La reforma agraria, una de las grandes promesas electorales del presidente Lula, está paralizada. O casi. La soja avanza. Las exportaciones de las multinacionales agrarias siguen creciendo. La superficie de los latifundios de caña de azúcar crece a un ritmo del 125% por año. Pero los pequeños agricultores pierden espacio en el campo. 2007 ha sido un año negro para la reforma agraria.
El peor desde que Lula llegó al poder. El número de desapropiaciones de tierra cayó un 62% con respecto a 2006, según el Diario Oficial (la publicación del Gobierno). El número de hectáreas que el Gobierno Lula puso a disposición de campesinos sin tierra en 2007 fue de 204.500. La cifra no es sólo inferior a la media anual del primer mandato de Lula (682.500), si no que se queda raquítica al lado de las 465.700 hectáreas desapropriadas en los últimos tres años del presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002).
"Llegó la hora de que Lula cumpla las promesas electorales de 2002. Priorizar la agricultura familiar y la reforma agraria. Si no, los problemas sociales solo aumentarán", aseguró a la Folha de São Paulo João Pedro Stedile, coordinador\ngeneral del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST).
El Fórum Nacional de la Reforma Agraria, formado por más de cuarenta asociaciones campesinas, critica además el sistema de asentamientos. "Las familias continúan acampadas precariamente. Se les dan títulos, pero no se les da la tierra", afirma Isidoro Revers, coordinador de la Comisión Pastoral de la Terra (CPT).
El Fórum denuncia que el Gobierno se limita a legalizar asentamientos que ya existían. Y a entregar tierras en la Amazonia, sin ninguna condición para vivir en ellas.
www.rebelion.org/noticia.php?id=61518
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