sábado, 24 de julio de 2010

POLÍTICA ANTINARCÓTICOS PARA LA EXPANSIÓN ECONÓMICA Y DOMINACIÓN IMPERIAL (parte 3)

CEPRID

Estados Unidos y su política antinarcóticos no es más que una fachada que esconde los verdaderos objetivos imperiales:narcolavado para sustanciar su maltrecha economía, dominación política para someter a los países de América Latina, control social y político por medio de la DEA, la CIA y otras agencias de espionaje: de penetración imperial y socorrido pretexto para calumniar y desprestigiar a lo que llama “gobiernos indeseables” como son los de Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Cuba a la cabeza de todos los “indeseables”.

A Estados Unidos le ha servido el narcotráfico para ocultar actividades clandestinas como la perpetración de golpes de Estado en Venezuela y Honduras o causar graves problemas secesionista o separatistas en Bolivia y Ecuador. En última instancia, al decir de Laniel “tenemos aquí un “cocktail” explosivo cuyos dos ingredientes principales son las políticas económicas, que concentran la riqueza y extienden la pobreza, y medidas de tipo judicial, que reprimen violentamente la criminalidad que la pobreza genera, pero sin nunca acabar con ella.


El resultado es el crecimiento de la violencia que, al instalarse en la vida cotidiana, mantiene a las grandes ciudades latinoamericanas, ya de por si caóticas, y vastas regiones del campo, en un constante clima de terror y desconfianza.

Estados Unidos intensifica la propaganda de la lucha contra el narcotráfico internacional y pregona a los cuatro vientos que se preocupa de la seguridad regional y nacional de América, pero en realidad, los problemas de seguridad nacional y regional son usados por el imperio para proteger sus intereses geopolíticos y extender su dominio a través de una serie de acciones violatorias del derecho internacional y del derecho internacional humanitario.

En realidad, tras la mascarada de la lucha antinarcóticos, Estados Unidos comete crímenes de lesa humanidad y genocidios imperdonables. Con la política antinarcóticos y de lucha contra el terrorismo internacional, en realidad extiende sus tentáculos para reforzar su presencia e influencia en nuestras patrias.


El cinismo imperial queda al descubierto cuando sus políticas antinarcóticos se orientan a influir en las esferas pronorteamericanas de cada país que se encuentran en las oligarquías y grupos de presión privilegiados y dominantes, en los partidos políticos de las derechas rancias y recalcitrantes, en los establecimientos de educación superior particulares o privados, en las organizaciones de la sociedad civil, en sectas religiosas proyanquis, en fuerzas policiales, fuerzas armadas y aparatos represivos del Estado. Esos sectores se convierten en una verdadera “quinta columna” desestabilizadora y destructora, al servicio de los intereses estadounidenses.

Estados Unidos, para impulsar la penetración imperial, a más de los servicios de inteligencia o espionaje como la CIA, DEA, cuenta con organizaciones de inocente apariencia, tales como la USAID, NED, CARE, CARITAS, Cuerpos de Paz, entre muchas otras. Las agencias del imperio enmascaradas en programas de “ayuda humanitaria”, en agencias de colaboración para el desarrollo y consolidación de la democracia al estilo yanqui, para la defensa de los derechos humanos y vigencia de las libertades públicas, son la punta de lanza para la dominación imperial, y así entregan financiamiento, asesorías, consultorías, herramientas tecnológicas, equipos policiales y militares a grupos y movimientos políticos opositores a los gobiernos “indeseables” o peligrosos para los objetivos yanquis.

La injerencia de Estados Unidos en los asuntos internos de las patrias latinoamericanas y del Caribe, se ejecuta por intermedio de los agentes de la DEA, CIA y otras agencias, incluso civiles, especialmente, y así el imperio financió, planificó, asesoró y dirigió el golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez de Venezuela en el mes de abril de 2002, el golpe de Estado contra el presidente Zelaya de Honduras, el ataque y bombardeo al campamento de Angostura con el que asesinaron al líder de las FARC, Raúl Reyes y 25 personas más.

Desde luego, ese bombardeo a territorio ecuatoriano, efectuado con precisión y con el uso de alta tecnología, no podía ser ejecutado sólo por Colombia. Aviones, pilotos, satélites, bombas, radares, fueron de Estados Unidos.

Ese país gobernado por el títere Uribe, asumió la responsabilidad del ataque, pero la ejecución, fue de autoría intelectual y material de Estados Unidos ya que participaron agentes de la CIA, de la DEA y del Pentágono que informaron y ordenaron al DAS y Fuerzas Armadas y policiales colombianas, la posición, ubicación y personas que estaban en Angostura. Todo bajo el socorrido pretexto: la lucha contra el narcotráfico que sirve para ocultar el verdadero objetivo de Washington que consiste en la dominación neocolonial.

