jueves, 2 de agosto de 2012

Colombia:Respuesta de las FARC a los indígenas del Cauca


foto Oscar Paciencia: quema de armas secuestrada a la guerrilla
RESPUESTA de Timoleòn Joménez, a la Asociaciòn de Cabildos Indígenas del Cauca (ACIN)
25/07/2012  
Compañeros: 
ASOCIACIÓN DE CABILDOS INDÍGENAS CXHAB WALA KIWE(DEL NORTE DEL CAUCA) 
Apreciados compatriotas: 
He tenido conocimiento de la comunicación recientemente dirigida por Ustedes, la cual cuidé de leer con sumo respeto y atención. Con la misma claridad y franqueza con que su Asociación expresa su pensamientoy propósitos, procedo a responder sus inquietudes en mi condición de Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP, organización que como       versione in italiano QUI

 ustedes conocen, nació en 1964 a la vida política colombiana como expresión de la resistencia 
popular a la guerra, y se acerca a cumplir cincuenta años de lucha indeclinable por la paz. 
Que ustedes expresen con tanto fervor su anhelo por la paz, confirma nuestra convicción de 
que las grandes mayorías colombianas claman en las cuatro esquinas del país por ese 
preciado bien. La guerra civil colombiana no ha sido una decisión del pueblo de este país, sino 
una imposición de sus clases pudientes dominantes. Es natural que el pueblo que la sufre la 
rechace con ahínco. Nosotros somos los primeros. Por eso la combatimos en todas las formas 
posibles.

Es un hecho reconocido por numerosos estudiosos de la realidad colombiana, que la guerra en 
nuestro país responde a un modelo de acumulación de capital. El despojo de la propiedad rural 
y su concentración en cada vez más pocas manos, ha coincidido de manera asombrosa con 
las sucesivas agresiones contra las zonas agrarias por parte de las fuerzas oficiales y 
paraoficiales. Pretextos para ellas nunca han faltado. Las FARC no estamos integradas por 
soldados pagos ni conscriptos, sino por gente sencilla del pueblo de Colombia que se ha 
levantado a la resistencia. Campesinos, indígenas, negros y mestizos que decidimos enfrentar 
con las armas la agresión. 



Es absolutamente cierto que el despojo contra los indígenas americanos lleva más de cinco 
siglos. Razón de más para luchar por su justa reivindicación. Compartimos completamente 
todas las aspiraciones de las comunidades  indígenas y de hecho las estamos apoyando al 
riesgo de nuestra propia vida. Pero la fuerza de los hechos históricos impone también que los 
indígenas no son las únicas comunidades violentadas y perseguidas en Colombia. 


A veces parece desprenderse de sus sinceras alegaciones, que las comunidades indígenas 
sólo miran por ellas mismas, desconociendo la suerte de los demás desposeídos y 
perseguidos de Colombia, que suman por lo menos treinta millones de compatriotas. El grave 
conflicto colombiano no puede ser solucionado sólo para las comunidades indígenas, 
simplemente porque ustedes hacen parte de Colombia, habitan en territorios codiciados por los mismos terratenientes e inversionistas que despojan a colonos, mineros, trabajadores y demás sectores explotados. 


Con todo el respeto y la consideración que merecen, me permito expresarles que no es 
aislándose del resto de colombianos que claman fervientemente por la paz y la justicia social, 
como van a lograr conquistar sus viejos  anhelos. El Ejército colombiano no sólo ocupa 
resguardos indígenas, sino que cumple su labor predadora por todo el territorio nacional. Su 
misión es prestar seguridad a inversionistas,  empresarios y terratenientes nacionales o del extranjero, al precio de aplastar cualquier oposición al modelo de saqueo y empobrecimiento 
que defienden. 


Nosotros no sólo creemos que el Ejército  debe salir de las comunidades indígenas, sino de 
todo el campo colombiano. Su misión natural  es guarnecer las fronteras en defensa de la 
soberanía nacional, pero las clases dominantes lo han convertido en una máquina al servicio 
de poderosos intereses extranjeros, dirigida directamente por generales norteamericanos. 
El reconocimiento de la autonomía y la autoridad de las comunidades indígenas no nos hace 
ciegos ante la suma de intereses que llegan a ellas. Si los conquistadores españoles se 
valieron de la Iglesia, los halagos personales y hasta de la  corrupción de muchos caciques 
como mecanismos de avanzada para su presencia expoliadora, sabemos que igual sucede 
hoy con diversas organizaciones de rostro humanitario, benefactor o clientelista. Fenómenos 
así minan la credibilidad de muchos liderazgos en la propia base indígena y descomponen su 
organización.

