martes, 24 de noviembre de 2009

Cosmovisión, territorio y agua (3)

foto Pedro Laya

El norte del Cauca, el valle geográfico del río Cauca, era la única zona impactada por la economía capitalista. El bloqueo de los EE.UU. a la revolución cubana (1959) causó el auge de la industria azucarera. Coincide con el fomento de cultivos industrializados de soya, millo, maíz, sorgo y arroz como parte de la llamada “revolución verde”. Los EE.UU. están a la ofensiva en el mundo, se crean los “cuerpos de paz”, aparece el Centro Internacional de Agricultura Tropical CIAT en Palmira, las universidades abren facultades de agronomía y veterinaria, y la industria de producción de alimentos tuvo un relativo auge. La metrópoli imperial, a través de la CEPAL9, aplicó la teoría económica de la sustitución de importaciones y un capitalismo dependiente avanzó en algunas regiones de Colombia.

Ya desde los años 50 se había iniciado la expropiación de los campesinos negros, quienes habitaban las mejores tierras de los valles del río Palo, La Vieja y Desbaratado - afluentes del Cauca -. Es importante recordar que al terminar la esclavitud en la segunda mitad del siglo XIX, los afrodescendientes crearon una fuerte economía campesina, que le dio vida a Puerto Tejada (1913). Gran cantidad de productos agrícolas, especialmente cacao, café, ganado y frutales salían por el río hacia Cali. Desde Puerto Mallarino (hoy un barrio de Cali), por ferrocarril, vía Buenaventura, se exportaba el cacao hacia los EE.UU. En ese puerto fluvial se fundó en 1927 la segunda sede de la Unión Sindical Obrera que agrupó a los “braceros” del río (cargadores de barcos).10

La multinacional Smurfit con el nombre de Cartón Colombia inicia su presencia en la región durante los años 60 con cultivos industriales de tipo agroforestal (pino y eucalipto) en la parte montañosa de los municipios de Toribío y Buenos Aires, al norte del departamento. Las pocas empresas instaladas en Popayán eran: Industrias Puracé del Grupo Enka-Celanese, Empaques del Cauca, la Industria Licorera y una factoría de libros del Grupo Carvajal. La mayoría de los pobladores eran comerciantes, artesanos, albañiles, servidores del Estado, y otros trabajadores que desempeñaban labores de servidumbre en las haciendas y mansiones de la aristocracia payanesa.

El resto de la población caucana eran campesinos (indígenas, afrodescendientes y mestizos), atados a las haciendas latifundistas. Éstas acaparaban las mejores tierras en la cordillera central, valle del Patía, norte del Cauca y algunos municipios cercanos a la capital caucana, heredadas de los encomenderos desde la época de la colonia. En otras zonas del departamento existía una economía parcelaria de subsistencia basada en cultivos de pancoger y café tradicional (arábigo, borbón) sobre una estructura de propiedad de la tierra menos concentrada. En las zonas frías subsistían cultivos de trigo, papa y cebolla.

A fin de contar con mano de obra cautiva y una clientela política manejable, y como una estrategia de control y defensa territorial, los grandes terratenientes entregaron – durante el siglo XX - tierras a campesinos mestizos no ligados a las comunidades nativas.11 En algunas regiones los resguardos indígenas subsistían a la presión de colonos y terratenientes. También permanecían amplias zonas apartadas en la Costa Pacífica y en la Bota Caucana, donde comunidades negras e indígenas se habían asentado.

Esa estructura semi-feudal se ha ido quebrando. En los últimos 20 años ha surgido una economía capitalista alrededor del cultivo del café, la ganadería, y la presencia de los cultivos de uso ilícito, especialmente, la coca. Además, el monocultivo de la caña de azúcar ha expandido su área, y las grandes empresas transnacionales están impulsando proyectos de infraestructura, de minería y de producción de agro-combustibles. La presión sobre las riquezas hídricas y la biodiversidad del Macizo Colombiano es evidente, que no sólo se presenta en el ámbito económico sino con la presencia de grupos paramilitares y violentos que desplazan a comunidades de sus territorios.

