domingo, 31 de agosto de 2014

El genocidio israelí y sus cómplices

James Petras  
Este ensayo tiene 4 propósitos: 
1. Identificar la naturaleza del crimen (el carácter genocida del asalto armado y la secuencia que condujo hasta él);  
2. Identificar a los perpetradores directos de los crímenes de guerra y sus cómplices domésticos e internacionales
  3. Explicar los lazos que atan a líderes, políticos, propagandistas, cómplices y seguidores, incluyendo sus ideologías, intereses materiales y estructura organizativa, que hacen a estos crímenes no solo posibles, sino también, y hasta ahora, impunes y 
 4 Identificar los grandes intereses imperiales con los que Israel se alía con Estados Unidos, y de los que el asalto a Gaza es un espantoso ensayo para sus logros.

La moralidad de los guardias de prisión en un estado genocida

Es un Estado Genocida, los políticos dirigen una sociedad muy militarizada en la que ciudadanos y soldados, criminales y profesionales, torturadores y sociópatas pueden y de hecho coexisten en una misma persona. La fría racionalidad se engancha a los crímenes masivos, la tecnología a la devastación masiva, el lenguaje a eufemismos, y los ejecutores se presentan a sí mismos como víctimas (y viceversa). Los preceptos morales son desbancados y suplantados por la ética del asesinato en masa. Moralistas, rabinos y filósofos éticos se juntan a bendecir las bombas tiradas sobre hospitales y escuelas y hogares y toda cosa viviente (ni siquiera los muertos y enterrados pueden descansar en paz cuando los cementerios son bombardeados).

Los gobernantes, imbuidos de una visión genocida, solo ven objetivos militares (un pueblo oprimido no existe), todas las instituciones y existencias humanas en las áreas tomadas como objetivos deben ser demolidas. La destrucción de vidas humanas, de la existencia diaria de los palestinos, se ha convertido en el objetivo final de esta operación obscena.


La decisión práctica de exterminar a los palestinos fue realizada conscientemente, planificada y perseguida con implacable resolución, y llevada adelante con salvaje entusiasmo por el “ejército de ciudadanos” de Israel.


El despliegue de este plan mortal comenzó con la que parecía una “generosa” oferta de paz. En el 2004, el Primer Ministro de Israel, el criminal de guerra Ariel Sharon, “garantizó” el autogobierno a los palestinos en Gaza, y en agosto de 2005 retiró algunos cuantos miles colonos judíos y sus tropas terrestres israelíes. La consecuencia de esta benevolencia: más de 1,4 millones de palestinos serían encerrados y apiñados dentro de la más densamente poblada prisión a cielo abierto en el mundo. El gueto más grande de la historia. Esto fue un recordatorio enfermizo del arreo nazi de los judíos polacos dentro del gueto de Varsovia… en el que se les garantizó un “autogobierno”.


Una vez que los colonos judíos fueron removidos (y “compensados” con  300.000 $ US por familia), los militares israelíes cerraron todas las entradas y salidas de Gaza. Tierra, mar, espacio aéreo fueron bloqueados y un control total fue impuesto en la entrada de comida, medicina, libros escolares y la salida de los palestinos para sus tratamientos médicos, estudios universitarios, viajes normales y comercio de cualquier tipo. Esto fue un espejo de la política nazi hacia aquellos atrapados dentro del gueto de Varsovia. Los granjeros palestinos eran fusilados mientras se ocupaban a sus campos, actos de brutalidad que recordaban a los de la hambruna nazi en el bloqueo de Leningrado… ¡Y el mundo se horrorizó!


Gaza y el Gueto fueron planificados como prisiones a cielo abierto… medidas temporales para enmascarar los planes reales. La joven población de Gaza acendió en 2014 a 1.8 millones de seres humanos atrapados. Obviamente, si los gazauíes no pueden viajar, trabajar los campos, pescar y comerciar mediante los medios normales, cavarán túneles para conseguir suministros y luchar contra su relegación al estado de animales enjaulados por el Estado israelí. Los siguientes pasos luego de este exitoso encierro fueron sistemáticos y premeditados: los sionistas, como los nazis, lanzaron una guerra total contra los inevitables actos de resistencia de parte de los oprimidos. Mandaron aviones, tanques, misiles y bombas para arrasar áreas pobladas, especialmente vecindarios en los que jóvenes luchadores pudieran levantarse para resistir esta insoportable crueldad.
Los heroicos y jóvenes luchadores de Gaza, como sus predecesores de Varsovia, resistieron el totalitarismo de sus enemigos una y otra vez. Mientras tanto, la gran mayoría de de los judíos de Israel ovacionaron la devastación a la vez que clamaban ser las víctimas. Los jóvenes judíos de ultramar se unieron como voluntarios a las Fuerzas de Defensa de Israel en esta matanza de palestinos, tal como la población alemana había celebrado, durante el nazismo, junto a la Federación germano-americana [Amerikadeutscher Bund, organización nazi en EE..UU., Nota de Tlaxcala], los crímenes totalitarios de sus líderes. Sus respuestas fueron casi idénticas, aunque en diferentes tiempos y lugares: Pueblo Elegido y Arios del mundo se unieron contra lo que ambos denominaron “terroristas”, clamando que sus túneles se convertirían en sus tumbas.