Sentimos sincero respeto por  su oposición al empleo de la  violencia como mecanismo de 
lucha. En una humanidad civilizada, ajena a los intereses de clase, seguramente que tal 
pretensión será generalizada. Por eso luchamos. Pero no es menos cierto que las realidades 
de Colombia, gobernada secularmente por una casta violenta y agresora, terminaron por 
producir la respuesta digna de los de abajo. Y esa también es una forma respetable de lucha, 
que no puede ser condenada por principio sin  borrar de un plumazo la historia y rozar los Como se infiere de su aspiración de poder desarrollar un proyecto de vida, sin que cambien las 
condiciones económicas, políticas, sociales y culturales que dominan el resto del país. El 
problema de ustedes no puede ser examinado a la simple luz de la no presencia del Ejército o 
la guerrilla en los resguardos, porque como dice Santos, el Ejército jamás va a abandonar sus 
bases. Porque su presencia encarna un modelo  de dominación nacional, continental, de 
aspiraciones mundiales. Lo que hay que derrotar es ese modelo, y para ello hay que comenzar por el cambio del régimen. 


Esa es nuestra lucha y la de millones de colombianos que estamos seguros los apoyan en 
este momento, los cuales verían fortalecidas sus aspiraciones si ustedes también apoyaran 
sus reivindicaciones. El asunto en la hora es unir fuerzas, no separarlas. 
Las guerras son cruentas, más las que enfrentan a los pueblos con regímenes terroristas al 
servicio de potencias imperiales. Toda la maquinaria militar, económica, ideológica y política es puesta en juego por estos últimos en aras de su victoria. Ella incluye la propaganda negra, los infundios y provocaciones más groseras. Nosotros más que nadie somos víctimas de todo eso junto. 


Si a nuestra gente llegan muchachos indígenas sanos, desesperados por la miseria en que 
crecieron, ansiosos por luchar para mejorar la suerte de su pueblo, no los rechazamos. No 
podemos, así es la lucha. Igual sucede con campesinos, mineros, obreros, estudiantes y toda 
la juventud colombiana que decide unirse a la lucha. Las normas del Derecho Humanitario que ustedes citan prohíben ubicar bases y cuarteles de guerra en medio de la población. Nosotros jamás lo hacemos, ustedes saben que la tropa sí, y de manera permanente y dolosa. 
Ustedes exigen que no empleemos nuestras armas con riesgo para la población civil. 


Nosotros somos población civil a la que la violencia estatal y paramilitar obligó a alzarse. Jamás podríamos tener en la mente la idea de afectar gente inocente. En eso compartimos por completo su reclamo con plena disposición  a evitar que ocurra. ¿Pero qué hacer con las 3
fuerzas terroristas de ocupación? Consideramos válidos y legítimos los heroicos esfuerzos que 
ustedes cumplen hoy. 


Si en Colombia cesan las operaciones militares, los bombardeos y ametrallamientos, los 
desplazamientos forzados, el despojo de la tierra, los crímenes contra el pueblo y la  
impunidad, con toda seguridad que no  tendrá sentido la existencia de las guerrillas. Si el 
Ejército, la Policía y los paramilitares salen del Cauca, si termina su guerra contra indígenas, 
campesinos, mineros y pueblo en general, nosotros no tendremos problemas para salir 
también. 


En toda Colombia crece un ruidoso clamor por la paz.  Por una salida política a la 
confrontación. Esa ha sido entre todas la más vieja de nuestras banderas. Es el régimen el que jamás se ha aprestado a poner fin a su predilección por la violencia. Es a él al que hay que 
obligar a abrir un diálogo. Ustedes, que hoy más que nunca sufren el estilo característico de 
responder en Colombia a las aspiraciones de paz, son bienvenidos sin duda al trabajo por ella. 
Con su presencia combativa estaremos mucho más cerca de ella. 
Reciban todos mi afectuoso abrazo, que es el  de todas las FARC-EP, el de todo el pueblo 
colombiano que los admira, aplaude y respalda. 
Timoleón Jiménez, 
Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia, 20 de Julio de 2012. 

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