lunes, 9 de noviembre de 2009

Monsanto quiere controlar la cadena alimentaria

Entrevista con la periodista Marie-Monique Robin
autora del libro y documental El mundo según Monsanto, en que presenta una exhaustiva investigación sobre los organismos genéticamente modificados (transgénicos) y la empresa Monsanto, la mayor productora mundial de semillas de este tipo

Elsa Chanduví Jaña www.noticiasaliadas.org

Si tuviera que describir brevemente cómo concibe el mundo la Monsanto, ¿que diría?
Lo que busca Monsanto es controlar la cadena alimentaria a través de las semillas transgénicas patentadas. Es un proyecto totalitario, porque controlar la comida es controlar el mundo, es controlar los pueblos. Es una multinacional que tiene prácticas muy sucias, desde hace un siglo casi; muchos de sus productos son hoy prohibidos, por ser muy tóxicos, como los PCB [policlorobifenilos] por ejemplo, que se utilizaban en todos los países como transformadores eléctricos.

Monsanto escondió los datos que tenía, mintió diciendo que esos PCB no eran peligrosos, hasta que finalmente se descubrió todo y después de un juicio en EEUU hace siete años fue condenada a pagar una multa de US$700 millones. Hay otros ejemplos, como el agente naranja, ese coctel de herbicidas utilizado durante la guerra de Vietnam. En este caso, Monsanto pagó a científicos para negar la relación entre una exposición al agente naranja, que contiene dioxina, y el cáncer.

¿Cuál es la estrategia que usa Monsanto para controlar la cadena alimentaria?
Su estrategia tiene múltiples formas. Una de las más importantes es la que se llama en EEUU “revolving doors”, puertas giratorias. En el caso de los transgénicos, el texto fundamental, que es la base de todas las reglamentaciones del mundo para los transgénicos y que fue publicado en 1992 por la Food and Drug Administration (FDA) [la agencia del gobierno de EEUU que regula los alimentos y fármacos], fue escrito por un ex abogado de Monsanto, que entró a la FDA para escribir su texto y después terminó como vicepresidente de Monsanto.

Esas son las puertas giratorias: vienes de la industria, alcanzas un puesto importante en una agencia gubernamental, o hasta una organización internacional, te quedas unos años y después vuelves a la industria. Increíble: ellos pueden poner a su gente en los puestos donde se toman las decisiones claves. En la FDA, o la EPA, que es la agencia de protección al medio ambiente de EEUU, el número uno era un abogado de Monsanto. Esa es una estrategia.

La segunda estrategia es pagar. Hay dos casos comprobados de corrupción. Un caso es en Indonesia; Monsanto fue condenada hace dos o tres años en EEUU por este caso de corrupción, donde pagó a unos 100 funcionarios del gobierno de Indonesia para introducir las semillas de algodón Bt. Hubo un intento de corrupción revelado en una comisión parlamentaria en Canadá en que Monsanto ofreció US$2 millones para poder poner en el mercado una hormona de crecimiento.

O si no hace presiones a través de las universidades. En EEUU ya hay una privatización bastante avanzada de las universidades, entonces presiona para que se saque a los científicos que hicieron estudios, o que quieren hacer estudios, que Monsanto piensa son contrarios a sus intereses. Lo mismo pasa con los periodistas.

¿Cómo empieza Monsanto en el negocio de los organismos genéticamente modificados?
Monsanto ahora es la primera empresa semillera, pero desde el 2005. Hace 10 años no tenía semillas. Había inventado los transgénicos. El primero fue la soja Roundup Ready. Bueno, tenía esta invención sin saber qué hacer con ella. Primero pensó “voy a vender la licencia a empresas semilleras”.
Pero después dijo “no, lo mejor es comprar las empresas semilleras”. Para eso vendió su división farmacéutica que era muy importante y le daba mucho dinero, para poder financiar este programa de compra, y poco a poco, en 10 años, pudo comprar más de 50 empresas semilleras en todo el mundo, que ahora hacen que Monsanto sea la primera empresa semillera del mundo, lo que es increíble porque era una gran empresa química y farmacéutica, pero de semillas nada.

