domingo, 2 de mayo de 2010

Brasil desafía el Plan Colombia

Raúl Zibecchi
La escalada militar protagonizada en los dos últimos años por el Pentágono y el Comando Sur en la región sudamericana, con su despliegue de bases en Colombia y Panamá, y la ocupación de Haití luego del terremoto de enero, está siendo resistida y enfrentada por Brasil, según se desprende de los recientes movimientos de tropas que suponen una completa redistribución de fuerzas. La reorganización de la defensa y el considerable aumento del presupuesto militar muestran que tanto las fuerzas armadas como el gobierno de Brasil hacen una lectura correcta de la transición hegemónica en curso en la región, que no puede sino incrementar la tensión y la inestabilidad, sin descartar conflictos armados.

El ejército brasileño, según informa el diario gaúcho
Zero Hora (18 de abril de 2010), está en plena ebullición ya que está en marcha “la mayor modificación en el tablero de tropas realizada desde que los militares asumieron el poder en Brasil en 1964”. Pero ahora los motivos no son ideológicos sino geopolíticos. Varias brigadas de infantería están en proceso de traslado desde el Litoral hacia la región central de Planalto con el objetivo de defender la Amazonia. En esa región serán creados 28 nuevos puestos de frontera que se suman a los 21 actualmente existentes. El ejército sumará 59 mil nuevos efectivos a los 210 mil con que ahora cuenta. Pero ese incremento estará focalizado siempre en la región amazónica, cuya defensa es el nudo estratégico para Brasil.

Los
efectivos del ejército en la Amazonia se duplican: de los 25 mil que tiene en este momento llegará a 49 mil en pocos años, de modo que casi el 40% de los nuevos reclutas estarán destinados a esa región. En el Planalto se instalará además una base de la fuerza aérea para la operación de aviones de transporte Hércules. Pero el aspecto principal incluye cambios en el aspecto operativo de las brigadas, que se convierten en módulos de combate independientes con unos 3 mil efectivos cada una.

Estos cambios vienen anunciados en la Estrategia Nacional de Defensa aprobada en diciembre de 2008 por el presidente Lula, que define acciones de corto, mediano y largo plazo, un período que abarca hasta 2030, para “modernizar la estructura nacional de defensa” reorganizando las fuerzas armadas, reestructurando la industria brasileña de material de defensa y la composición de los efectivos de las fuerzas armadas.

Además asegura que en la defensa inciden tres factores decisivos: la cibernética, el espacial y el nuclear. La mayor novedad es que hasta ahora el ejército miraba hacia el sur porque siempre se pensó en un posible conflicto con Argentina, herencia del período colonial. Ahora se propone posicionarlo en el centro, porque las amenazas reales por tierra vienen del Norte y la región andina.

La estrategia militar que aplica el Pentágono para contener a Brasil consiste en rodear el inmenso país con bases militares (existentes ahora en Panamá, Colombia, Perú y Paraguay) y generar conflictos e inestabilidad en sus fronteras. Es ése el objetivo estratégico del Plan Colombia y del nuevo despliegue de bases militares en la región. Si Estados Unidos consigue “derramar” el conflicto colombiano hacia la Amazonia brasileña, como lo está haciendo hacia Venezuela, habrá instalado una situación de incontrolable inestabilidad en Brasil, que sería un lastre para su despegue como potencia regional capaz de sustituir a la potencia hegemónica en decadencia.

Defender la Amazonia supone combatir. En este sentido la Estrategia Nacional de Defensa muestra autonomía respecto al pensamiento militar estadounidense. “Para disuadir es necesario estar preparado para combatir. La tecnología, por más avanzada que sea, jamás será alternativa al combate. Será siempre un instrumento de combate”. Mientras el Pentágono apuesta a la tecnología como forma de ganar guerras, Brasil hace centro en el combate sobre el terreno.

Hay más cambios: la fuerza aérea que ahora está concentrada en Sao Paulo y la marina en Rio de Janeiro, deben atender al Atlántico Sur donde están las nuevas y enormes reservas de petróleo que convierten a Brasil en la séptima potencia petrolera del mundo. La marina, además, cuidará la desembocadura del Amazonas y las cuencas de ese río y del Paraguay-Paraná.

Desde 2004 el presupuesto militar de Brasil se incrementó en 45%, sin contar las recientes
compras de submarinos, helicópteros y 36 cazas de última generación, ni la base de submarinos que se comenzó a construir cerca de Río, según informa O Estado de Sao Paulo (25 de abril de 2010). Días atrás el ministro de Defensa Nelson Jobim entregó a la fuerza aérea doce helicópteros de ataque comprados a Rusia destinados a la base aérea de Porto Velho, en Rondonia, estado amazónico fronterizo con Bolivia.

Son los primeros helicópteros de ataque que posee el país y la primera compra militar a Rusia. En pocos días, cuando se anuncie el acuerdo con Francia para construir los 36 cazas Rafale, casi todos en Brasil, se habrá completado un profundo viraje hacia la creación de un complejo militar-industrial autónomo, el primero con que contará un país del Sur.

“La época en que las potencias dominantes disfrutaban de `esferas de influencia exclusivas´ en todo el mundo es cosa del pasado”, puede leerse en la edición de Diario del Pueblo (28 de abril de 2010) dedicada a explicar el crecimiento de la marina de guerra china y su despliegue en el Pacífico occidental. El diario gubernamental agrega que la relación de fuerzas en el Pacífico está cambiando, que las fuerzas navales de Estados Unidos están reforzando su presencia en esa región por lo que el ascenso militar chino es “un requisito estratégico para toda gran potencia, que debe defender sus intereses según se lo permitan sus capacidades”. En Sudamérica sucede algo similar: una gran potencia se está preparando para sustituir, también en el plano militar, al decadente imperio estadounidense.


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