Plataforma de intervención

El narcotráfico internacional es la tapadera sabia y técnicamente montada para intervenir en nuestros países. Bolivia, Nicaragua, Honduras, México, Venezuela, Ecuador, Perú, Cuba, son testimonio viviente de esa bárbara tragedia. No existe un sólo país en donde no intervengan los agentes de la CIA o la DEA ya sea directamente o mediante acciones encubiertas o clandestinas.

La guerra contra el narcotráfico se ha convertido en la bandera imperial que flamea en golpes de Estado, en dictaduras, en propaganda intensamente difundida por medios de comunicación social empresariales, en justificación para el secuestro de personas, ejecuciones extrajudiciales, desaparición forzosa de personas, asesinatos, extradiciones que sólo funcionan para el imperio. ¿Cuántos mafiosos o narcotraficantes estadounidenses han sido extraditados desde Estados Unidos hacia los países al sur del Río Bravo?

La DEA es la Agencia imperial para “combatir el narcotráfico”, pero eso no le impide intervenir en otros asuntos que atañen sólo a nuestros países. Así como los agentes de la CIA penetran en las fuerzas armadas nacionales y ordenan más que generales criollos, así mismo los agentes de la DEA penetran en las fuerzas policiales y ordenan y mandan cuanto quieren a oficiales y tropas. La CIA y DEA ofenden la soberanía nacional con sus actuaciones prepotentes puesto que en todas sus operaciones son planificadas y ejecutadas en el interior de nuestras patrias, sin que siquiera tengan la cortesía de notificar a las autoridades nacionales, de sus acciones.. Simplemente ordenan y punto.

Los obedientes soldados y policías de todos los rangos se inclinan ante los agentes del imperio porque reciben becas para “estudiar” en Estados Unidos o porque reciben millares de dólares para algún tipo de programas o “ayudas” materiales: computadoras, teléfonos móviles, equipos de comunicación, equipos de intercepción de telefonía o internet y hasta lanchas rápidas y otros medios de transporte de segunda mano. Se conoció que tropas ecuatorianas fueron obsequiadas con uniformes todavía manchados con sangre de soldados yanquis muertos o heridos en Irak. Naturalmente que semejante obsequio fue rechazado.
La “generosidad yanqui” no tiene límites morales o éticos.

Es tanta la doble moral de Estados Unidos que, periódicamente, levanta y difunde informes sobre la situación de la lucha contra el narcotráfico internacional en los que, por un lado, se constituye en paladín de ese combate y por otro tolera el ingreso de miles de toneladas de drogas y sustancias estupefacientes y sicotrópicas a su territorio, para satisfacer las demandas de sus 60 millones de consumidores y de paso incorporar a su economía millones y millones de narcodólares.

Por un lado Estados Unidos se declara líder del combate al narcotráfico del que se beneficia, y por otro, con sus informes, trata de calumniar y desprestigiar a países y gobiernos “indeseables”, a los que señala como permisivos del narcotráfico. Así, en reiteradas ocasiones ha tratado de inculpar al gobierno revolucionario de Cuba en el vil negocio del narcotráfico, pero tan alta es la moral de la Revolución Cubana que ni ellos mismo creen en sus infames e infundados “informes”.

Estados Unidos en su cinismo no conoce de principios éticos en las relaciones internacionales. Con el uso del chantaje, inclusive, interviene en las Naciones Unidas y otros Organismos mundiales y regionales para manipular hechos y acontecimientos o forjar situaciones y resoluciones. Si sus cabildeos o trampas no dan resultado deciden forjar documentos e informes para engañar, mentir y atemorizar a los Estados a nivel planetario y, en especial, a nivel latinoamericano.

A menudo acusa a los gobiernos latinoamericanos “indeseables”, de incapaces e ineficaces en la lucha antinarcóticos y, en el colmo de la audacia, hasta amenaza con sanciones o con la suspensión de sus “generosas ayudas”.

En el año 2009, como una demostración de su “eficaz lucha antinarcóticos”, diseñada por su famosa National Drug Control Strategy, se atrevió a pregonar que el gobierno de Venezuela del presidente Hugo Chávez, es incapaz o no desea controlar el narcotráfico e indicó que “Venezuela renuncia a cooperar con los Estados Unidos para mejorar los esfuerzos en el combate contra el narcotráfico”.

Llegó a afirmar que Venezuela es utilizada en calidad de lugar estratégico para la distribución de narcóticos que son transportados hacia Europa por diferentes rutas de África Oriental y a Estados Unidos por las rutas del Caribe. Chávez respondió con la expulsión de los agentes de la DEA. Lo lógico es preguntar: si los Estados Unidos tienen esa información por qué no hacen nada para detener el tráfico ilícito de narcóticos?