Según esta mitología de súper raza, la máquina de matar israelíes  es realmente muy eficaz para asesinar a civiles desarmados - los inválidos que no pueden correr, los médicos que atienden los heridos, y las madres con sus hijos en sus albergues frágiles, y bastante patético cuando se trata de afrontar cara a cara, determinados combatientes de la resistencia armada. Desde el 6 de agosto de 2014, la fuerza aérea, la marina y la artillería israelíes con técnicas de guerra de larga distancia, acribillaron  1.594 civiles palestinos – comparados a 3 civiles en Israel (un Beduino, un trabajador agrícola tailandés y a un judío israelí), una asombrosa proporción de más de 1.500 civiles palestinos por uno de los « elegidos ». 
Pero cuando se trata de "combate terrestre " 64 soldados israelíes resultaron asesinados contra 281 partisanos palestinos, una proporción de 4,4 a 1, a pesar de que contaban con el apoyo de la Fuerza Aérea de Israel y su alta tecnología de protección personal, los israelíes sufrieron grandes pérdidas cuando su agresión militar tomó la forma de incursiones terrestres contra los partidarios mal equipados pero dispuestos a morir por sus hogares y su liberación.


Los criminales de guerra: quiénes son y cuáles son sus crímenes
Claramente, los comandantes de las fuerzas armadas israelíes, las autodenominadas Fuerzas de Defensa de Israel, los cuales son los responsables de los ataques terrestres, aéreos, y marítimos sobre civiles, hospitales, escuelas, refugios, santuarios, son los primeros en la lista del expediente de los crímenes de guerra. A ellos se les debería sumar los estrategas militares y los políticos que sistemática y criminalmente eligen como blancos casas, barrios, plantas purificadoras cloacales y de agua, redes eléctricas y plantas generadoras de energía en un esfuerzo deliberadamente planificado de destruir cualquier posibilidad de existencia cotidiana normal para casi 2 millones de palestinos.


 Ellos, de acuerdo a la Convención de Ginebra y los estándares legales establecidos en Núremberg, han cometido graves Crímenes Contra la Humanidad. Hay documentación y testimonios de testigos oculares que muestran soldados de rangos bajos y medios comprometidos en tiroteos desenfrenados contra escuelas, gente haciendo las compras y madres con bebés que huyen de las zonas de combate. Los juicios por crímenes de guerra no pueden reducirse meramente a unas pocas docenas de oficiales de alto rango: estos crímenes fueron cometidos en todos los niveles de las FDI.

Los líderes políticos, comenzando por el Primer Ministro Benjamín Netanyahu y su Gabinete, el partido gobernante y los miembros de la Kneset, que son los primeros jugadores responsables de lanzar el ataque aéreo contra Gaza y de justificar el asesinato masivo de civiles, claramente deberían ser el centro de cualquier Tribunal Internacional de crímenes de Guerra.


¿Pero qué pasa con el público israelí, la gran masa de judíos israelíes, que se ve a sí mismo como moralmente superior a la opinión pública mundial a pesar de la casi universal repulsión en torno a los crímenes israelíes? Más del 90% de los judíos israelíes le dieron un apoyo incansable al baño de sangre que se está llevando a cabo conociendo (de hecho, festejando desde tribunas erigidas en las colinas que miran hacia Gaza) las consecuencias criminales de su apoyo. Ellos también son una parte esencial de esta empresa criminal. Celebran esta carnicería e incluso atacaron violentamente a algunos israelíes que cuestionaron abiertamente esta “guerra”. Los israelíes no tienen derecho a reclamar “inocencia por ignorancia”. 