Es una estrategia muy bien pensada, porque cada vez que compra una empresa semillera, impone sus semillas transgénicas patentadas, y eso significa que los agricultores no tienen otra opción. En la India ha comprado empresas semilleras de algodón, y los agricultores, los campesinos, no tienen otra opción, porque sólo hay semillas transgénicas patentadas.
En EEUU hay un grupo de agricultores que se han juntando en un juicio colectivo contra Monsanto porque estaría violando la ley antimonopolios: ha comprado tantas empresas semilleras que es casi un monopolio ahora. En EEUU el monopolio está prohibido. Y alguna gente piensa que le puede pasar a Monsanto igual que a Microsoft hace algunos años, que tenía monopolio y tuvo que vender algunas empresas porque era demasiado.

¿Cuáles son los principales riesgos que los transgénicos representan para la humanidad?
A nivel del medio ambiente, el riesgo que se ha comprobado es una pérdida muy grande de la biodiversidad por la contaminación. Eso se ha comprobado en Canadá, donde la colza transgénica ha contaminado todo y ha hecho desaparecer la colza no transgénica, convencional u orgánica. Para la salud humana, por desgracia no se sabe porque no hay estudios. Hay muy pocos estudios que se han hecho sobre esto, porque Monsanto pudo imponer, gracias a las “revolving doors”, el llamado principio de la equivalencia substancial, que es la base de todas las reglamentaciones del mundo sobre los organismos modificados.

Este principio dice que un transgénico es equivalente a una planta convencional y por eso no hay que hacer estudios. Si es equivalente, para qué. Este principio no tiene ninguna base científica y es una decisión política de la Casa Blanca para apoyar un desarrollo muy rápido de los transgénicos. Dicho principio hace que haya muy pocos estudios que verifiquen de verdad cuáles podrían ser las consecuencias de los transgénicos sobre la salud humana.

Los únicos estudios bien hechos que se hicieron durante dos años, son por científicos independientes; yo entrevisté a dos de ellos, quienes, cuando descubrieron que había problemas con las ratas que habían comido los transgénicos, fueron echados de sus trabajos. Esa es siempre la misma historia.

Pero, si no hay ningún problema, no entiendo por qué no se hace un estudio, por un equipo independiente, reconocido a nivel mundial, un estudio de dos años, bien hecho, que se publiquen los datos que todo el mundo pueda verificar, etc., y se acaba el tema. Hacen todo lo posible para impedir esos estudios, con métodos muy sucios, de campaña de difamación, de presiones tremendas, etc.

¿Usted condenaría la producción de cultivos transgénicos en todos los casos, incluso en países de escasa diversidad biológica? ¿Por qué?
Sí, claro. Con esos transgénicos, lo único que hay en los campos son plantas pesticidas, plantas manipuladas ya sea para poder resistir a fumigaciones de un pesticida muy tóxico como es el Roundup o manipuladas para fabricar un insecticida.

¿Para qué sirve eso?
Yo no quiero dar de comer transgénicos a mis hijas, para qué les voy a dar un maíz insecticida, o un aceite de colza fumigado con un herbicida tóxico. Ahora, que se siga estudiando en los laboratorios, en medios cerrados, controlados, no a campo abierto. No tengo nada contra la investigación científica, bien hecha, controlada, en laboratorios cerrados, eso sí. Pero, es otra cosa en nuestros campos.

¿Qué hacer contra la amenaza de los transgénicos? ¿Cómo frenar su avance?
Hay muchas cosas que hacer, depende de los países. Yo sé que aquí [en el Perú] hay en preparación una ley para poder introducir los transgénicos; entonces los consumidores en las ciudades pueden, por lo menos, pedir el etiquetado, porque eso es muy importante para que puedan escoger. Hay que boicotear estos productos comiendo orgánico lo máximo que se pueda. Es la única manera.
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