
Está bien que alertemos sobre los peligros de la ofensiva imperial. Es un deber. Vemos con preocupación una sarta de artículos y de opiniones remarcando en los errores pero silenciando sospechosamente los aciertos y avances.[1]

No nos equivoquemos de enemigo
Cuando el enemigo reacciona y despliega sus fuerzas, por algo será… ¿o no? Es obvio que él sabe identificar las fuerzas que se le resisten o que socavan sus privilegios.
Para algunos, la nacionalización del cobre efectuada por Allende era demasiado poco, pero para Kissinger era demasiado y armó la mano de Pinochet.
Nuestro principal objetivo debe ser sostener y consolidar los procesos de cambio. Esto sólo es posible con la reducción de los espacios y la derrota de las hegemonías de las elites criollas al servicio de Estados Unidos.

Los enemigos principales están identificados (imperio y oligarquías); todo lo demás son trabas segundarias, contradicciones congénitas que se pueden solucionar, sin abrir la puerta y tender la alfombra roja a quienes se aprovechan de los balances errados o malintencionados. Hay que preocuparse cuando se termina cantando la misma canción en un coro sospechoso, compuesto por aficionados a la restauración neoliberal.

No hay duda que los excluidos vamos a defender los avances y los logros del proceso de cambio impulsados hasta ahora por la revolución bolivariana en Venezuela, la ciudadana en Ecuador y la plurinacional boliviana.

No es sabio confundir gobierno con poder, o poder político con hegemonía social, sobretodo cuando se han logrado con amplias coaliciones electorales, y que a veces no cuentan siquiera con mayorías en los parlamentos (Brasil, Paraguay). Hay casos en los que la vicepresidencia pertenece a connotados reaccionarios (Argentina, Paraguay).

Hay que insistir en que estos gobiernos no son consecuencia de la entrada de insurgentes en las capitales, ni de asaltos abruptos a “Palacios de Invierno”. Por tanto, es impropio ser lampiños y pensar como “barbudos”.
El gobierno es una base de partida imprescindible - para ir acumulando poderes -, progresivamente o por oleadas, hasta establecer la nueva hegemonía social sobre las elites y su bloque social. Es precisamente un proceso, no una ráfaga de decretos; depende de la correlación de fuerzas, no del “radicalismo”, del voluntarismo o de la interpretación correcta de los libros sagrados.

El proceso democrático de cambio que avanza en nuestra región parece que estuviera bajo ataque no sólo de las oligarquías y del imperio, sino también, que fuéramos el blanco de vertientes “revolucionarias” que se juntan en el propósito de hacer ver a la dirigencia democrática-nacionalista como “más de lo mismo”.
Se des-califica a los gobiernos de Chávez, Correa y Evo de no querer profundizar la revolución, de revivir las políticas neoliberales, de mantener la economía “extractivista”, de no reconocer los derechos de los pueblos originarios, y de modernizar una nueva lógica estatal para domesticarlo y dividir. [2]

El ataque de los “socialistas”
Los variados ideólogos de los múltiples “socialismos”, herederos del “reduccionismo racionalista europeo”, quieren profundizar la revolución en América Latina con base en ideas preconcebidas y no a partir de nuestras realidades vivientes. No tienen en cuenta la real correlación de fuerzas que existe entre las clases y las naciones, entre la periferia y los centros hegemónicos.
El peso muerto de haber resucitado los euro-céntricos espectros ‘socialistas’ del siglo XIX, recae sobre los hombros del cambio. Es la noche sin estrellas en que todas las vacas son multicolores, sólo basta soñarlas.

Los esquemas borran la realidad, el radicalismo de la mente minimiza la cotidianidad. Cómo ésta no les cuadra, no están en capacidad de ponerse al frente del movimiento. No ganan siquiera una asamblea barrial y gritan con desespero “¡por ahí no es el camino de la comarca!”.
Por ahora, estamos todavía en la fase en que el “partido de la Patria Grande” no le ha ganado al “partido imperial”: necesitamos más democracia participativa, más quiebres de monopolios privados, más descolonización de la información, más gastos para los programas sociales, más alimentación y mucho más sana, más protección ambiental, etc.
Se requiere, con urgencia también, más unión, más entendimiento entre las fuerzas vivas que aspiramos consolidar una efectiva “hegemonía social”, y toda la creatividad del mundo al servicio de los sectores subalternos.

