sábado, 15 de junio de 2013

Colombia: Santos retoma la agenda uribista

Fernando Dorado - Juan Manuel Santos ha demostrado ser una veleta que toma la dirección que le ordenan las encuestas y sus asesores neoliberales. Intentó durante sus primeros tres años de gobierno posicionar en Colombia una agenda “moderadamente progresista” (reformismo elitista), coqueteó con el proceso de integración regional latinoamericano y aspiró a convertirse en un referente político de la región y del mundo – aprovechando los diálogos para firmar la Paz
que ha iniciado con las guerrillas izquierdistas – pero finalmente, con el fin de garantizar su reelección, pareciera retomar plenamente la agenda ideológica uribista.

Algunos analistas relacionan este “giro” con el llamado al orden del gobierno de los EE.UU. que supuestamente se plasmó en la visita del Vicepresidente Joe Biden el pasado 27 de mayo. Aceptar esa teoría sería reconocer que efectivamente Santos se había separado de la política imperial estadounidense, cuando lo que realmente se vislumbraba era un viraje estratégico de las burguesías transnacionalizadas de México, Chile, Perú y Colombia – no para renunciar a sus lazos íntimos con los EE.UU. – sino para afianzar dentro del proceso integrador latinoamericano un “caballo de Troya” neoliberal.

Santos nunca ha dejado de ser quien es, así se haya peleado con Uribe. El problema que tiene frente a sí mismo es que a un año de las elecciones presidenciales de 2014 no ha conseguido posicionar su figura como un presidente que pueda ser reelegido. El gobierno y sus asesores se dieron cuenta de que no son capaces – no tienen voluntad ni tiempo – para profundizar las medidas “moderadamente progresistas”, y ello explica sus intentos fallidos y amagues incomprensibles de reformas constitucionales para buscar ampliar su período.

Es evidente que al impulsar reformas “moderadamente progresistas” el gobierno se ha limitado a actos legislativos y que en la tarea ejecutora ha sido completamente ineficaz. Es visible también que los asesores más derechistas han conseguido influir en el presidente Santos al punto de dar un viraje – casi que total – en las relaciones internacionales, y en bajarle perfil a la tarea de la Paz. 

Es muy probable que el gobierno de Santos – por motivos estrictamente electorales – quiera quitarse la imagen de “mejor amigo” del gobierno de Venezuela y presentarse ante el pueblo colombiano con un sello de autonomía e independencia frente al manejo del conflicto interno. Sus asesores electorales saben que las buenas relaciones con el gobierno vecino son explotadas negativamente por las fuerzas de Uribe. De allí su comportamiento errático en ese tema. 

De ésta manera Santos se encamina nuevamente a utilizar el programa uribista como carta de salvación para la reelección y en ese proceso es posible que aborte tempranamente los diálogos de Paz de La Habana o los mantenga en un nivel secundario, tarea que ya está realizando con la actitud asumida frente al gobierno bolivariano de Venezuela con la aceptación de la visita del derrotado candidato opositor Henrique Capriles Radonsky.

Todo apunta a que a nivel interno el proceso de Paz no va a seguir siendo la principal carta de presentación de la campaña reeleccionista. Como no puede abortar los diálogos de forma unilateral, lanza de vez en cuando ataques velados contra el mismo proceso con la intención de mostrar su perfil guerrerista. Las supuestas amenazas de la guerrilla a sindicalistas colombianos, la tensión con el gobierno de Venezuela y el anuncio de la cooperación militar con la OTAN van en esa dirección. Así el gobierno de Santos se sabotea a sí mismo.

Es por ello que los últimos comunicados de las FARC llaman la atención sobre esta situación. Dice el comandante Iván Márquez que “Es inquietante que los afanes legislativos electorales puedan maltratar, marchitar o aniquilar para siempre las esperanzas de reconciliación”[1], y se nota en el contenido de los mismos un sentimiento de frustración frente a un interlocutor que pareciera estar sumido en un momento de confusión y vacilación extrema, que por un lado realiza acuerdos de suma importancia (Desarrollo Agrario Integral) pero que paralelamente menosprecia a los actores guerrilleros cuando afirma que esa agenda agraria la va a impulsar “con las FARC o sin las FARC”.

Teniendo en cuenta ese panorama borroso fruto del reciente comportamiento equívoco del gobierno, las fuerzas democráticas progresistas y revolucionarias – las organizaciones sociales y los movimientos y partidos políticos – podrían y deberían convocar unificadamente al presidente Santos para clarificar la situación. Es el momento en que representantes de la sociedad civil llamen la atención sobre la coherencia y concordancia que debe existir entre la actitud de los negociadores del gobierno y la conducta del primer mandatario, a fin de preservar la marcha del proceso de Paz y garantizar su permanente avance.

El pueblo colombiano necesita de actos de grandeza en torno de la Paz. La izquierda y el resto de fuerzas democráticas deben asumir una posición de estadistas frente al proceso de diálogos. Santos debe sentir la fuerza unificada de los sectores que apoyan decididamente la salida política al conflicto armado. Las fuerzas democráticas progresistas y revolucionarias deben retar al gobierno y exigirle coherencia. El momento lo requiere.

[1] Ver: “Proponemos un año de aplazamiento en el calendario electoral sin reelección presidencial".  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=169575&titular=%22proponemos-un-a%F1o-de-aplazamiento-en-el-calendario-electoral-sin-reelecci%F3n-presidencial%22-
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