El desarrollo económico y la presión sobre las fuentes de agua
En el departamento del Cauca está ubicada la principal reserva de agua de Colombia. Es la “estrella fluvial” o hidrográfica con 4.356.228 hectáreas de los departamentos de Huila, Cauca, Nariño, Caquetá, Putumayo, Tolima y Valle del Cauca.
El Macizo Colombiano tiene 92 Km2 de áreas de páramo, que representan el 21% del total de páramos del país. Allí nacen los 5 principales ríos del país (Magdalena, Cauca, Patía, Caquetá y Putumayo). La cordillera occidental del departamento, contribuye también con importantes caudales de agua a los ríos Patía y Cauca. Dichos sistemas hídricos se encuentran bajo fuerte presión poblacional.

En una franja de aproximadamente 30 kilómetros, de lado y lado de la carretera panamericana, se ha venido concentrando más del 60% la población del departamento. En 40 años, Popayán multiplicó por 10 la población urbana. El Bordo, Timbío, Piendamó, Silvia, Santander de Quilichao, Puerto Tejada, Caloto, Guachené, Villarrica, Puerto Tejada, Corinto y Miranda, son centros urbanos en acelerado crecimiento.

En la capital está en construcción el acueducto del norte de la ciudad. Se toma el agua del río Palacé, que nace en una zona de disputa entre comunidades indígenas, campesinas y terratenientes. La antigua fuente de agua del acueducto existente, río Las Piedras, nace en el resguardo de Quintana. Existe un plan de mejoramiento de esa cuenca que es manejado concertadamente entre el Cabildo, las comunidades campesinas vecinas y la Corporación Autónoma Regional del Cauca CRC.

En el norte del Cauca, la mayoría de los municipios de la zona plana se abastecen del acueducto regional que obtiene el agua del río Palo, afluente del Cauca, que nace en las montañas del páramo del Huila, municipio de Toribío, territorio ancestral nasa. Desde hace más de 20 años la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca CVC en coordinación con ASOCAÑA, la Fundación Carvajal y la Asociación de Municipios del Norte del Cauca, diseñaron un plan de manejo de esa cuenca, pero a la fecha los proyectos de reforestación y otras acciones ambientales se han quedado en el papel. Mientras tanto la acción depredadora de colonos, cultivos ilícitos de coca, negociantes ilegales de madera, vienen causando graves daños en los ecosistemas circundantes.

Sin embargo, son los Cabildos Indígenas Nasa del Norte del Cauca quienes, con el apoyo de la Cooperación Internacional, han asumido de manera concreta la recuperación y protección de nacimientos de agua, quebradas y cauces de ríos, mediante acciones de aislamiento y reforestación con especies nativas, como también en la recuperación y conservación de “Sitios Sagrados” que corresponden con áreas de páramos y de bosques, contribuyendo así también a la recuperación y protección de la biodiversidad y de especies endémicas y en peligro de extinción. En la base de datos de los diferentes resguardos y de la ACIN1 reposan los datos que dan cuenta del enorme alcance de dichas iniciativas.

La misma situación se presenta en el resto de la franja mencionada. Existe presión de la transnacional Unión Fenosa (Empresa de Energía del Pacífico EPSA) para canalizar el río Ovejas para alimentar la represa de La Salvajina. Dicho río nace en la parte alta del municipio de Caldono en territorio indígena, y es fuente de abastecimiento de gran cantidad de pequeños productores agropecuarios que habitan a lo largo de su cuenca.
Ese proyecto tiene una fuerte oposición de todas las comunidades. En la misma zona, los municipios de Morales y Piendamó se abastecen del río Piendamó, cuyo nacimiento está en el resguardo de Guambia. La ciudad de Silvia alimenta su acueducto de esas mismas fuentes.

El valle de Pubenza hoy es la principal región cafetera que también demanda una gran cantidad de agua para el beneficio del café. Municipios como Timbío, Rosas, y El Tambo, han construido, por iniciativa y con gran esfuerzo colectivo campesino, una serie de acueductos interveredales y sistemas de riego que cubren un área aproximada de 30.000 has y abastecen de agua a más de 150.000 personas de áreas rurales. Estas comunidades de pequeños productores protagonizaron durante la década de los años 90 del siglo pasado, en alianza con los pueblos indígenas, masivas movilizaciones en defensa de su territorio y la construcción de servicios públicos.
continuará
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