 No pueden llamar a esto un “trágico conflicto entre dos pueblos”. Ningún israelí puede absolverse a sí mismo reclamando inocencia por ignorancia de la naturaleza de los crímenes cometidos en sus nombres (¡tampoco es que quieran pretender tal ignorancia!). La mayoría de los judíos israelíes informados reclamaron esta guerra desde el principio, muchos de ellos uniéndose a marchas racistas con cantos y pancartas exigiendo “¡Muerte a los árabes!”. Portan su apoyo al holocausto en Gaza como una insignia honorífica. 

El noventa por ciento de los ciudadanos judíos de Israel rechazaron cualquier tipo de alto el fuego humanitario: los columnistas de los periódicos y la gran mayoría de los que escriben cartas en la prensa cotidiana argumentaron abiertamente a favor de la exterminación. Autodeclarados criminales de guerra son festejados como héroes israelíes por sus hermanos del exterior que se apresuran en adherir o incluso sumarse a la matanza. Gideón Levy, el solitario periodista disidente de Haaretz, es escupido en todos los cafés de moda y ahora debe tomar su café en casa.

¿Qué podemos decir sobre los “moralistas”, los famosos rabinos mayores, que no tienen ningún reparo en piadosamente urgir al asesinato en masa? ¿Existe una Corte Suprema de Autoridad Religiosa que pueda juzgar a estos “hombres sagrados” como responsables de incitar a crímenes de guerra? ¿Y qué hay de la red mundial de organizaciones sionistas internacionales que aseguran el envío de miles de millones de dólares en embarques de las armas asesinas desde el corrupto y cobarde Congreso de los Estados Unidos y su mismo Poder Ejecutivo? ¿No son ellos también cómplices del genocidio antes y después de los mismos hechos?

Sin embargo, es una mentira flagrante decir, como lo hacen algunos falsos críticos de “izquierda”, decir que “Estados Unidos comparte la responsabilidad de los crímenes contra Gaza. ¿Quién le preguntó al pueblo estadounidense sobre su aprobación de esta matanza? ¿Cuándo fue que el pueblo estadounidense organizó un “lobby” para comprar los votos del Congreso? ¿Fue el pueblo estadounidense el que organizó una colecta multimillonaria en el lujoso Waldorf-Astoria en donde los líderes republicanos y demócratas se comprometieron en dar 225 millones de dólares adicionales en misiles y tanques a Israel, para reabastecer su arsenal que había sido usado contra miles de hogares, arrasando familias enteras en Gaza? 

 Cualquier investigador serio que haya observado las políticas domésticas estadounidenses sabe que los presidentes de las 52 Principales Organizaciones Judías Americanas (sic) son cómplices de los bombardeos y el terror en Gaza. Y las encuestas muestran que la mayoría de los jóvenes estadounidenses simpatizan con los derechos de los palestinos…

¿Existe alguna cláusula en los procedimientos del tribunal sobre los Crímenes de Guerra de Núremberg que pueda presentar cargos contra los cómplices extranjeros de crímenes de guerra? ¿Y qué hay de los académicos de “izquierda” y los periodistas “progresistas” que cubren a los cómplices del extranjero acusando falsamente a “América” (implicando así al pueblo estadounidense) de esta masacre?
Los lazos que unen
Ya identificamos una cadena que vincula a la elite política, el comando militar y a los medios masivos de Israel directamente con los crímenes de guerra y el genocidio, con una complicidad material directa de las organizaciones sionistas del exterior. Actúan como una fuerza cohesiva sumergiéndose en la sangre de la guerra total contra los palestinos (los habitantes originales y por derecho de los que ahora es llamado “Israel”).

La pregunta surge: ¿qué es lo que los une en esta horrible empresa? ¿Qué ceguera moral es la que los aflige tanto como para ignorar las estanterías repletas de escritos de las enseñanzas humanistas de Spinoza, Kant, Babel o Buber? ¿Derivan estas lealtades tribales de las historias de venganza e infanticidio del Antiguo Testamento? ¿Están estas expresiones de fanatismo etno-religioso ligadas a la búsqueda de establecer un imperio regional y al saqueo?


La ideología racista y su expresión virulenta tanto de los altos cargos como del “judío de la calle” está difundida y se expresa abiertamente. Degradar a los palestinos, a la vez que se proclama ser una raza superior que está sobre las leyes del resto del mundo, sirve para justificar todos los crímenes contra el pueblo de Gaza. Esta expresión de “identidad y solidaridad judía colectiva”, basada en una superioridad étnico-religiosa amenazada por pueblos “nativos” inferiores, explica el inquebrantable apoyo de los magnates de Hollywood, los profesores de Ivy League, los intelectuales franceses, pares británicos y banqueros prominentes de Wall Street.

