sábado, 17 de julio de 2010

POLÍTICA ANTINARCÓTICOS PARA LA EXPANSIÓN ECONÓMICA Y DOMINACIÓN IMPERIAL (parte 2)

CEPRID

Las drogas, tras el petróleo y el comercio de armas es un negocio muy lucrativo que no desea perder Estados Unidos.Los agentes de la CIA son expertos en el narcotráfico internacional y en el ilícito negocio del contrabando de armas. Además, el sistema bancario-financiero estadounidense es el mayor beneficiario del lavado y blanqueo de billones de dólares, en tanto que millones de sus ciudadanos son víctimas del narcotráfico y otros millones se debaten en la pobreza-miseria y millares de negros, asiáticos e hispanos llenan las cárceles imperiales acusados de narcotráfico.

Tan grande es el negocio de las drogas ilícitas como el “comercio afgano de opiáceos (que constituye el 92 por ciento de la producción mundial) supone una gran parte del volumen total de ventas mundiales de drogas que la ONU estima del orden de 400.000-500.000 millones de dólares. (Douglas Keh, Drug Money in a Changing World, Technical document Nº. 4, 1998, Viena INDCP, p.4 Véase, así mismo, United Nations Drug Control Program, Report of the International Narcotics Control Board for 1999, E/INCB/1999/1, United Nations, Viena 1999, p. 49-51, y Richard Lapper, UN Fears Growth of Heroin Trade, Financial Times, 24 febrero 2000).

Para el año 2010, la magnitud de ese negocio se habrá triplicado, según cálculos conservadores de analistas internacionales. El capitalismo mundial liderado por Estadios Unidos, en desesperante crisis, ¿va a renunciar a tan suculento negocio?

Afganistán y Colombia, ocupados militarmente por Estados Unidos, son las economías con mayor producción de drogas del mundo, y alimentan una floreciente economía criminal. Son países muy militarizados en donde el comercio de la droga está protegido. Está muy documentado que la CIA ha desempeñado un papel principal en el desarrollo de ambos triángulos de la droga: el latinoamericano y el asiático. El Fondo Monetario Internacional estima que el blanqueo de dinero a escala mundial se encuentra entre los 590.000 millones de dólares y 1 billón 500.000 millones al año, lo que representa entre un 2 y un 5 por ciento del PIB mundial (Asian Banker.) Una gran parte del dinero negro, según estimaciones del FMI, está relacionado con el tráfico de drogas”

Los billones de dólares que provienen del comercio mundial de las drogas, según se prueba en diferentes documentos, permiten la acumulación de riqueza no sólo para el crimen organizado sino también para el aparato de los servicios de espionaje estadounidenses que, cada vez más, se constituyen en protagonistas en el campo de las finanzas y de la banca.

Esta relación ha sido documentada por varios estudios, entre ellos los escritos de Alfred McCoy (Drug Fallout: The CIA’s Forty Year Complicity in the Narcotics Trade, The Progressive) “En otras palabras, las agencias de inteligencia, las grandes empresas, los traficantes de drogas y el crimen organizado compiten por el control estratégico de las rutas de la heroína. Una gran parte de los multimillonarios beneficios de las drogas están depositados en el sistema bancario occidental.

La mayoría de los grandes bancos internacionales y sus filiales en los paraísos fiscales extranjeros blanquean enormes cantidades de narcodólares. El narcotráfico sólo puede progresar si los principales protagonistas implicados en las drogas tienen “amigos políticos en puestos relevantes”. Empresas legales e ilegales se encuentran cada vez más interrelacionadas y la línea divisoria entre “hombres de negocios” y delincuentes se ha difuminado. A su vez, la relación entre delincuentes, políticos y miembros de la dirección de los servicios de inteligencia ha corrompido las estructuras del Estado y el papel de sus instituciones, incluido el ejército,” se lee en un informe de YVKE Mundial: Internacionales.

Ante la pasividad y tolerancia cómplices de Estados Unidos y la OTAN en el control del narcotráfico internacional, cabe mencionar que en el pasado 28 de marzo del año en curso, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia acusó a Estados Unidos de "connivencia" con los productores de drogas de Afganistán, al rehusarse a destruir los cultivos de amapola. De este modo, los funcionarios rusos expresan su creciente frustración ante la indisposición de Washington para tomar cualquier medida para parar la enorme producción de opio afgano, el cual está causando estragos al interior de Rusia y de Eurasia, y que financia a los terroristas yihadistas contra Rusia.

La manera de ver el asunto de los rusos y de Lyndon La Rouche, coinciden. La actual política sobre drogas del gobierno de Obama en Afganistán está allanando el camino a los terroristas. Es pertinente preguntar, ¿cuántos estadounidenses morirán, como resultado de esta política? La declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso señala que desde febrero, los marinos estadounidenses se han adentrado en la provincia de Helmand, una de las principales regiones productoras de opio de Afganistán, pero le han dicho a los campesinos de la región que no van a destruir los cultivos de amapola que se encuentran en la estación de floración. "Creemos que tales declaraciones son contrarias a las decisiones tomadas en las Naciones Unidas, y otros foros intencionales, sobre los problemas del narcotráfico afgano", dice la declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso dado a conocer por la embajada en Kabul.

Si los efectivos de la OTAN no van a emprender actividades de erradicación de cultivos de drogas, deberían dar protección a los afganos para que lo hagan, dice el comunicado. Omitir la erradicación de plantíos de amapola "pasa por alto el hecho de que miles de personas mueren por la heroína... incluso en Afganistán", agrega el comunicado. "La ’conmovedora’ preocupación por los agricultores afganos significa realmente, si no directamente, si ciertamente de modo indirecto una connivencia (con) los productores de droga", señala. El embajador ruso ante las Naciones Unidas, Vitaly Churkin, dijo ante el Consejo de Seguridad de la ONU que los comandantes estadounidenses y de la OTAN deben trabajar en la erradicación de cultivos de amapola. (Michel Chossudovsky. Traducido del inglés para La Haine por Felisa Sastre.)

