lunes, 4 de julio de 2016

Venezuela: "Tenemos claro que la guerra es mediática, pero a veces fallamos"

Entrevista con Roy Chaderton, ex canciller, ex embajador de Venezuela ante la Organización de Estados Americanos y diplomático de larga trayectoria

-Aunque la palabra “objetividad” está muy desprestigiada, quisiera pedirle un balance objetivo de lo que se logró y lo que no se logró en el escenario de la Organización de Estados Americanos. La
oposición asegura que fue una victoria y el gobierno también la reivindica como tal. Desde el punto de vista diplomático, ¿qué se logró y qué peligros hay respecto a lo que pasó?

-Recordando a nuestro admirado Muhammad Alí, diría que lo que ha ocurrido fue una pelea a quince asaltos donde la oposición se anotó un round y el gobierno ganó por decisión unánime de los jueces, el resto de los rounds.  ¿Por qué es una victoria? Victoria es, por ejemplo, que el 1 de junio, ante una amenaza de aplicación de la Carta Democrática de la OEA en contra de Venezuela, por consenso, el gobierno de Venezuela logró el apoyo a los diálogos de paz. Y no se logró que fuera por unanimidad debido a la deserción de Paraguay. Como los diálogos de paz son una iniciativa del presidente Nicolás Maduro, y como además son combinados con la gestión de Unasur con el ex presidente (Ernesto) Samper y la incorporación de los ex presidentes Martín Torrijos, de Panamá y Leonel Fernández, de República Dominicana, personajes de alta credibilidad internacional, no podemos sino cantar victoria. 

Pero victoria es también la Asamblea General de la OEA, donde se presentó la moción, ya para el cierre y ante una férrea oposición, para pasar al Consejo Permanente el tema de la conducta del secretario general. Para utilizar una expresión de mi abuela, la burocracia de la OEA “birló” el título completo y quedó como si fuese “el tema de Venezuela”. Nosotros aspirábamos, y no lo logramos, a que no se diese la reunión. 

Por eso, el 23 presentamos una moción de procedimiento que no prosperó porque había cundido entre la mayoría de los delegados la idea de aceptar que el secretario general “dijese o que tenía que decir”, como en efecto lo dijo. Sin embargo, dos días antes, el 21 de julio, se presentó el señor (José Luis) Rodríguez Zapatero ante el Consejo Permanente, por iniciativa del gobierno de Venezuela, a explicar las peculiaridades de la gestión que está haciendo con los otros ex presidentes. Fue muy interesante y varios países tuvieron la oportunidad de pronunciarse sobre ese tema. 

Y lo más importante de la victoria es que prácticamente sin excepción hubo pronunciamientos a favor de los diálogos de paz, los cuales, repito, son un invento del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro. Mientras tanto, los señores de la oposición evitan hablar del diálogo y si lo hacen, es refunfuñando, como lo hizo recientemente el señor (Henry) Ramos Allup. Para decirlo a la manera adeca, hablan de eso de manera retrechera y socarrona. Así que cuando la oposición anuncia victoria, eso me hace recordar a esa gente que atraviesa los cementerios de noche, silbando en la oscuridad para darse ánimos y para engañar a sus ingenuos e incautos seguidores.

-Un personaje ejecutivo, miembro de la Consultoría Jurídica de la OEA y, para más señas, uruguayo como Luis Almagro, declaró que por el sólo hecho de haberse iniciado la discusión, ya se puede considerar activada la Carta Democrática. ¿Eso es así desde el punto de vista técnico-diplomático?

-No, eso no es así. Ese personaje es Michel Arrighi, quien tiene como veinte años de consultor jurídico de la OEA, o sea que es parte interesada. Es un burócrata de esa organización, tiene una buena formación académica, pero va con los secretarios generales de turno y, en este caso, para colmo es uruguayo. Claro, que su nacionalidad tampoco lo obliga porque el uruguayo Pepe Mujica desahució al señor Almagro y el uruguayo Tabaré Vásquez lo mandó al mismísimo y le dijo que se olvidara de ser candidato presidencial de Uruguay. En este caso funcionó el uruguayismo o el charruismo, y creo que eso lo descalifica. Eso es como que alguien haga una demanda y se declare sin lugar, pero quien demandó diga que está activada la demanda. Sin embargo, como ese es un mundo de trucos y trampas, aunque técnica y jurídicamente no está activada la Carta, yo recomendaría un estado de mayor alerta.