Dejando de lado las afinidades ideológicas y las lealtades etno-religiosas, muchos judíos israelíes también tienen un interés especial en robar y echar al pueblo de Palestina: incautar tierras palestinas tiene como resultado la creación de nuevas casas, baratas y subsidiadas, piscinas solo para judíos, desarrollos edilicios en donde alguna vez florecieron los olivos y familias extendidas vivieron y murieron. Judíos trabajadores y de clase media obtienen vivienda gratis; los especuladores inmobiliarios se aseguran propiedades frente al mar para condominios de lujo y zonas turísticas.
 Las empresas constructoras se aseguran lucrativos contratos con el Estado. El pillaje logra una forma material que asegura las bases de los altos estándares de vida en Israel, mucho más altos que los de los palestinos, y mucho más aún que la población no judía de Israel, y más altos aún que los de los estadounidenses que han sido obligados a subsidiar al “Estado judío” por casi 50 años.

Igualmente importante es el hecho de que el ataque de Israel a Gaza sirve como campo de prueba para sus armas de destrucción masiva y su domo anti misiles. En este sentido, la masacre de Gaza sirve como ensayo (y advertencia gráfica) para nuevas guerras en la región en asociación con EE.UU. y sus clientes. Los últimos documentos del analista de la NSA Edward Snowden revelan que Israel trabaja en conjunto con EE.UU. en África del Norte, el Medio oriente, el Golfo Pérsico, Asia del sur y los países islámicos, eligiendo objetivos y realizando planes de guerra… El Gran Israel ya no es más el sueño excéntrico de visionarios judíos: ya ha sido puesto en marcha, y sus sangrientos comienzos en Gaza dejan ver guerras contra la humanidad más grandes y más sangrientas en el futuro.
Conclusion
La guerra total de Israel contra Gaza ha provocado la condena de millones de personas alrededor del mundo, gran indignación por los crímenes contra la humanidad, y pedidos para la instalación de un tribunal internacional por crímenes de guerra. Si tal tribunal fuese convocado, la pregunta que asomaría sería qué tan amplia debería ser la red a tirar: dónde dibujar la línea entre líderes, soldados, masas y cómplices extranjeros, todos implicados en algún grado. ¿Cuántos cómplices del cargo de asesinato masivo deberían ser investigados y juzgados?

La indignación y horror crecientes ha aislado a Israel de la gran mayoría de la humanidad, incluyendo a miles de judíos, pero ha endurecido a sus líderes y ha despertado a su potente núcleo de partidarios influyentes, especialmente en EE.UU.

Empecinados, en sus suites de lujo, se encuentran en la contra ofensiva. Importantes productores de Hollywood denuncian a los moralmente indignados actores que se animaron a criticar los crímenes de guerra cometidos por Israel en Gaza, acusándolos de “antisemitas” y amenazándolos con incluirlos en listas negras de por vida en relación a su trabajo futuro en films o en el escenario. Poderosas organizaciones sionistas aseguran no solo la oposición de EE.UU. en cualquier Consejo de Seguridad de la ONU condenando los crímenes de guerra israelíes, sino también la unánime (100%) aprobación del Congreso y la Casa Blanca, y una “asignación de emergencia” de 250 millones de dólares de contribuyentes (de impuestos) para reabastecer a Israel con bombas y misiles que han sido lanzados sobre la población de Gaza.
Los representantes de la línea dura, que hablan por los presidentes de las 52 Principales Organizaciones Judías Americanas, no han cesado en su apoyo a la carnicería israelí aún frente a cientos de miles de manifestantes marchando en todo el mundo en apoyo a los derechos del pueblo de Palestina. Los representantes de la línea dura alardean abiertamente su apoyo ciego a los crímenes de guerra de Israel. Estos fanáticos están convencidos que cada crítico de los crímenes de guerra de Israel, ya sea cristiano, musulmán, hindú, judío o ateo, es un antisemita, un pervertido o un terrorista que debe ser censurado o aplastado. Dentro del bunker sionista hay un puño de hierro reforzado de lealtad hacia Israel, mientras que afuera está el suave derramamiento de propaganda que minimiza los crímenes de guerra de Israel y niega vehementemente la complicidad extranjera con el genocidio.
Epílogo: un diálogo entre sionistas
El sionista de derecha le dice al de izquierda: “Los crímenes al servicio del Gran Israel son virtudes”. El de izquierda le responde: “Existen crímenes, pero EE.UU. es el responsable real”.  Un viejo y astuto observador sionista comenta, aprobando: “Es su división del trabajo: los sionistas de derecha defienden a Israel, mientras que los sionistas de izquierda confunden a sus críticos”.

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