Según los datos que aportan amigos venezolanos, la abstención fue importante en los barrios populares partidarios de Chávez y del proceso de cambios. Eso indica que es en el seno de las fuerzas sociales que vienen apoyando los cambios, donde hay que buscar las claves del resultado. No es, por lo tanto, ni un triunfo de la oposición ni del imperialismo; ni una derrota del chavismo popular de base.
El propio Chávez dio pistas sobre lo sucedido al señalar que “algunos de nosotros no jugaron (…) se quedaron quietos y dejaron pasar la pelota”.
Los resultados echan luz sobre dos hechos que merecen ser debatidos. El primero gira en torno al socialismo; un debate abierto, imposible de cerrar luego de las experiencias soviética y china. No hay nada que permita pensar que los 3 millones que votaron por Chávez un año atrás le estén dando ahora la espalda al proceso de cambios.
Pero no es lo mismo elegir entre la derecha y Chávez que hacerlo por un modelo que no hubo ni tiempo ni voluntad de someter al debate abierto. En el imaginario colectivo, socialismo no es otra cosa que un gran aparato estatal centralizado, dirigido por una enorme y maciza burocracia. ¿No es algo de eso lo que estaba naciendo en Venezuela al calor del PSUV (partido único chavista) y de la nueva dirigencia estatal?
En segundo lugar, el resultado muestra que las bases sociales del proceso bolivariano son heterogéneas, diversas, contradictorias por tanto, y que resulta imposible reducirlas a categorías generales y totalizantes. La polarización imperialismo versus pueblo puede ser válida para describir algunos momentos de aguda confrontación, pero no es en absoluto una realidad permanente y única.
Reducir el conjunto de problemáticas sociales a una “contradicción principal” a la que todas las demás deben subordinarse impide la expresión de las diferencias, como muestra la experiencia histórica del socialismo del siglo XX.....
Raúl Zibecchi
www.jornada.unamm.mx/200712/07/indexphp?section=opinion&article=024a 1pol
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