En lo que se refiere al problema de las drogas, el periodista francés Laurent Laniel, en su artículo: América Latina: Mosaico cultural. Repères de culture générale en espagnol, Ellipses, Paris, 2005 (pp. 389-395), decía: “Por muchas razones, es a los Estados Unidos que el narco latinoamericano de carne y hueso debe su éxito económico y su legitimidad social en los países al sur del Río Bravo. A pesar del importante auge del consumo de sustancias ilícitas en el resto del mundo, América Latina incluida, desde principios de los años 90, los Estados Unidos siguen siendo el mercado nacional de consumo de drogas más grande del mundo, y por consiguiente el blanco principal del “narcoexportador” latino. Es el país donde se vende la mayor parte de su “gallo” (mariguana), su “perico” (cocaína) y su “chiva” (heroína). También es de los Estados Unidos de donde provienen la mayoría de las armas que el narco usa indiscriminadamente, y los bienes de consumo que alimentan su muy ostentador modo de vida”.

La ley antidroga y el racismo

El racismo que ha permeado la aplicación de las leyes antidrogas estadounidenses desde que fueron creadas en el último cuarto del siglo pasado y hasta el día de hoy, participa también, así fuera de manera indirecta, en el proceso de legitimación de los narcos en América Latina. En efecto, en comparación con su peso demográfico en la población total de Estados Unidos de alrededor de 300 millones, son pocos los estadounidenses blancos y protestantes de origen anglosajón, los “WASP”, como se les designa en inglés, condenados a penas de prisión por delitos relacionados con las drogas.

Al contrario, los estadounidenses negros y los de origen latinoamericano constituyen cerca del 60% de los presos por este tipo de delitos. Las leyes antidrogas aplicadas en los Estados Unidos desde mediados de los ochenta, y que el gobierno federal intenta generalizar al mundo entero empezando por América Latina, han transformado ese país en uno de los primeros en el mundo por el número de presos, tanto en términos absolutos que relativamente al total de sus habitantes. …Hoy en día, en los Estados Unidos, hay más hombres jóvenes negros sometidos a una u otra forma de control judicial por delitos relacionados a las drogas, que varones negros estudiando en las universidades del país. Ni el antiguo gobierno racista de la Sudáfrica del apartheid había logrado alcanzar las abrumadoras cifras carcelarias estadounidenses”.

Pero este conflicto, en apariencia irremediable, no impide las alianzas tácticas, o incluso estratégicas, entre narcos latinos y “justicieros” estadounidenses, cuando ambos encuentran intereses comunes. Ese fue el caso durante la guerra en Nicaragua cuando, con el apoyo de la CIA, los guerrilleros de la Contra, que confrontaban al gobierno sandinista, financiaron una parte de su lucha con el tráfico de cocaína.

Desde un punto de vista global, se puede decir que el comercio de la droga genera riqueza, mientras que las políticas neoliberales aplicadas por la mayor parte de los gobiernos latinoamericanos desde la crisis de la deuda en los años 80, bajo la presión del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM), han extendido la pobreza al concentrar la riqueza en las manos de pequeños grupos oligárquicos. Sin embargo, hay que matizar esta oposición entre un narcotráfico pródigo y un neoliberalismo empobrecedor.

Ya que si una parte del narcomaná permite a ciertos sectores, sobre todo rurales, salvarse de la completa indigencia, la mayor parte se queda concentrada entre las manos de los “capos” del narcotráfico, las de sus socios en el comercio legal y la banca, y las de sus protectores políticos. A nivel macroeconómico, una vez que el lavado de dinero en Estados Unidos, América Latina, Europa o en los paraísos fiscales les han dado una fachada de respetabilidad, los narcodólares irrigan el sistema financiero internacional, participan al pago de la deuda y, por lo tanto, se insertan en la lógica del neoliberalismo.

Como todos los hombres de negocios que se respetan, los narcos han sabido tender lazos con las clases políticas, sobre todo mediante la financiación de campañas electorales e insertándose en las redes clientelistas que definen el juego político de muchos países latinoamericanos. Redes que, justamente, sufrían la amenaza de agotarse, ya que una gran parte de los recursos generados en América Latina se dirigía (y se sigue dirigiendo) hacia el norte, para pagar los préstamos. En algunos países, los narcos se volvieron políticos, y en otros, son los políticos los que se volvieron narcos.

A tal punto, que muchas veces ya no se sabe muy bien quién es quien, sostenía Laniel. Por ejemplo, en México, se habla actualmente de “narcosistema”, de “narcopolíticos” y de “narcodemocracia”. Estos términos se trasladaron con mucha propiedad a Colombia, realidad que se acentuó en el gobierno ultraconservador de Uribe, aliado de Estados Unidos, cipayo del imperio.

En América Latina, a menudo se habla de la doble moral de Estados Unidos en su tan cacareada política antinarcóticos.Por una parte dice combatir a los narcotraficantes y por otra realiza negocios con el narcotráfico y estimula y corrompe a los políticos de las derechas que van a servir a sus intereses y les impele a utilizar los narcodólares para lograr ser electos y, una vez en el poder, aplican las recetas neoliberales del FMI y las políticas represivas y perfectamente ineficaces de la lucha contra “la droga” impuestas mediante la “narcodiplomacia” generada por Washington.

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