-Como bien lo dice Walter Martínez, nuestro Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, hay un escenario institucional y hay un escenario mediático, que parece ser un sitio preferencial para el desarrollo de la actividad diplomática en la actualidad. ¿Qué riesgo hay de que esa diplomacia mediática sustente la verdad de que se activó la Carta, a pesar de que no se activó?

-Sí, eso depende de la capacidad de neutralización de esas iniciativas perversas e interesadas de los sectores opositores y los medios internacionales. Nosotros tenemos claro que la guerra es mediática, pero a veces fallamos en la respuesta. Por ejemplo, me parece una omisión mayor no haber descargado a (Mariano) Rajoy cuando perdió en diciembre. Ni el PSUV ni el gobierno respondieron con la fortaleza con la que debieron haberlo hecho. Eso fue un error en el manejo de las comunicaciones porque Rajoy es uno de los principales villanos, de los principales difamadores que le han estado haciendo daño al país.

 Entonces, ¿por qué no aprovechar su caída para hacerlo ver? Recientemente vi que el presidente Maduro presentó un video en TV, en el que se presentan algunos villanos, entre ellos el señor Capriles cuando increpó a las masas para que salieran a linchar chavistas, pero olvidaron incluir al señor Rajoy que en ese momento estaba en el apogeo de sus ataques a Venezuela. Lo que quiero decir es que si nos descuidamos, si no manejamos bien el tema mediático, corremos el peligro de que se tome por verdad lo que es pura difamación.

-Esta semana entró en escena un grandeliga como Barack Obama. Hasta ahora nos veníamos manejando con gente de Triple A, como Almagro, pero ahora surge Obama y lanza una serie de comentarios sobre Venezuela, además en una reunión con los otros dos jefes de Estado de Norteamérica. Se mete en el debate del referendo y de los así llamados “presos políticos”. ¿Qué significado tiene eso en este momento?

-Primero debo decir que Venezuela ha sido un país muy exitoso en las Grandes Ligas. Entiendo que estos momentos tenemos más jugadores en Grandes Ligas que la República Dominicana, que era la gran cantera. Tenemos una tradición muy destacada: hemos ganado la Serie Mundial con un mánager venezolano y hemos tenido campeones jonroneros, de bateo y de carreras empujadas… Así que estamos entrenados para las Grandes Ligas. Además tenemos 17 años de resistencia contra el imperio y contra el enemigo interno, al que yo divido entre la oposición y los adversarios propios. Esta es como la enésima “ofensiva final” para ver si se logra hacer peso suficiente para que se hunda el gobierno de Venezuela. Hasta ahora han fracasado. 

El tema del desabastecimiento es grave, y allí concurren el imperio, el enemigo endógeno y el enemigo propio. Sin embargo, yo me preguntaría si el sabotaje petrolero no fue más grave en su momento, porque ese sí pudo paralizar al país, y sin embargo, lo ganamos. Ahora, en este caso, confío en que estemos en capacidad de responder. Creo que hay que responderle a México, porque al imperio a cada rato le respondemos y ya lo hicimos, pero que el gobierno de México, a través de su representación en la OEA, sus voceros en organismos de derechos humanos o su presidente, en esta cumbre de países del Norte de América hagan manifestaciones en materia de derechos humanos en Venezuela es un irrespeto. 

