lunes, 16 de noviembre de 2009

Uribe se auto-derrota y revive las FARC


Fernando Dorado
La entrega del territorio colombiano al ejercicio estratégico de re-colonización que EE.UU. está impulsando en América Latina (la “anexión”, la ha llamado Fidel Castro[1]), y el clima de confrontación con Venezuela que va en ascenso, coloca a las FARC – nuevamente - al centro del escenario político nacional y regional. El gobierno colombiano y los gringos le han dado a la insurgencia colombiana una oportunidad de oro para recuperar su razón de ser política.

Uribe y la oligarquía colombiana, cada vez más débiles, han entregado lo poco que quedaba de soberanía. A nombre de la “defensa de los intereses nacionales” frente al “terrorismo” y el control del narcotráfico, el gobierno colombiano ha afectado en forma vergonzosa la integridad territorial. Las consecuencias hacia el futuro serán muy graves.[2]

Es paradójico lo que ha ocurrido. Al obligar a Uribe a convertirse en un traidor a la patria, los EE.UU. han reversado el proceso de debilitamiento político de la guerrilla.
Con su acción de indigna sumisión ha revivido a la insurgencia como un actor político de primer orden. En la medida en que el conflicto de carácter regional (internacional) se agudice, mayor importancia estratégica adquieren las fuerzas rebeldes.

En el terreno militar la guerrilla cobra una dimensión especial, frente, tanto a las bases militares como en relación a un eventual conflicto armado con países vecinos. Pero es en el terreno político en donde adquieren una importancia fundamental, claro está, si las FARC diseñan una propuesta seria y consistente, que los lleve a colocar la reconquista de nuestra soberanía por encima de cualquier otra consideración.

Esa propuesta debe ser planteada a la sociedad nacional colombiana, a los gobiernos de América Latina, y al presidente Barack Obama. Con Uribe ya no hay nada que hacer: se ha auto-descalificado, ha quedado reducido a ser un “peón del imperio”, como ya lo había bautizado el presidente Chávez.
La evolución de los acontecimientos obliga a la dirigencia insurgente a ser conscientes de la posición de privilegio que la vida ha vuelto a otorgarles.
La propuesta deberá incluir el tema del narcotráfico, que es un problema cada vez más grave para la estabilidad y el futuro de la región.

Tiene razón Chávez, con Uribe no hay nada qué hablar. Es con la cabeza política del imperio norteamericano con quien ahora hay que entenderse directamente[3]. Nuestro país – para nuestro deshonor – ha quedado reducido a una miserable colonia. Es una vergüenza.
Los colombianos – unidos como un solo hombre – debemos colocarnos con decisión una consigna del siguiente tipo: "¡Por una Colombia en paz, sin narcos, sin guerrillas, soberana, fuerte y respetada!".[4] Todos, ¡a la carga!
[1] Ver: Castro, Fidel: “La anexión de Colombia a los EE.UU.” en Cubadebate, www.cubadebate.cu/reflexiones-fidel/2009/11/06/la-anexion-de-colombia-a-estados-unidos/.
[2] Samper, Ernesto: “Las bases militares estadounidenses”,
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