sábado, 21 de noviembre de 2009

Cosmovisión, territorio y agua (1)


América Latina está en plena ebullición democrática. Al frente de ese proceso se encuentran los pueblos originarios andinos y amazónicos, y sectores campesinos (indios, afros y mestizos) que han resistido la avalancha neoliberal de los últimos 30 años.
En Venezuela, la fuerza militar nacionalista es punto de apoyo para amplios sectores populares urbanos y rurales. En Ecuador y Bolivia, este fenómeno es un verdadero laboratorio socio-político. Allí las comunidades indígenas y agrarias protagonizan masivas movilizaciones que se convierten en los soportes sociales de los procesos constituyentes en desarrollo.

Al abrirse los espacios de participación ciudadana y popular, como tempranamente sucedió en Colombia en 1991 - proceso que se frustró en el camino -, florece la enorme diversidad de nuestras sociedades. La nueva institucionalidad se ve obligada a plasmar las complejas realidades e identidades nacionales en normas constitucionales sobre autonomía y ordenamiento territorial, reconocimiento de la diversidad étnica y cultural, derecho a la participación ciudadana y comunitaria, y temas similares. Sin embargo, el simple reconocimiento formal no es suficiente.

El control del territorio, e incluido en él, el acceso y manejo del agua, del bosque, de los recursos genéticos y mineros, está en la médula de la problemática. En ese entorno se enfrentan intereses concretos y materiales de diversos grupos humanos. También afloran las múltiples concepciones sobre el mundo, que se han ido formando en medio del “resistir-transformar”, en unas sociedades complejas y diversas. Los derechos y deberes de los pueblos y comunidades encuentran su materialización real.

Con esa visión y en esa búsqueda, abordamos en este artículo el problema del agua en el marco de lo que sucede en diferentes regiones del departamento del Cauca (Colombia). En primera instancia, se presenta una reflexión sobre la cosmovisión humana en general y del agua en particular, en un intento de interpretar las diversas miradas que los pueblos amerindios construyeron en correspondencia con sus desarrollos socio-políticos.

En un segundo momento, describimos la situación de la problemática del agua en el contexto de la lucha de los pueblos indios del Cauca en defensa de su territorio y sus recursos naturales, y a su lado, las luchas campesinas, de pequeños y medianos productores, por la tierra y la construcción de economías “propias”, autónomas, de resistencia, frente a los intereses de terratenientes y de capitalistas monopólicos, nacionales y extranjeros.

A partir de la descripción de esa realidad, intentamos construir conceptos y criterios que nos permitan enfrentar los problemas actuales. Esperamos aportar nuestro granito de arena para filtrar las ideas y hacerlas transparentes, llenas de energía, en movimiento y en tensión, como es el agua en su medio natural.

El Cosmos, la vida, el agua. El encuentro de cosmovisiones.

Los pueblos ancestrales indoamericanos tenían una visión holística, integradora, dinámica y mágica del mundo. Tal mirada es compartida, con pequeñas variantes, por todos los pueblos de la tierra. Existen “vestigios” vivientes de esa realidad tanto en América como en África y Australia. Esa visión – desde nuestra perspectiva - no los hace superiores o más avanzados. Son etapas del desarrollo humano.

Dicha cosmovisión integral y holística corresponde a un estadio de desarrollo de los pueblos donde la unidad vital con la naturaleza era, casi, absoluta. La lucha por la sobrevivencia no era en sentido estricto un “trabajo”; dicha labor no había adquirido las formas especializadas que hoy tenemos. Además, frente a los inmensos avatares de la vida de esas épocas, los grupos humanos estaban obligados a privilegiar la unión y la cooperación al interior de sus comunidades primitivas. En correspondencia con su situación material y social, hubo de surgir una visión del mundo que contribuyera a fortalecer esa unidad y compenetración existencial.

Al desarrollar la capacidad técnica para aprovechar los recursos naturales, la humanidad se transformó a sí misma. La división y la especialización del trabajo, y posteriormente, la aparición de las clases y castas sociales, multiplicaron la productividad humana. Aparecen formas diversas de apropiación del trabajo de unos hombres por otros. El conflicto, las contradicciones sociales y políticas enfrentan a los humanos.

En el terreno de las ideas surgen justificaciones de la nueva situación, pero las sociedades mantienen las concepciones mágico-holísticas como un referente ideal de su pasado armónico. Es un mecanismo de defensa y, a la vez, una forma de reconocimiento espiritual, que es el origen de todas las religiones y creencias purificadoras y punitivas. Nos sentimos pecadores por haber abandonado esa comunión con la naturaleza y la sociedad.

¿Cómo fue que ese pensamiento mágico-integral desapareció en el mundo occidental? Debemos recordar que los pueblos europeos (celtas, anglos, sajones, francos, lapones, etc.), portaban muchos elementos de esa concepción. El denominado pensamiento occidental, cientifista, reduccionista o “racionalismo positivista”, es el resultado de un fenómeno particular que se dio en la Europa cristiana.

Más de 10 siglos de “oscurantismo” durante la edad media (hogueras, inquisición, poder temporal de la Iglesia, exterminio de las “brujas”), de persecución del pensamiento mágico, negación de la “animalidad humana”, intentos de divinizar al hombre haciéndolo ajeno a sí mismo, crearon condiciones para la aparición de formas de pensar rígidas, mecanicistas, materialistas estrechas, a pesar de la magnificencia humana y de la explosión de creatividad y libertad que surgió durante el Renacimiento, donde las sociedades europeas intentaron “reconectarse” con sus orígenes.

A pesar de todo, esa racionalidad “euro céntrica” ha permitido – vía especialización científica – llegar a importantes progresos del pensamiento. Ello nos facilita ahora, encontrarnos en una nueva dimensión, con lo fantástico, mágico, antiguo y totalizante de las cosmovisiones ancestrales. Perdidos por un tiempo hemos regresado con nuevas herramientas y más preparados para avanzar.
Un “mamo” Kogui diría: “Nuestros hermanos menores han vuelto a encontrar el camino”. La explicación más sencilla la planteaba un monje tibetano diciendo: “Si ustedes no se hubieran ‘desviado’ no tendríamos los grandes avances tecnológicos que son una creación humana maravillosa. Ahora, hay que recuperar la espiritualidad, para poder colocar esos logros en nuestro beneficio” (1).

En el caso de América, 517 años de arrasamiento y negación, de exterminio y aniquilamiento de nuestros pueblos originarios, es poco tiempo para destruir nuestras culturas y cosmovisiones. Tenemos la fortuna de que allí están, de cuerpo presente, representadas en infinidad de pueblos que reviven desde las cenizas, que han sobrevivido a esa hecatombe que significó la conquista, la colonización europea, y estas últimas tres décadas de políticas neoliberales. Y en esa tarea, no sólo resucitan los pueblos indios, también los afrodescendientes y la gran masa de campesinos (mestizos).

continuará

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