viernes, 7 de mayo de 2010

Europa en las garras de los bandoleros de la "triple A"

Fitch, dueña del 65% de Finalac, que en el primer trimestre 2010 chupò a Grecia 115 millónes de euros (+8% en relación al 2009)

Como Brasil y Argentina hace 20 años - La especulación usurera de los croupiers del azar global – Juego arreglado entre dólar y euro

Tito Pulsinelli

Causa cierta impresión observar los acontecimientos europeos desde la esquina visiva sudamericana: parece que se están rebobinando imágenes de un pasado muy próximo, pero con papeles invertidos. “Default” es una grosería inquietante entre los tahúres de las mafias financieras que eran generosos cuando la dirigían contra los “tropicales” y la América no anglosajona.

Hoy día el monopolio mediático estadounidense arrasa contra la Unión Europea, ataca sus eslabones más débiles así como ayer crucificaba a México, Argentina y Brasil. Agrede con el arma de destrucción masiva de las “agencias de rating”, ésas mismas que agregando (o quitando) una A, marcan el destino de las naciones.

Sin embargo, inútilmente, hace veinte años los “tercermundistas” habían advertido sobre estas mafias (Moody’s, Standard&Poor's, Fitch) que son a la par jugador y árbitro, “calificadores de riesgo” y sociedades cotizadas en la bolsa de valores, croupiers y vendedores de fichas. En aquel entonces, de las capitales europeas se contestaba con sonrisas de condescendiente superioridad: se consideraban gemelos siameses de Wall Street y hermanos espirituales de la Iglesia Neoliberal del Business de los Últimos días.

El escalofrío que desde el caliente Egeo sube la médula espinal de las elites europeas da la medida del triunfalismo inmediatista de la clase dirigente política, atrapada en el laberinto de arena de una “moneda sin Estado”, y el egoísmo necrótico de una oligarquía financiera que masacró la economía real y la cordura.

Practicaron la eutanasia al Estado social que era el cemento que mantenía junto y volvía más sólido el modelo económico y político europeo y japonés. Elites y oligarquías, inspiradas al modelo de acumulación de los Morgan, Drake y Capitán Garfio, se empeñaron en transformar a Europa en una fotocopia de EU. Pero sin fuerza militar autónoma y sin visión geopolítica: todo en las manos de los banqueros centrales (sin excepciones, mozos que trabajaron por Goldman Sachs et similia).

Aventaron a Europa como carne de cañón a aquel FMI que – casi excluido de las latitudes sudamericanas – ahora encuentra una Tierra Prometida no sólo en la bushista “nueva Europa”, sino incluso en Bruselas y Francfort. Wall Street no se conforma, va al todo por el todo contra el anillo mediterráneo: a la carga de la platería de familia. Apuntan a los Estados fundadores de la unificación europea. Se trata de minar el euro y minimizar la competencia global europea. El dólar debe tomar aliento y EU debe poner el freno de mano en la caída del hegemonismo que se está volviendo cada vez más relativo.

Tan es así que perdieron protagonismo incluso en esa América Latina en la que señoreaban, donde la vivisección neoliberal – inaugurada por el famoso filántropo Pinochet – produjo heridas mortales y traumas profundos que hoy se volvieron anticuerpos.

La cantaleta de la difunta globalización terminó por producir el resurgimiento de categorías desahuciadas antes de tiempo: soberanía nacional, identidades nacionales y sociales, autodeterminación, ruptura de los monopolios, dualismo y complementariedad económica, unificación no sólo de los mercados, etc.

Es el así llamado “populismo” que asquea las narices operadas en las redacciones europeas pero que hace disminuir los déficits, aumenta las reservas monetarias nacionales y permite políticas redistributivas. Mantiene al FMI afuera de la puerta de casa o de la cocina. Ver para creer. Basta echarle un vistazo a la lista mundial de los Países más endeudados hoy y en 1990: existe el BRIC y los fondos nacionales soberanos.

Permitió dar impulso a un bloque sudamericano, con una integración regional lenta y contradictoria, pero con visión y planeación geopolítica, insertada en el multipolarismo, sin las manos atadas por los dogmas macroeconómicos y por los espejismos de fin de Milenio del juego de azar de las tres cartas de la cúpula del rating, que es un monopolio “made in USA”.

traducido por Clara Ferri


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