sábado, 29 de diciembre de 2012

Un modelo de desarrollo para los nuevos tiempos

La construcción de redes “contrahegemónicas” se convierte en un aspecto prioritario, en un desafío, las alianzas a nivel local, regional, nacional e internacional son necesarias, al igual que una “transnacionalización de los movimientos sociales”, sobretodo en aquellos países donde los daños al medio ambiente se están concentrando en zonas transfronterizas.

 Eneyda Carolina Arteaga de Valle
La palabra “desarrollo” es definida por las instituciones capitalistas como la evolución progresiva de una economía hacia mejores niveles de vida. En ella se privilegia el componente económico, en detrimento del componente social. En nuestro mundo globalizado, el modelo de “desarrollo” capitalista tiene a su favor las condiciones jurídicas, políticas y económicas precisas para que los intereses empresariales se antepongan a los derechos humanos de los sectores populares; y con la
aplicación del paradigma de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) consigue tener una careta con la cual limpiar su rostro, vinculándose a las estrategias de cooperación para el desarrollo.
En la época de la conquista, los españoles saquearon nuestras tierras, nos hicieron esclavos y esclavas, han pasado siglos y nuestra tierra sigue siendo saqueada y, en el siglo XXI, seguimos siendo esclavos y esclavas. Las transnacionales se enriquecen a costa de nuestros recursos naturales y de la sobreexplotación de nuestra gente, y así como en la época de la conquista cambiaban un espejo por un pedazo de oro, ahora se llevan lo mejor de nuestra tierra y nos devuelven las migajas a través de la RSC.

Lo más terrible es que, después de tantos años de represión y dictaduras militares en América Latina, parece que el movimiento social estuviera dormido; y hemos dejado nuestro papel de “hacer política” en manos de la “clase política”, de los partidos de izquierda que encabezan los gobiernos “progresistas”. ¿Por qué los gobiernos latinoamericanos de izquierda se han inclinado por una relación de asociación táctica con las compañías multinacionales dedicadas a la minería y a los hidrocarburos? ¿Por qué hacen “alianza” con ellas? Quizás estén motivados por determinados intereses económicos o, en el mejor de los casos, creyendo que bajo esta lógica están creando las condiciones necesarias para llegar a un modelo económico diferente, a largo plazo.

Si bien es cierto que los procesos de nacionalización desempoderan, de alguna manera, a las transnacionales a través de: la reducción de beneficios, el aumento de impuestos, el aumento de la participación estatal en el accionariado de algunas compañías, el reflote de las empresas estatales y el fortalecimiento del sector público. Pareciera que, en la práctica, estamos teniendo un retroceso a través del retorno del desarrollismo, o mejor dicho, a un “neodesarrollismo”, ya que también hay que tener en cuenta la redistribución social del excedente generado con el modelo primario exportador, el fortalecimiento de la industrialización y el diseño de políticas económicas alternativas que generen ingresos para las políticas sociales. Dicha fórmula no funcionó en la época de mayor expansión de este paradigma (tras la Segunda Guerra Mundial), ya que también fortalece las asimetrías económicas, en el marco del capitalismo, y el desarrollo de una parte de la población se logra a la base del subdesarrollo de otra parte de la población.

Está contradicción genera contiendas entre los gobiernos progresistas y los movimientos sociales bajo el cuestionamiento: ¿El crecimiento económico con redistribución social de la riqueza puede afectar al medio ambiente y a los derechos de los pueblos indígenas? aunque existan alianzas con los gobiernos progresistas, este modelo de crecimiento afecta al medio ambiente y a los derechos de los pueblos indígenas pues se realiza bajo la misma lógica de explotación de los recursos naturales y con las mismas desventajas jurídicas, en las cuales el derecho internacional tiene mayor fuerza que la legislación nacional.

