domingo, 2 de octubre de 2011

Dos hitos del cambio egipcio

La aparición del Movimiento 6 de Abril y el asesinato de Khaled Said Eduardo Febbro desdeabajo.info
Entre El Cairo y Alejandría hay la distancia de la historia: espacio y tiempo, 2008, 2010, dos fechas que desembocaron en la revolución de 2011 en la plaza Tahrir y, hoy, en el enjambre de vida y proyectos y principios que, a pesar de todos los esfuerzos de la junta militar en el poder por hurtar los ideales de la revolución, se encarnó en decenas de comités revolucionarios, partidos políticos nuevos, grupos laicos, comités populares y movimientos de jóvenes que pasaron del espacio virtual de Internet a la acción en la calle. Pero la historia empezó en la pantalla, en 2008, cuando un joven estudiante,
 Ahmad Maher, decidió lanzar el Movimiento 6 de Abril a través de Facebook en apoyo a la huelga general de los obreros del algodón de Mahala el Kubra, una de las grandes ciudades industriales situadas en el delta del Nilo. Exito inmediato en un país con 17 millones de personas conectadas a Internet (20 por ciento de la población) que siguieron la consigna de Ahmad Maher: “Hacer de Egipto un país digno y construir el zócalo de un gobierno democrático”.

El auto atraviesa la región de Ouadi Natroun en dirección de Alejandría. Allí se jugó la segunda etapa, en 2010. Khaled Said, un bloguero de Alejandría, fue asesinado a golpes en plena calle por dos policías. Khaled tenía 28 años y había difundido en Internet un video donde se veía a dos policías repartiéndose la droga que acababan de recuperar. Khaled Said se volvió el símbolo de quienes, hoy aún, mueven la sociedad hacia el cambio. Khaled Said fue arrestado en un cibercafé, murió en la calle pero resucitó en la red, otra vez en Facebook. Su página reunió medio millón de personas y suscitó decenas de miles de adhesiones bajo el mismo emblema: “Todos somos Khaled Said”. “Fuimos y todavía somos. Sin el Movimiento 6 de Abril y el asesinato de Khaled Said la revolución de la plaza Tahrir no hubiese tenido lugar.

Llegamos hasta aquí con la fuerza de ambos y no nos detendremos hasta que Egipto tenga una democracia limpia, no violenta, respetuosa de la ley, incorruptible, liberada del jugo capitalista”, afirma Omar Hossein, un miembro de los comités populares que se crearon en el país al mismo tiempo que la revuelta de la plaza Tahrir. Algo nuevo, inédito en Egipto, casi único en el mundo por su carácter autogestionario. Los comités populares, “Lagna Shaabeyya”, hacen todo: controlan a la policía, velan por los valores de la revolución, protestan por la suciedad, limpian las calles, presionan a los gobernadores, denuncian la corrupción, organizan los barrios y toman a cargo todas las tareas donde el Estado es inoperante. Auto- organización popular pura, sin mediadores.

Imbaba es un suburbio del Norte de El Cairo, al Este del Nilo, en la gobernación de Giza donde están las grandes pirámides de Kheops, Kheprén, Mykeninos y el Fénix. El gobernador de Giza casi se quemó las alas. Ihab Ali, el coordinador del Comité Popular de Imbaba, lanzó una campaña popular para que las autoridades recolectaran la basura de esta localidad donde viven un millón y medio de personas. Los desechos estaban en la calle porque el presupuesto para juntar la basura se queda en los bolsillos de los funcionarios. Ihab Ali muestra el resultado de la campaña: “En una semana el gobernador nos limpió la basura. La gente perdió el miedo, ya no teme reclamar por sus derechos, no se siente sola como antes sino en una dinámica de colectividad”.

Acción social directa, de una eficacia tan acertada como un estudio de mercado. En total, hoy hay poco más de 30 comités populares en el país que funcionan con el mismo principio: la autogestión barrial, la resolución de los problemas de barrido y limpieza, la luz, el agua potable, la salud, la educación, el transporte, la seguridad. Los comités repiten un mensaje sin fin: “Tenemos que lograr que la gente sepa que tiene derechos, que los puede usar”, dice Ihab Ali. La demostración de sus palabras está en un afiche de una campaña reciente: “Tus derechos no vendrán hacia ti, ¡tómalos!”.

Los militantes de los comités son jóvenes, a menudo oriundos de la izquierda radical, a la que apoyan de cara a las próximas elecciones. Son ellos quienes, junto al Movimiento 6 de Abril, orquestaron una pesquisa nacional para denunciar a los candidatos del PND, el Partido Nacional Democrático del depuesto presidente Hosni Mubarak. Muchos de los miembros de ese partido se pusieron una máscara con la intención de presentarse a las elecciones legislativas de noviembre, pero bajo otras listas. “Vigilamos con lupa para que el proceso democrático no vuelva a tener los mismos protagonistas de la dictadura”, explica Tarik Khouli, uno de los dirigentes del Movimiento 6 de Abril.

Junto a los comités populares y a los partidos tradicionales de izquierda como el Hizb al Tagammo o de centro como Hizb al Adl, han ido surgiendo formaciones de izquierda socialista y de izquierda anarquista y radical. El Partido Social Demócrata se creó con la revolución de la plaza Tahrir y en mayo pasado surgió el Movimiento Socialista Libertario (MSL), cuya ambición consiste en atraer los votos de la izquierda oficial y aunar a la izquierda anticapitalista.

Pero la base de acción son los comités populares. Esos órganos no hacen política, sino que se ocupan de la gente, recorren los bares en una suerte de elocuente función pedagógica para explicarla a la gente que sí, que tiene derechos, que vivir no es sólo callarse la boca, que al agua, la seguridad o la educación las administra el Estado y que es a él al que hay que sitiar.

 El comité popular del barrio de Hadayeq el Cuba, al Este de El Cairo, dedicó varias semanas a explicarles a los ciudadanos qué era un islamista, qué es el liberalismo, la socialdemocracia o la economía de mercado. Una perla de conciencia y lazo social. La transición egipcia tiene dos pisos: el de arriba, donde se juegan las transacciones y las alianzas entre los partidos, y el de la calle, aquí mismo en los pueblos entre Alejandría y El Cairo, en Imbaba, suburbio despejado de la basura que lo inundaba sin que un solo partido político se atreviera a husmear en las calles. Lo limpió el gobierno popular.