miércoles, 4 de agosto de 2010

Yasuní: Un paso hacia un Ecuador post-petrolero

Sil Scaroni
Esperanza Martínez
ACCIÓN ECOLÓGICA
La firma del fideicomiso es un paso importante pues sin él la iniciativa Yasuní no tendría posibilidades de continuar, es más podríamos decir que después de 3 años empieza a concretarse ahora. No firmar el fideicomiso probablemente habría significado la invasión acelerada de petroleras en el Yasuní, o en el mejor de los casos habría quedado reducida a negociaciones bilaterales por proyectos enmarcados en el mercado de carbono a cambio de una parcial renuncia a la explotación petrolera.

El tiempo ha favorecido para que la sociedad ecuatoriana e internacional conozca de la propuesta y tome una posición. Hoy la sociedad ecuatoriana es más consciente de que la riqueza que tenemos es la naturaleza y su diversidad, las culturas indígenas. La sociedad comienza a valorar lo que significa el sentido de comunidad y de respeto a la naturaleza. Tenemos ahora una nueva Constitución que recogió los derechos de la naturaleza, la plurinacionalidad como propuesta política y el sumak kawsai como régimen económico.

Es el momento de reconocer y felicitar a quienes han trabajado por la iniciativa: a los indígenas Waorani que llevan más de 20 años denunciando los impactos de las operaciones petroleras en sus territorios; a los pueblos y comunidades que con su resistencia inspiraron la propuesta Yasuní; a sus dirigentes de la CONAIE que han mantenido y promovido la protección del Yasuní; a aquellos trabajadores petroleros que han provisto valiosa información técnica y desde sus espacios han respaldado la iniciativa; a los demandantes del juicio contra la Texaco que nos han permitido contar con información sobre los impactos de la actividad petrolera; a los jóvenes de la campaña Amazonía Por la Vida que han promovido la defensa del Yasuní en escuelas, colegios y barrios en todo el país; a los artistas, periodistas, académicos que han mantenido viva la iniciativa.
Y por supuesto a los funcionarios y ex-funcionarios del Estado que han impulsado acciones para consolidar la llamada primera opción para el Yasuní. Sin duda tenemos razones para celebrar y simultáneamente para continuar construyendo caminos. Eso nos obliga a subrayar los logros y señalar las debilidades, pues el silencio finalmente facilita el olvido de los sueños. Proteger el Yasuní implica reflexiones y acciones locales, nacionales e internacionales que aún están pendientes.
A nivel local corresponde apoyar a las comunidades para la defensa de los territorios, los bosques y el agua, sin esas comunidades y sus luchas, la iniciativa del Yasuní nunca habría surgido. Es intolerable que estas sean reprimidas o descalificadas, eso equivale a dejar huérfana a la iniciativa.

La iniciativa Yasuní puede y debe allanar el camino a un Ecuador post petrolero. De hecho ha permitido contraponer la idea clásica de priorizar la explotación, a la de conservar el patrimonio. Es necesario superar las medidas y políticas de más exploraciones, más explotación y más consumo, que nos atan al modelo petrolero, peor aún cuando estas afectarían al centro y sur de la Amazonía.
Incluso es necesario cerrar la herida que representa el bloque 31, con cantidades mínimas de petróleo, el Bloque 16 que sobrevive con vida artificial, pues su contrato debería terminar en dos años y el campo Armadillo que afecta a pueblos en aislamiento voluntario.

Aún cuando la propuesta Yasuní permitió hacer visibles las vergonzosas negociaciones del mercado de carbono promovidas por el Protocolo de Kyoto, inspiró a otros pueblos y países para replicar la iniciativa de dejar el crudo bajo tierra y abonó a la discusión sobre la existencia de una deuda ecológica que el Norte debe al Sur, es necesario unificar las posiciones oficiales, que en algunos casos son contradictorias.

Es necesario en ese sentido distanciar los fondos Yasuní de los mercados de carbono y de los proyectos REDD, que devienen en complicidad con los contaminadores y en pérdida de soberanía local y nacional, o de las inversiones en megaproyectos que sostienen el modelo extractivistas. Todos estos son temas pendientes y pasos necesarios para el éxito de la iniciativa Yasuní y crearán el marco adecuado para ampliar el respaldo nacional e internacional necesario.

La firma del Fideicomiso por parte del gobierno nacional, más allá de ser un requisito necesario para continuar con la iniciativa, podría ser una oportunidad para dar un giro en las políticas publicas que constituya un precedente positivo para la protección de la naturaleza y para el Sumak Kawsai.Tenemos mucho por delante y nos corresponde enfrentarlo con el compromiso, el optimismo y el entusiasmo de siempre.

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