Por otro lado, la corriente del "buen vivir" se refleja en un modelo de desarrollo postextractivista, el cual se enfoca directamente en el bienestar de las personas y las comunidades, en asegurar el bienestar de la naturaleza, y abandonar la idea del progreso perpetuo [1]. Dicha corriente es cuestionada también porque: ¿La lógica del “buen vivir” puede limitar el progreso orientado al conjunto de la ciudadanía? Depende de que se entienda por progreso, sobre todo en un mundo capitalista como el nuestro, donde el individualismo y el consumismo son los patrones comunes, donde el valor de las cosas tiene un período muy limitado. 
En este sentido, según Carlos Taibo [2]: “Son tres los pilares en los que se sustenta tanta irracionalidad. El primero es la publicidad, que nos obliga a comprar lo que no necesitamos y, llegado el caso, exige que adquiramos, incluso, lo que nos repugna. El segundo es el crédito, que históricamente ha permitido allegar el dinero que permitía preservar el consumo aun en ausencia de recursos. El tercero es la caducidad de los bienes producidos, claramente programados para que en un período de tiempo breve dejen de funcionar, de tal suerte que nos veamos en la obligación de comprar otros nuevos”.



Ante esta disyuntiva, en el escenario de las izquierdas a nivel internacional se presentan un desafío: encontrar proyectos económicos alternativos y realistas [3] y en este ámbito la economía solidaria se perfila como una opción, ya que es “un modelo alternativo de y para las mayorías populares, en los ámbitos económico, social, político, cultural e ideológico, fundamentado en su propio esfuerzo organizativo y solidario, que tiene como finalidad resolver sus problemas ambientales, de pobreza y exclusión social, tanto en el campo, como un la ciudad y contribuir a la eliminación de las causas que la generan” [4]. 
Para esto es indispensable la construcción de relaciones sociales basadas en valores como la solidaridad, el cooperativismo y la búsqueda del bien común, totalmente opuestos a los valores imperantes en nuestro mundo capitalista.

Por otro lado, la construcción de redes “contrahegemónicas” se convierte en un aspecto prioritario, en un desafío, las alianzas a nivel local, regional, nacional e internacional son necesarias, al igual que una “transnacionalización de los movimientos sociales”, sobretodo en aquellos países donde los daños al medio ambiente se están concentrando en zonas transfronterizas. Para ello es necesario, indispensable, un trabajo concienciación, organización y movilización de las bases, a través de procesos de educación popular, que generen un análisis crítico en las personas con respecto a la realidad comunitaria, regional, nacional y mundial.

En conclusión, el modelo de desarrollo para los nuevos tiempos debe estar fundamentado en el respeto a los derechos humanos de las grandes mayorías, en la democracia participativa, la equidad e igualdad de género, el respeto a la naturaleza y a la soberanía de los pueblos. Pero sobre todo, fundamentado en la deconstrucción y la construcción de relaciones de poder más justas, y una distribución de la riqueza más equitativa. Parece una utopía, pero un nuevo mundo es posible.

Ella está en el horizonte.
Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte corre diez pasos más allá.
Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve: para caminar.
Eduardo Galeano

* Eneyda Carolina Arteaga de Valle es licenciada en Trabajo Social por la Universidad Luterana Salvadoreña.
El presente artículo fue el ensayo final del curso online Repensar el desarrollo: Cooperación, derechos humanos y empresas transnacionales impulsado por OMAL http://omal.info y que se desarrolló del 16 de abril al 11 de mayo de 2012 para alumnado de Bolivia, Nicaragua, El Salvador y Colombia.

* Notas
[1] Eduardo Gudynas, “Desarrollo, postextractivismo y “buen vivir””, Revista Pueblos nº 49, diciembre de 2011.
[2] Carlos Taibo, El decrecimiento explicado con sencillez, Madrid, Catarata, 2011.
[3] Juan Hernández Zubizarreta, Erika González y Pedro Ramiro, “Transnacionales y desarrollo en América Latina: Los procesos de cambio, entre la redistribución y el “buen vivir”” en HEGOA y OMAL-Paz con Dignidad, Transnacionales, agentes... ¿de qué desarrollo? 2011.
[4] Aquiles Montoya, Manual de Economía Solidaria, San Salvador, UCA Editores, 2009.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...