viernes, 3 de diciembre de 2010

Colombia:Con el agua y la guerra hasta el cuello


Más de la mitad de los 1.120 municipios del país están afectados por las intensas lluvias. Esta ola invernal ha dejado a cientos de familias sin techo, sin vivienda, sin tierra donde cultivar y sin escuelas. Sumado a esto, son muchas las ciudades que por falta de un buen alcantarillado están bajo el agua.

Muchos colombianos debido al “fenómeno de la niña” están perdiendo sus viviendas y pertenencias que por muchos años de arduo trabajo lograron conseguir. Hoy se ven solos, durmiendo a la intemperie en ciudades, municipios y zonas rurales. Algunos afrontan esta situación por primera vez, otros tienen que soportarla año tras año sin que puedan vislumbrar una solución definitiva a su problema.

¿Será el fenómeno de la niña? Eso es lo que reiteran una y otra vez los medios masivos. Tal vez en algunos meses la culpa sea del fenómeno del niño o de otro fenómeno natural. Nos dicen que es la naturaleza la culpable de los desastres. Al contrario, es la Madre Tierra la que está enferma por culpa del
modelo que la destruye para beneficio de unos pocos codiciosos. La tierra está en desequilibrio por culpa de los monocultivos, de la explotación de recursos a gran escala, de la contaminación del agua y de los bosques, por los mega-proyectos y la industrialización que arrasan, desplazan y asesinan.

Pero hay que darle su cuota a las actuales leyes del país (código minero, plan departamental de aguas, etc.), que de la mano de las Corporaciones Autónomas Regionales no cumplieron con su papel de proteger el medio ambiente. Por el contrario, se convirtieron en espacios politiqueros y permeados por grupos armados que autorizaron la exploración y la explotación de los recursos no renovables del país.

Son más de 223 las personas desaparecidas y más de 161 los muertos por causa de la ola invernal. ¿A dónde van a parar un millón trescientos cincuenta y tres mil damnificados, si lo perdieron casi todo? Posiblemente se sumarán a los millones de desplazados que hay en la actualidad en Colombia. El gobierno, además de convocar a la solidaridad para auxiliar a la población afectada, debería promover verdaderas políticas que le den prioridad a las víctimas y no al negocio de la guerra.

Sumado a esto se intensifican los hostigamientos en todo el país. En Nariño, la guerra por el control del territorio Awa no da tregua. En Timbiquí, costa pacífica, las balas siguen causando terror en la población. En el municipio de Toribio, al norte del cauca, una comunera resultó muerta y varios resultaron heridos incluidos debido a las confrontaciones entre las FARC y el ejército.

Este es el triste escenario del pueblo colombiano: se desplaza porque está con el agua hasta el cuello o lo hace porque las balas lo obligan a abandonar su territorio. Aunque parecen hechos aislados, a fin de cuentas se logra el objetivo principal de quienes se enriquecen con el dolor de la gente: tener territorios despojados para ser ocupados por grandes empresas de explotación de recursos.

Así como lo señala el investigador y periodista Alfredo Molano, quien denunció que en el país hay cerca de 209.631 hectáreas de reserva natural en las cuales se realiza explotación minera que genera un fuerte impacto a los ecosistemas. “Son alrededor de 633 títulos mineros que se han entregado en estas zonas y no es clara la normatividad al respecto, no se entiende cómo son asignados”, dice Molano.

Mientras sigan lloviendo permisos y concesiones de explotación que sólo favorecen al capital transnacional, mientras continúe el país inundado de congresistas que a pupitrazos intentan aprobar leyes que favorecen a las grandes corporaciones extranjeras, mientras no se detenga el diluvio de balas sobre los campos que siembran vida, mientras sigamos permitiendo todo esto, seguirá la horrible noche para todos quienes habitamos este país.

A pesar de todas estas tormentas, hay la necesidad de continuar trabajando juntos. Así como lo han comenzado a hacer los pequeños productores y comercializadores de leche del país que se han unido en contra de las políticas implementadas contra este sector. Así como lo hemos dicho en muchas ocasiones: solos no podemos. Por eso es urgente unirnos para acabar de una vez por todas la tormenta que aqueja este país para ver salir el sol. Un sol para un país posible y necesario.
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