No hay país que se salve del ojo crítico de Estados Unidos y de su inmenso rabo de paja. De Bolivia que está gobernada por el “indeseable” Evo Morales, dijo que ese país ha abierto nuevas vías para la resistencia efectiva del control de quienes suministran y comercian drogas y añadió que Evo Morales ha dado un claro ejemplo de que su gobierno no está interesado en la cooperación profunda con los Estados Unidos en la esfera del control del tráfico de drogas. Morales anunció que pensaba expulsar a la DEA y a la USAID de Bolivia.

Paulatinamente el mundo va enterándose del trasfondo del millonario negocio de los narcóticos y comprende la hipocresía de Estados Unidos en tan delicado asunto. Mientras se autoproclama baluarte de la lucha antinarcóticos para, con ese pretexto, penetrar en América Latina, en todos los organismos nacionales y multilaterales, en partidos políticos, fuerzas armadas y policiales, en Afganistán se muestra impasible y complaciente.

En el fondo del problema, a Estados Unidos no le interesa la lucha frontal contra el narcotráfico a nivel mundial y tampoco le importa decidir que el verdadero peligro para la seguridad regional e internacional está en el execrable negocio del narcotráfico.

En el mes de diciembre de 2009, el periodista británico especializado en los problemas del narcotráfico internacional Richard Clark, escribía un importante reportaje intitulado “United States of América, chief kiping in tie Afghanistán heroin trade” en el que destacaba que en realidad, en Afganistán, la guerra se decide entre los grupos del crimen organizado y concluía que las fuerzas militares de Estados Unidos ayudan a una parte en su lucha contra la otra parte dedicada al mismo negocio.

“Si buscas al caudillo del comercio afgano de heroína, es a los Estados Unidos al que encontrarás” decía y añadía: “La misión americana se ha convertido en el paradigma de la mafia que envenena cada alianza militar y política en que entra Estados Unidos en connivencia con el régimen de marionetas de Kabul. En la realidad es una ocupación militar de gangsters, en la que los barones del narcotráfico ligados a Estados Unidos, deciden los puestos de jefes de las comisarías de policía y la ocupación de puestos clave en los controles fronterizos, mientras que sus adversarios en el negocio, se encuentran en las listas negras americanas que deben ser aniquilados o destruidos.

El resultado de esa política antinarcóticos de Estados Unidos, es que Afganistán se ha convertido en la más grande plantación de opio del mundo, materia prima esencial de la heroína que representa el 92% del comercio mundial de heroína”, concluía Clark en su destacado reportaje.

La denuncia de Clark se refuerza con la firme posición expresada por el diplomático canadiense Peter Dale Scott que en el año anterior publicó su análisis respecto del tráfico de heroína que fue difundido por : Global Research con el título: Afghanistán: Heorin Ravaged State en el que señala que la epidemia global del tráfico de heroína afgana no fue creado por Afganistán, sino por las fuerzas externas de ocupación militar; (léase: Estados Unidos y la OTAN), ante todo por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos -CIA-.

Sostuvo que después de la II Guerra Mundial, fue creada la CIA que, posteriormente, junto a la ausencia de resistencia de parte de los círculos dirigentes, se ha acostumbrado a utilizar a los mercaderes del narcotráfico en calidad de aliados para el desarrollo del lucrativo negocio del que son socios importantes. No hay ninguna base que permita pensar que la CIA ha renunciado a esta costumbre de traficar con narcóticos para su propio beneficio y para provecho del imperio. La consecuencia destructiva de esa práctica nociva, es la consolidación del narcotráfico a nivel global.


Se podría decir que los objetivos de la CIA y del imperio se alcanzan si se estudia las estadísticas que demuestra que la producción y consumo de drogas ilícitas a nivel planetario se incrementa. En suma, la política antinarcóticos de Estados Unidos es un monumental fracaso, o ¿acaso ese es el verdadero objetivo del imperio?

Es una realidad que las plantaciones de coca aumentan en Colombia. El narcotráfico se extiende por toda América Latina, desde México que sufre las criminales consecuencias de ese ilícito como lucrativo negocio que deja ya un saldo trágico de miles de muertos, hasta la Patagonia. En todas partes, Estados Unidos despliega tropas o instala o se apodera de base militares, dizque para luchar contra el narcotráfico que, gracias a los mismos Estados Unidos, se expande y se consolida. En palabras del diplomático canadiense Scott, se podría decir que la producción de narcóticos ha crecido en forma incontrolable en Birmania, Tailandia, Laos, Afganistán y Colombia, siempre con la presencia de tropas, diplomáticos y civiles estadounidenses.