Ocurre que en Venezuela no ocurren cosas que ocurren en otros países. Aquí no tenemos descabezados, no matamos a los maestros, no matamos a los alumnos, aunque sea cierto que hay problemas graves, incluso de sicariato, con una cultura de violencia importada del vecindario y de otros escenarios internacionales. En cuanto al pronunciamiento de Obama, no es el primero. Ya una vez nos declaró peligro inminente para Estados Unidos.  Hay que ver lo que significa inminente, o sea “ya”, hay que prepararse “ya” porque Venezuela va a materializar sus amenazas contra el imperio… Eso es un chiste y una inmensa ridiculez.

-Usted conoce muy bien la OEA por dentro y al personaje de Luis Almagro. Desde el punto de vista individual, uno puede imaginar qué pasó con él, pero ¿hasta qué punto esa conducta de Almagro es una tendencia? ¿Hasta qué punto puede sobrevenir en los países de América Latina que han tenido gobiernos progresistas, socialistas, vinculados al pueblo, y que han empezado a cambiar, un fenómeno de personajes cambiándose de bando, una especie de almagrismo?

-Yo creo que el fenómeno es anterior a Almagro. Observo a una vieja izquierda atemorizada en unos casos o alborozada por la codicia, en otros casos. El mejor ejemplo lo encontramos en Chile, donde una izquierda que sufrió la dictadura, el exilio, la tortura, que sobrevivió y que pasó años dolorosos de represión por la ultraderecha, terminó siendo absorbida o engullida por el neoliberalismo, que les garantizó una prosperidad económica y un rol social que antes no tenían. Entonces, en buen venezolano, esa izquierda termina viendo a los bolivarianos como gallina que mira sal. 

Es una izquierda desertora, lamentable. Chile es uno de los países donde se toman más iniciativas, incluso sin que ocurra ningún incidente, en contra del proceso bolivariano de Venezuela y los de otros países progresistas. El caso de Almagro se me parece, lo veo igualito a… bueno no quiero ofender a (José Miguel) Insulza porque tenía un poquito más de dignidad en el ejercicio polémico de su gestión como secretario general, la cual yo enfrenté muchas veces. Al menos Insulza tenía una capacidad de rectificación de un día a otro que, en algunos casos, hubimos de agradecerle. 

Ahora, Almagros hay muchos. En Venezuela hemos tenido muchos de ex comandantes guerrilleros que terminaron militando en la ultraderecha, en Bandera Roja o fuera de ella, al lado de los empresarios y al lado de los viejos torturadores, de los que los torturaron a ellos. Hay una suerte de complacencia que merece un análisis psicológico o psiquiátrico, según se lo entregamos al alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez.

-Se ha creado una matriz de opinión de que la derecha venezolana tiene mucho talento en el campo de la política internacional, mucha gente que sabe mucho. Yo los llamo “los Embajadores sin Embajada”. Pero haciendo un balance, uno se encuentra con un oficial del Ejército, como el presidente Chávez, un conductor de autobús, como el presidente Maduro y una abogada laboral, como Delcy Rodríguez, les han dado pelas a esos grandes diplomáticos en sucesivos episodios de la política exterior. ¿Era un mito la formación de esos diplomáticos de la IV República?

-No, lo que ha pasado es que se parte de una visión aislada de la política internacional y se piensa que el manejo de algunos espacios académicos lo convierte a uno en internacionalista. Recordemos que uno de los himnos más viejos, la Internacional, comparable con la Marsellesa, ejemplifica la vocación internacional de los socialistas. Más allá de los errores que hemos podido cometer y que cometemos de vez en cuando en esa materia, evidentemente tenemos una vocación internacional que nos hace sentir cómodos en ese ámbito. 
A veces, no sé por qué, dejamos pasar ocasiones, pero así como de los corruptos y los incompetentes uno puede decir “por sus Hummer los conoceréis”, en el caso del chavismo, podríamos decir “por sus éxitos los conoceréis”. Es impresionante, pues en el siglo XXI a partir de Venezuela se dio una reedición del proceso independentista del siglo XIX. Desde acá creció el movimiento progresistas político y social en el continente. 

