miércoles, 5 de mayo de 2010

Colombia: DE PARADOJAS Y SINGULARIDADES

Fernando Dorado

Los 800.000 ciudadanos que escogieron como candidato al profesor Mockus en la consulta “verde”, interpretaron con acierto las aspiraciones de las mayorías nacionales. Ese ejercicio de muestreo estadístico ya lo hizo presidente.

Más con intuición que con razón, apoyaron a la persona que va a conducir a nuestro país por un camino seguro. Le piden mantener la firmeza de Uribe, pero hacerlo con legalidad y respeto por la democracia. En el fondo hay un anhelo tácito de reconciliación y de Paz, base de cualquier camino a la prosperidad.

Se podría afirmar que ha sido el pueblo quien se inventó a Mockus, que la necesidad hizo al candidato. Él representa una voluntad colectiva y no hay otro mejor.

Los lemas de los verdes han respondido a ese interés: “Soy duro pero limpio”, “no todo vale” y “la vida es sagrada”. “La legalidad democrática” es la síntesis programática de esa aspiración. Los verdes se han sintonizado y han respondido bien.

Hace cuatro años 2’600.000 ciudadanos habían votado por otro profesor universitario con prestigio de persona honrada y limpia. Algo impidió que la misión encomendada por esa extraordinaria votación, fuera mantenida y desarrollada por su movimiento.

Disputas internas, vacilaciones frente a los crímenes de las FARC, y comportamientos “non sanctos” heredados de los partidos tradicionales, desfiguraron la imagen del Polo y de su gran dirigente Carlos Gaviria. Hoy, su reemplazo es otro profesor con características similares: Antanas Mockus.

El movimiento democrático “verde” se ha ido encontrando con las mayorías nacionales. Los cuatro alcaldes trasmiten confianza, experiencia y seguridad. La ruta está trazada y sólo algo extraño la puede desviar. El triunfo electoral está a la mano.

La paradoja de la situación se presenta con los partidos de las vertientes políticas que se venían enfrentando por el poder: la derecha uribista y la izquierda polista.

Su sorpresa ha sido mayúscula. En 40 días quedaron descentrados. Hay dos posibilidades: una, que no se expliquen el momento; dos, que entiendan la situación, pero intereses ocultos o no expresables, impidan su actuación prospectiva y propositiva.

Uribe bien podría sentirse representado por los verdes. Mockus respalda las principales políticas de su gobierno. Sólo remarca en la necesidad de legalidad, ética, transparencia y lucha contra la corrupción. Y allí no tiene fisuras. ¿Por qué no puede respaldar a los verdes? La respuesta es lógica: graves crímenes e intereses económicos lo amarran al poder y, además, los dirigentes verdes no son manejables o confiables para él.

Por el otro lado, según la dirigencia de izquierda Mockus “es neoliberal y privatizador”. Esa formulación sólo es útil para mantener fieles a las bases polistas, pero aleja a muchos de sus simpatizantes que ven en los verdes una herramienta viable para derrotar a la politiquería tradicional y al uribismo mafioso. Para el resto de la población no dice nada.

Se entra así, en una especie de singularidad. La campaña “santista” quiere mostrara Mockus como “antiuribista”, y los polistas tratan de presentarlo como continuador de Uribe. Sus energías y fuerzas tienden a anularse, pero al final potencian el movimiento verde.

Las cartas están echadas, la pista está despejada. Mockus a la ofensiva, sereno y tranquilo. Santos a la defensiva, hecho un nudo de nervios. Los demás (coleros), seguirán patinando con la aspiración de no bajar del 4%.

La mafia uribista ya se decidió por el ataque virulento, irracional. La campaña difamatoria y los “falsos positivos” ya están en marcha. Le llegó el turno al gurú mayor de ese arte maligno: J.J. Rendón. Y tiene un ayudante de lujo: José Obdulio Gaviria.

Para el Polo la situación es crítica. No puede actuar de la misma manera. Sólo ganaría ante la Nación si ayudara a los verdes a derrotar plenamente al “santismo-uribista”. Y puede hacerlo en su beneficio. Quedaría posicionado en la mente y en el corazón de las mayorías. Se erguiría como una alternativa cierta, generosa, grande, con visión de país, ajena a cualquier tipo de protagonismo estéril y lejana de los acuerdos burocráticos.

Ese apoyo sería un empuje positivo al nuevo gobierno “verde”. Para buscar la paz, ampliar la democracia y mejorar la calidad de vida de nuestro pueblo. Si los verdes no cumplen, si no dan la talla, allí estará la izquierda democrática para hacer el relevo.

¿Podrá la izquierda colombiana salir de ese “agujero negro” en que se ha metido”? ¿Encontrará su “agujero de gusano” para romper con esta singularidad?





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