domingo, 25 de octubre de 2009

Brasil, el FMI y el Banco Mundial

Andy Warhol, 1982

...el precio para ingresar en el "club de los ojos azules"

Andrés Soliz Rada
Rebelión
Brasil, al convertirse en acreedor del FMI e incrementar sus votos en el Banco Mundial (BM), se ha asociado a las naciones opresoras que estrangulan a las naciones oprimidas. El FMI y el BM organizan, monitorean y vigilan el orden mundial que imponen las grandes potencias. Son la parte informal del gobierno de EE. UU. y eficaces centinelas del Consenso de Washington, instaurado al disgregarse la URSS. Son, junto con la Organización Mundial de Comercio (OMC), los “fieles perros guardianes” del imperialismo (Atilio Borón).

La actual crisis económica mundial, con sus monstruosas quiebras bancarias, hizo temer (temor aún latente) un descontrolado colapso financiero. En ese escenario, los poderosos de siempre abren las puertas a un país emergente como Brasil, a fin de parchar las grietas del sistema. No es verdad, como dijo Lula, que ahora su país dictará las reglas al FMI y del BM. El mencionado ingreso no altera el equilibrio de poder dentro de ambas instituciones, en las que EE. UU. mantiene de facto su derecho a veto.

Lo cierto, sin embargo, es que Brasilia ha fortalecido su influencia en América Latina, en tanto EE. UU. y la Unión Europea han preferido compartir su poderío con Brasil, como lo hicieron antes con China, en la OMC. Es mejor distribuir la plusvalía de la periferia, a cambio de prolongar el dominio imperial. Antes de conocerse la decisión brasileña, el Presidente Correa denunció que el FMI busca provocar un cataclismo social en Nicaragua, ya que una solicitud de crédito de 90 millones de dólares fue condicionada a la supresión total de subsidios, congelamiento salarial y rentas a jubilados.

Como siempre, se exige control inflacionario, ajuste presupuestario, contracción económica, liberalización comercial y financiera, privatización de servicios básicos y recursos naturales, garantía ilimitada a las inversiones extranjeras y debilitamiento de los Estados nacionales.

Cuando Lula dice que a partir de ahora el FMI y el BM cambiarán las reglas de juego para proteger el medio ambiente y ayudar a los países pobres exhibe una hipocresía sin límites. Recuérdese que ya privatizó un tercio de la amazonía y vende enormes volúmenes de etanol a EE. UU. Su respaldo al FMI y al BM incrementará la injerencia transnacional en el MERCOSUR e impedirá que el Banco del Sur despliegue sus nacientes potencialidades. Y todo a nombre del abnegado pueblo brasileño.

La decisión de Lula coincide con la declaración de nueve gobiernos del ALBA, que avanzan en su integración soberana y en la creación de una moneda común. La realidad muestra que la integración latinoamericana no podrá hacerse con Brasil sino contra su gobierno (1) y los demás centros de poder mundial. De manera paradójica, Bolivia pedirá al BM diez mil millones de dólares para su industrialización. La misma cantidad que Brasil transferirá al FMI para cortar afanes industrialistas.

El FMI prometió inmediata ayuda al golpista Carmona que derrocó a Chávez por algunas horas el año 2002. Cuba organizó decenas de foros contra la deuda externa, tutelada por el FMI y el BM. Correa y Ortega denuncian nuevas agresiones.
¿Por qué el ALBA guarda silencio frente a la decisión de Lula? Fidel Castro ha manifestado su alegría por la designación de Río de Janeiro como sede de las olimpiadas del 2016. También alabó el poderío bélico e industrial de China.

Sería importante que ahora se pronunciara sobre la nueva relación de Brasil con el FMI y el BM y sobre los métodos usados por China para controlar recursos naturales en África, los que no tienen nada que envidiar a los usados por las transnacionales de Occidente.

Nota
(1) T.P.
Contra las elites dominante: burguesía de Sao Paulo y los latifundistas asociados a las multinacionales agro-exportadoras. El actual gobierno no tiene mayoría en el senado brasileño, y este se ha negado a permitir el ingreso de Venezuela en el Mercosur. Asì como ha frenado a mas no poder el Banco del sur, y después ha minimizado su capitalización a 20 mil millónes de dólares, para reducir el alcanze de su actividad en el espacio suramericanos.

Esas elites conciben la integración suramericanas como una mecánica extensión del actual Mercosur: área exclusiva para los productos brasileños. Integración como "estadio supremo" del libre comercio, que preserve todas las "asimetrías" existentes entre economías y Países, o sea un intercambio con saldos siempre favorable a Brasil.
Esta política encaja perfectamente en el marco del "subimperialismo carioca" patrocinado por la Casa Blanca, que apunta a debilitar, retardar y frenar los procesos de integración horizontal con acentos socio-económicos, subordinandolos al "grande juego" con los poderes globales, donde Brasil busca acceso e ciudadanía.

La masa demográfica, económica y geográfica confiere a Brasil la inegable función de primer eje aglutinador, pero esta geopólitica reproduce asimetrías históricas que hacen de Brasil el modelo mas desigual y discriminatorio en el continente mas inequitativo del mundo.

La integración suramericana debe ser complementada con la "geopòlitica andina", como indispensable factor de contrapeso, y esto implíca una creciente iniciativa y coordinación entre Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina.
Sin esto, el lugar y la condición reservada a las naciones integrada y unificada, será algo muy parecido al que hoy Brasil otorga al Uruguay, Paraguay o a la misma Argentina.

La meta final es compartida, pero si la Union Suramericanas que se logrará será la de los banqueros o de los pueblos, dependerá de muchas cosas, sobretodo de la lucha en curso entre elites y pueblos, democracia representativa y democracia partecipativa, imperio y naciones, individualismo y socialidad.

En Europa prevalecieron las elites y la unificación se redujo al minimalsimo deshumanizante de mercado y moneda única, con un gran retrocesos de los derechos sociales, laborales y los intereses concretos de los sectores populares.