Esto le proporcionó al gobierno de Venezuela una suerte de anillos de protección, como heredad de Hugo Chávez. Es diferente al caso de la revolución Cubana, que fue aislada internacionalmente, y por ello, a pesar de su inmensa influencia política no sólo continental, sino mundial,  no se pudo traducir en la multiplicación de procesos similares en otros países. Se ejemplificó más bien en movimientos guerrilleros. 

Es con Chávez cuando viene la tesis de que ya  no es tiempo de la lucha armada, sino de confiar en el pueblo. Y la confianza en el pueblo ha dado resultados extraordinarios, que son éxitos de política internacional. Por eso, más allá del relumbrón con el que algunos internacionalistas de la derecha pretenden encandilarnos, la verdad es que la izquierda se apunta éxitos notables. Ahora, adicionalmente, trabajamos con Cuba, que ha logrado el éxito de derrotar al imperio y obligar al emperador a ir a Cuba a rendirle homenaje, con la dignidad preservada de ambas partes.

-Hablando de la influencia de la Revolución Bolivariana en el continente, vemos que falleció el comandante Chávez y en cosa de tres años ha cambiado sustancialmente el balance ideológico de la región. ¿Era él la clave de todo?


-Sí, pero una clave o una llave reproducida porque si bien la derecha está como de regreso, con la concertación que no tenía en el pasado, la izquierda tiene capacidad para resistir y Chávez sigue inspirando. Independientemente de que no esté gobernando, Chávez está aquí, está ahí, está allá, ejerciendo su influencia sobre el resto del continente. Yo soy moderadamente o equilibradamente optimista porque todo depende de las luchas. 

Hay que incrementar las luchas. Aquí hubo una etapa de dictaduras militares, que fueron los 50 y  los 60; después vinieron las democracias burguesas, bienvenidas y patrocinadas por EEUU para neutralizar el fenómeno cubano, democracias que se fueron descomponiendo; surgió la idea de la izquierda chilena de llegar al poder por la vía del voto, frustrada por la intervención imperial en apoyo a un ejército de ultraderecha. 

Siguieron surgiendo movimientos guerrilleros, en Centroamérica especialmente, pero luego se fue evolucionando hacia diálogos de paz, cesó la lucha armada y se logró una especie de conciliación que ha permitido inclusive casos como el del El Salvador, donde está gobernando la izquierda ex guerrillera, con las ciertas limitaciones, claro. Y está el caso de Colombia, el más duradero y doloroso, pero están superando esa etapa. Como dijo el presidente Chávez, hay que confiar en el pueblo, y nuevas formas de lucha tienen que venir, que no puede ser la democracia burguesa ni puede ser la lucha armada. 

Ahora es necesario ir a una evolución de las capacidades de comunicación de los movimientos progresistas con sus pueblos. A mí se me ocurre algo que hasta ahora  no hemos hecho: ¿por qué no tomar una estación de televisión?… una masa, o una multitud porque la palabra masa no me gustan mucho. Después se la devuelven a sus dueños, pero es necesario hacerles sentir a los propietarios de los medios de comunicación que sus infames políticas significan un riesgo para ellos también y que hay un pueblo alerta que no pide más que el procesamiento justo de la información. 

Ahí volvemos al tema mediático: tenemos que evolucionar hacia etapas que vayan más allá de la información, que toquen la formación y la propaganda. Por ejemplo, la información es que hay altos niveles de desempleo en España. La formación es que el desempleo es producto de la injusticia social. Y la propaganda es que Rajoy saca a las viejitas de su casa y las tira a la calle. Pero eso no podemos decirlo un solo día, sino todos los días, porque si no se repite, la gente no se entera. 
Vuelvo al ejemplo del video que presentó el presidente Maduro: se muestra a Capriles llamado a drenar la arrechera, como él dijo, y luego las imágenes de unas personas, pero no se explica que ellas fueron las víctimas de los linchamientos cometidos por la derecha. Se da por descontado que la gente lo sabe.

-Sobre el tema de la paz en Colombia, en la reciente reunión de La Habana, Timochenko (Rodrigo Londoño Echeverri, líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), reconoció el papel del comandante Hugo Chávez en el logro de la paz, pero (Juan Manuel) Santos  o los representantes del gobierno colombiano no se han manifestado expresamente. ¿Por qué esa mezquindad?

