martes, 27 de julio de 2010

CUBA ¿UN FÓSIL PREHISTÓRICO? (parte 1)

W. Lam
Methol Ferré
http://www.metholferre.com/

El esquema histórico

El Caribe ha sido la puerta de todos los poderes hacia América Latina. Primero para su formación, luego para disputar las hegemonías. Por eso se le ha llamado la "frontera imperial" de América Latina. Por allí penetraron España, Holanda, Francia, Inglaterra, Estados Unidos y la URSS. Las Antillas mayores y menores han sido la "frontera débil" de América Latina y, a la vez, las islas estratégicas, tanto para el ataque como para la defensa.

Las islas tienden de suyo a ser sociedades unificadas pero, si no son grandes islas, forman pequeños Estados, de escaso poderío. Así, el Caribe muestra una extraordinaria fragmentación de pequeños poderes. Por cierto, en el Caribe no pudo nunca, ni podrá, surgir ningún gran Estado. El "poder", en el Caribe, ha sido siempre extra-caribeño. Este es el primer dato histórico.


El Caribe nació como ruta de los dos centros de riqueza del Imperio hispánico de las Indias, México y Perú. Luego alcanzó cierta consistencia propia: el monocultivo azucarero fue su riqueza y su miseria, la esclavitud y la trata de negros. El azúcar fue una de las "drogas" más preciadas para Occidente.

Jamaica, Haití y Cuba le deben en su mayor medida lo que son, pues allí estuvo el mayor apogeo de la producción de azúcar -dejemos fuera al Brasil, donde las posibilidades han sido y son muy otras-.

La consistencia económica en las Antillas era también su inconsistencia: mono-economías de exportación, de escaso mercado interno. Sin el apoyo o sostén en grandes mercados internos no hay poderes consistentes en la historia. Hace unos años, un obispo dominicano muy inteligente me decía: "Nuestro drama son los límites de nuestra fuerza. Somos "economías de postre": cacao, azúcar, bananas, café, ron, habanos y ahora turismo". Lo de "economías de postre" quería subrayar que eran fácilmente prescindibles y sustituibles. Este es el segundo dato histórico.


El tercer dato histórico es el cambio en la geopolítica mundial y los nuevos sistemas de comunicaciones, que dejan al Caribe y sus Antillas desprovistas de valor estratégico fundamental. Ya no son más puerta necesaria de acceso o de control para nadie. Por un lado, la URSS se ha disuelto, por otro lado, el único gran poder latinoamericano se apresta a integrar con Estados Unidos y Canadá un mercado común.

El cambio de escenario es tan gigantesco en estos últimos tres años, que hace que la isla de Cuba tenga hoy un valor estratégico menor. De punta de lanza candente de la URSS, al disolverse ésta, queda súbitamente convertida -desde el punto de vista geopolítico- en un fósil prehistórico. Anterior a la época actual, ya de modo sideral. Y eso, tenga Cuba el régimen "interno" que fuere. Si no se adapta a las nuevas condiciones, simplemente se suicida. No adaptarse de algún modo es suicidarse. Siempre hay varios caminos posibles.


Si una élite política quiere suicidarse, allá ella, pero que no pretenda llevar a su pueblo al holocausto gratuito. De lo sublime a lo ridículo hay un paso. Pero se vuelve incalificable si ese paso es sangriento y destructor de un pueblo. Es tarea de políticos responsables evitar justamente esa atroz y grotesca sangre ridícula.


¿Qué no es el fin de la historia que queríamos? Hace milenios que la sabiduría de los pueblos sabe que el hombre no es el supremo Dios de la Historia. Ay de los soberbios. Su final no es el más digno sino, por el contrario, se vuelve más indigno al hacerse contradictorio con su pueblo, con la vida de su pueblo. Pero terminemos este recuento-reflexión histórica.


Cuba fue el trampolín de la conquista de México. La Habana fue puerto y fortaleza de las flotas españolas, codiciada por sus enemigos. Pero la sociedad en Cuba tardó mucho en desarrollarse. Todo comenzó a partir de la primera revolución independentista de Haití, en la última década del siglo XVIII.

La rebelión de los esclavos en Haití dejó a este país aislado, con su producción destruida y sin conexiones exteriores. Quedó desde entonces libre, atrasado y marginado. No pudo o no supo reinsertarse en el nuevo contexto histórico del siglo XIX. Es lo que aprovechó Cuba para suplantarlo, con una "modernización esclavista".

Desde 1790 nace la "sacarocracia" cubana, y la diminuta sociedad criolla se vuelve minoritaria con el alud de esclavos negros. Es el trágico comienzo de la gestación del pueblo cubano actual. Este es el nacimiento auténtico de la Cuba contemporánea. Diferente al resto de América Latina, que en aquellos tiempos realizaba múltiples "independencias". En su paradojal "despegue", Cuba no necesitaba la "independencia".


Primero tuvo el aporte del subsidio mexicano, luego contó sin dificultades con el libre comercio. Estados Unidos, proyectándose sobre América Latina, quiso comprar la isla varias veces a España. Su último intento fue previo a la guerra de 1898. En realidad, Cuba quedó con España, porque Estados Unidos e Inglaterra se neutralizaron mutuamente, hasta que a fines del siglo XIX. Hasta que Inglaterra dejó vía libre tanto en las Antillas como en el canal transoceánico.


Bolívar y el mexicano Lucas Alamán quisieron preparar una expedición libertadora de Cuba. Estados Unidos se opuso. México y Bolívar se vieron arrastrados por la anarquía, y Cuba estaba relativamente indiferente en su "despegue". Pero la economía de Cuba fue ligándose de más en más, en todo el siglo XIX, al emergente poder de Estados Unidos, como su mercado esencial desde que Europa fue desarrollando el sustituto proteccionista azucarero de la remolacha. Y España fue tornándose, de más en más, superflua, aunque abasteciendo a Cuba con una creciente emigración, de la que nacerán Martí y Fidel Castro.

En 1895 el 85% de las exportaciones de Cuba iban hacia Estados Unidos. Luego de la independencia, las inversiones norteamericanas en los ingenios azucareros, y en la trama bancaria y comercial, se hicieron totalmente dominantes. Una gravitación irresistible.


Cuba nace a la independencia bajo el protectorado de la Enmienda Platt, que jurídicamente fue abolida en 1934 como resultado de las primeras grandes agitaciones democráticas y nacionalistas en Cuba, y de la Conferencia Panamericana de Montevideo, con su afirmación del Principio de No Intervención. Y, además, con el comienzo de la Política de Buena Vecindad de Franklin Delano Roosevelt.
(continuará)
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