La ofensiva de los “anti-extractivistas”
La otra vertiente que ataca los procesos de cambio pretende representar – a veces monopolizar - los intereses de los pueblos originarios y comunidades indígenas. A partir de supuestos intereses “sectoriales” se rechaza, a priori, cualquier tipo de explotación de los recursos naturales.
Proponen que – de un día para otro – se acabe con la “economía extractivista”, sin entender que los recursos que genera la explotación de nuestras riquezas energéticas y/o minerales, sirven para resolver inmensas necesidades sociales desatendidas por las políticas de los gobiernos oligárquicos y neoliberales.

¿Existe una alternativa a la depredación y expoliación?
Con el afincamiento de otra “hegemonía social”, creemos posible e irrenunciable un nuevo modelo social que sepa moldear otra relación entre los humanos y la naturaleza, aprendiendo de la cultura aborigen y su cosmovisión, antídoto efectivo contra el omnívoro proyecto del neoliberalismo. Sin embargo, mientras avanzamos, son necesarios los recursos para financiar nuestro propio modelo de desarrollo que debe respetar los derechos territoriales de los pueblos.

Nuestras economías de resistencia, “propias”, solidarias, comunitarias, de pequeños y medianos productores, de empresarios no-monopólicos, volcada a satisfacer el mercado interno, requieren apoyos importantes para poder avanzar y consolidarse. Esos recursos deben servirnos para afianzar ese camino.
No todos los cambios son “explotación”, el paso de la recolección a la agricultura implicó una modificación en la relación del hombre con la naturaleza, pero no toda la agricultura es latifundismo transgénico.
Flota una especie de añoranza idealista por la “comunidad primitiva” que trasborda del antropologismo académico al activismo social.

La gran mayoría de las críticas a las revoluciones democrático-nacionalistas para la Patria Grande son bienintencionadas. Sin embargo, vemos escurrirse a toda clase de afanados (“apuraditos”) y hasta “resentidos”, que utilizan la crítica camuflada para hacer daño y agravar los problemas.

Los excluidos de siempre estamos impulsando un auténtico re-encuentro: entre pueblos originarios, pueblos indios en transformación, comunidades afro-descendientes en auto-afirmación, y población mestiza y blanca descubriendo sus raíces. De ese proceso surgirá la identidad Indo-afro-euro-americana de la Patria Grande.

Es un proceso de reconocimiento en permanente movimiento; que no esconde los problemas; encontrándonos plenamente con nuestras diferencias y similitudes; alimentándonos de miradas diversas y construyendo soluciones complejas; partiendo de aceptar que no hay verdades absolutas y que desde el diálogo intercultural podemos construir alternativas viables. Sólo así avanzaremos.[3]

Defendemos y apoyamos los procesos de cambio: los gobiernos conquistados con votos, hambre y la sangre de los caracazos y levantamientos indígenas, son un baluarte inicial que no vamos a ceder. Los hermanos Sin Tierra brasileños nos enseñan con su ejemplo: critican y disienten cuando hay que hacerlo, apoyan siempre contra las propuestas y los representantes de la oligarquía y del declinante “partido imperial”.
La autonomía de pensamiento y de acción no debe hacer olvidar quién es el enemigo principal, y no se puede “darle papaya”[4] porque está al acecho.


[1] Ver entre otros artículos: “Colapso inevitable de la revolución bolivariana” y “Ecuador: Es el peor momento del gobierno de la “revolución ciudadana” www.kaosenlared. net/noticia/ venezuela- colapso-inevitab le-revolucion- bolivariana
www.kaosenlared. net/noticia/ ecuador-peor- momento-gobierno -revolucion- ciudadana
[2] Ver artículos de Raúl Zibechi, Sergio de Castro Sánchez, y muchos otros escritores en Kaos y en Rebelión.
[3] Dorado, Fernando. “Cosmovisión, Territorio y Agua”. En: “Dos millones de firmas”. Ecofondo, Colombia, 2009.
[4] Término muy colombiano que significa “darle ventaja al contrario”.

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