domingo, 18 de julio de 2010

SANTOS NO ES URIBE… ¿PODEMOS EMPUJARLO?

Albert Romero
Fernando Dorado

Los temas que no se discutieron ni se decidieron abiertamente en las elecciones presidenciales de Colombia/2010, han empezado a mostrar su rostro con ocasión del ascenso del nuevo gobierno. Diversas fuerzas sociales y económicas que no lograron cohesionar una propuesta alternativa al continuismo, hoy presionan de diversas formas.


Los nombramientos de ministros y las críticas a Uribe por sabotear los intentos de mejorar las relaciones con Venezuela, son - en parte - muestra de ello. Pero, aunque no se mencionan, el conflicto armado y el narcotráfico están en el centro de la controversia. La política militarista e intervencionista de los EE.UU. tiene en estos temas su máxima expresión. Tímidamente ya se han escuchado propuestas alternas.[1]


Sectores importantes del bloque hegemónico - especialmente la burguesía colombiana con vocación productivo-industrial -, han empezado a reconsiderar su política. En lo inmediato, el restablecimiento de las relaciones comerciales con Venezuela y Ecuador, es urgente. Pero, las realidades económicas y financieras del mundo industrializado, la decadencia de EE.UU. y Europa, los obliga a acercarse a Brasil, al Mercosur y a otros bloques económicos del mundo.


Veinte (20) años de apertura económica no han traído desarrollo: sólo un aparente crecimiento. Los últimos ocho (8) años de “confianza inversionista” han servido para entregar nuestros recursos naturales al capital extranjero. La apropiación de las empresas nacionales por parte de consorcios extranjeros es un hecho. Ellos lo saben. El gobierno del presidente electo Juan Manuel Santos está en medio de esa tensión.


Las contradicciones y la transición “tranquila”

La oligarquía colombiana va a querer impulsar una transición no traumática. Sin embargo, conciliar tantos intereses encontrados no va a ser fácil. Veamos:

- La línea guerrerista del Pentágono – al frente de las oligarquías reaccionarias de Latinoamérica, con la ayuda de la derecha española -, se opone rabiosamente a cualquier posibilidad de solución negociada del conflicto armado colombiano. No pueden renunciar a esa preciosa herramienta de desestabilización e intervención regional.

- La cúpula uribista - para sobrevivir políticamente y ocultar sus graves crímenes -, debe mantener la polarización interna y externa. Teme - con justa razón -, que el trámite pacífico de las contradicciones político-institucionales, exponga ante el mundo su carácter criminal.


- La oligarquía de origen terrateniente, dueños de los ingenios azucareros del Valle, palmicultores costeños y antioqueños, intermediarios de la gran minería, y algunos banqueros aliados de Uribe, defienden a capa y espada el modelo agro-minero-exportador. Tienen mentalidad colonial y dinámica parasitaria. No quieren cambios.

- El gobierno de los EE.UU. y la plutocracia financiera estadounidense rechazan cualquier posibilidad de “legalización de las drogas”. Además de ser un instrumento imperial de intervención territorial, no pueden renunciar al inmenso flujo de capitales que mueve esa economía ilegal, y menos en época de crisis económica y financiera.[2]


- El gobierno entrante necesita restablecer plenamente las relaciones comerciales con Venezuela y Ecuador. Desea hacerlo sin abordar los problemas asociados al conflicto armado, la economía ilegal y las bases militares gringas. Los gobiernos de los países vecinos y suramericanos, son conscientes del impacto de la guerra interna, los intereses estratégicos estadounidenses y su papel geopolítico. No será nada fácil ese diálogo.

- El chantaje de la “amenaza terrorista” se agotó como fórmula de dominación ideológica. Los empresarios ya no pueden sostener una guerra que sólo genera corrupción al interior de las fuerzas militares y del Estado. La salida de Uribe es la corroboración de un cambio en las prioridades del bloque hegemónico.


La actitud de las fuerzas democráticas y populares colombianas

Las fuerzas democráticas colombianas han respondido en forma dubitativa y contradictoria a la convocatoria de “unidad nacional” planteada por el presidente electo. El único que ha mostrado capacidad de riesgo ha sido Gustavo Petro, pero - al no haber consensuado su acción - ha sido descalificado por su propio partido.[3]

El PDA, verdes, ASI, liberales rebeldes, y el movimiento social en su conjunto, deben y pueden acordar una posición. Tienen que actuar con visión de Estado y de País. Pueden hacerlo con absoluta independencia y autonomía, sin adquirir compromisos burocráticos con el nuevo gobierno. No es posible desaprovechar una coyuntura tan crítica y especial.


Hay que aislar y derrotar a Uribe y a todos los guerreristas en sus diversas expresiones. El “echarle tierra a los crímenes”, el “quedar bien con todo el mundo”, la “transición tranquila”, las “soluciones cosméticas”, todas las falsas salidas en las que es experta la oligarquía bogotana, sólo podrán ser impedidas con verdadera y efectiva acción política. No bastan pronunciamientos, hay que hacer propuestas.

La dirigencia tradicional del Polo debe entender que la oposición no es igual a inacción política. Hay que superar la actitud contestaria. Pero también, Gustavo Petro y sus amigos, tienen que esforzarse por actuar en equipo, con visión orgánica, superando su tendencia al individualismo que desorganiza y confunde a las fuerzas democráticas.


Los verdes deben ir más allá de la deliberación propositiva. La “legalidad democrática”, su principal aporte durante la campaña electoral, debe ser puesta en escena con medidas concretas para obligar al nuevo gobierno a fortalecer la justicia y atacar la corrupción.

Quien quiera “cogerle la caña” a Santos, deberá entender que las propuestas parciales o sectoriales pueden ser cooptadas por el establecimiento y convertidas en fórmulas engañosas y demagógicas. Se requiere fuerza política, visión estratégica y unión de las fuerzas democráticas para abrir verdaderos espacios de decisión amplios y transparentes.


Hay que insistir. La dominación imperial se concreta en la manipulación del conflicto armado y la explotación económica y territorial del narcotráfico. Mientras este factor de poder exista, las soluciones parciales no les sirven a los pueblos y a los trabajadores. Así se entreguen tierras, subsidios y otras ayudas a los campesinos, las dinámicas de poder llevarán inexorablemente a nuevos procesos de concentración de la propiedad, “encadenamientos productivos” al servicio del gran capital - incluyendo el de la droga -, nuevas violencias y nuevos desplazamientos. Lo mismo en el tema del agua y de las víctimas.

La “unidad nacional” tiene en estos temas una prueba de fuego. Si somos capaces de actuar unidos y/o con iniciativa política, sabremos de qué lado empujar a los Santos. Si no avanza, nosotros sí lo haremos.

http://aranandoelcieloyarandolatierra.blogspot.com/2010/07/santos-no-es-uribe-podemos-empujarlo.html

[1] “La guerra contra las drogas no funciona. Hay que cambiar la receta”; “Castañeda pide a Calderón y Uribe la legalización de las drogas”; “Diez razones para legalizar las drogas”.

[2] CEPRID “Política antidrogas para la expansión económica y dominación imperial”.www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article897

[3] Ver: “En el Polo no puede haber espacio para el caudillismo”, entrevista de Carlos Gaviria con Cecilia Orozco, http://www.elespectador.com/impreso/cuadernilloa/entrevista-de-cecilia-orozco/articuloimpreso-212734-el-polo-no-puede-haber-espa y video de Jorge Enrique Robledo “Así va a ser la oposición a Santos”. http://semana.pandac.com/multimedia-politica/como-sera-oposicion-santos-responde-jorge-robledo/3276.aspx

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