Usted me está dando la respuesta: porque son mezquinos. La historia de Colombia está plagada de ejemplos de inconsecuencias, de traiciones, de deslealtades, cometidas por la oligarquía colombiana en contra de sus interlocutores y negociadores de los procesos de reconciliación o de paz. Santos, en algún momento, mencionó a Venezuela como acompañante, igual que mencionó a Chile, pero la oligarquía colombiana no es especialmente agradecida, no nos quieren mucho y han llegado hasta el extremo de aliarse con la pseudo oligarquía anticolombiana de Venezuela, en búsqueda del propósito común que es, si no desestabilizar, al menos hacerle la vida difícil al gobierno bolivariano. 

Nosotros confiamos en que haya otros que reconozcan el papel decisivo de Venezuela. No es por accidente que el señor Timochenko comenzó su intervención en La Habana reconociendo el rol jugado por Chávez, porque fue él quien los convenció de que era posible abandonar la lucha armada y lanzarse a la lucha política. Va a ser difícil, hay muchos violentos que quieren sabotear el proceso, pero de todas maneras y en todo caso, nosotros, que no somos mezquinos, reconocemos que el señor Santos tomó una decisión de estadista y eso lo hemos apoyado, más allá de las ingratitudes, de las inconsecuencias, respaldamos a Colombia en su proceso de paz, a la Colombia de todos los colombianos.

-Hablando de otro de los vecinos de Venezuela y de toda esta campaña internacional, esta semana aparece “casualmente” un anuncio de la ExxonMobil sobre un descubrimiento de petróleo en las aguas correspondientes al Territorio Esequibo. ¿Será que se va a reavivar esta polémica? ¿Se reabrirá este frente de la llamada Operación Tenaza?

-Sí, es como para recordarnos o hacernos ver que estamos rodeados. Recordemos que tenemos a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) al frente, en la ABC, Aruba, Bonaire y Curazao; tenemos Puerto Rico cerca; Saint Martin, que es un paraíso turístico pero está ocupado por dos miembros de la OTAN; tenemos Guadalupe, Martinica y parte de Monserrat… En fin, son realidades con las cuales tenemos que manejarnos. Lo que digo es que cualquiera que abrigue intenciones de invadir este país, tendría que pensarlo porque sería muy costoso y además, Venezuela no es un peladero. Y a los opositores que ansían una invasión de Venezuela, yo les recordaría que las balas del invasor no distinguen entre socios y aliados, y enemigos y adversarios. Además, otra cosa que les advertiría porque quizá no se han dado cuenta, es que para llegar al aeropuerto de Maiquetía hay que pasar por los túneles de La Planicie o por la avenida Sucre de Catia.

-A usted le ha tocado, en diferentes escenarios, defender los logros, las conquistas de la Revolución Bolivariana, su política internacional, pero ¿no le ha tocado en algún momento defender algo con lo que internamente no está de acuerdo o defender lo indefendible?


-Es posible, no me viene un caso a la mente, pero hay un fenómeno de corrupción parcial. En este proceso hay bandidos infiltrados y yo no voy a defender eso. A veces uno no tiene las pruebas y se tiene que quedar callado porque podría ser aventurado hacer señalamientos. Pero en general, estoy de acuerdo en todo lo que se refiere a principios y valores. Puede uno estar en desacuerdo con alguna política determinada, por ejemplo, no tengo claro lo del Arco Minero, debo estudiarlo para tener una opinión seria. 

No necesariamente voy a estar de acuerdo con quienes lo objetan, pues hay buenas razones de Estado para buscar nuevas fuentes de prosperidad… Pero, momentos especialmente incómodos no he tenido. En todo caso, más allá de una vinculación burocrática, yo tengo una vocación espiritual con este proceso. Espero que a nadie se le ocurra hacer cosas que no deben hacerse.
(Clodovaldo Hernández / clodoher@yahoo.com)
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