Es importante conocer la información del diplomático Scott, cuando sostiene que con el apoyo directo de los servicios especiales estadounidenses, (CIA, DEA, Comunidad de Inteligencia) en el tráfico de la heroína afgana, el negocio está asegurado. Scott afirma que el desarrollo del narcotráfico se liga estrechamente a la ineficacia de las políticas y esfuerzos de los estadounidenses en la lucha contra el narcotráfico. Añadía que la destrucción de laboratorios fue siempre fue una salida evidente, como para ejemplificar su “eficaz combate”, pero siempre también, procuraba evitar causar daños irreparables al negocio.

Es indudable que los agentes de la CIA y de la DEA son socios del narcotráfico y del crimen organizado, o por lo menos mantienen estrechos enlaces de cooperación en el sucio negocio. Estados Unidos y la CIA se han hecho de la vista gorda en la producción de opio y heroína por parte de los parientes del Presidente de Afganistán, que es un títere puesto y protegido por Estados Unidos.

Así mismo, en América Latina, la CIA, DEA y hasta diplomáticos y militares de diverso rango han participado en el narcotráfico en sus diferentes etapas y niveles. Scott diría que altos funcionarios de la Casa Blanca persisten en mantener relaciones importantes con el narcotráfico tanto en América Latina como en Afganistán. Enfáticamente concluye que nadie debe esperar que el actual gobierno de Obama, ya sea en sus acciones o políticas, estén dirigidas a la lucha seria contra el narcotráfico.

El problema es de extrema gravedad porque ya se deduce la guerra global contra el narcotráfico será ganada por el crimen organizado, por la mafias asentadas en territorio estadounidense con sus múltiples brazos que se extienden hasta Afganistán, Extremo Oriente y América Latina.

Estados Unidos no quiere o no puede resolver el conflicto afgano o lucha contra el terrorismo internacional. En este campo, todas sus acciones bélicas se encaminan a dilatar el conflicto para justificar su presencia militar con sus aliados de la OTAN. En la realidad no ocurren los prometidos cambios socio-políticos al estilo de Washington, y al final de la sangrienta jornada, será Afganistán el que derrote al imperio, tal como ya ocurrió en Vietnam. Seguramente serán la CIA y la DEA, en calidad de agencias del imperio, las que protegerán y defenderán el írrito negocio de la heroína afgana y de la coca colombiana.

El imperio y sus agencias consolidan el narcotráfico a nivel planetario y América Latina se desangra a favor del negocio, para mayor gloria y beneficio de Washington. Desde el Río Bravo en el norte hasta la Tierra del Fuego en el Sur, el narcotráfico será uno de los dos principales riesgos en seguridad para Latinoamérica. “Cada uno de los países de la región soportará escándalos de corrupción institucional a todo nivel; el lavado de dinero y la vinculación de empleados en redes del narcotráfico serán las principales amenazas delincuenciales.

Como consecuencia del narcotráfico, Ecuador y Colombia, con las FARC de por medio, mantienen un conflicto no resuelto. Venezuela y Colombia desarrollan un conflicto con amenazas bélicas para alegría del imperio; Bolivia ve amenazada su economía por el narcotráfico y por el imperio, y por la adquisición de aviones y helicópteros militares; Brasil, Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay ven que se incrementa la pobreza en la misma medida en que crece la inseguridad generada por los narcotraficantes; en Centro América la inseguridad ciudadana, la inestabilidad política y el decrecimiento de la economía crecen al socaire de los negocios de las mafias; México se desangra por la acción criminal de los carteles del narcotráfico y de mafias mexicano-estadounidenses.

No se puede hablar del narcotráfico en América Latina, Afganistán y Asia, sin ubicarlo en el contexto actual de la globalización liderada por Estados Unidos. “Uno de los fenómenos surgidos a raíz de los procesos de globalización y que afecta a la economía, la política y seguridad nacionales e internacionales y a la sociedad en general lo constituye el "delito global, la interconexión de poderosas organizaciones criminales y sus asociados en actividades conjuntas por todo el planeta".

La red de vínculos forjada entre las bandas criminales organizadas o mafias en diferentes partes del mundo constituye un aspecto novedoso e importante en la economía política internacional. Según estimaciones de Naciones Unidas, los "sindicatos organizados del crimen" ingresan 1,5 billones de dólares por año, cifra con la que prácticamente se podría cancelar la deuda externa mundial, expresaba el analista Marulanda.

¿Quién está detrás de tan fabuloso negocio? Estados Unidos y sus criminales agencias, mientras nuestros pueblos se desangran y mueren en medio de la pobreza-miseria, de la insalubridad, la carencia de obras de infraestructura, el analfabetismo, la violencia criminal, la inseguridad que nacen y crecen a la sombra de empresa ilegales y carteles del narcotráfico, según numerosa pruebas, protegidos por Estados Unidos.
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