lunes, 6 de diciembre de 2010

Estados Unidos:Habla, memoria


Wikileaks: estamos presenciando los inicios de un golpe de estado o los intentos desesperados de evitarlo. No es una la lucha entre varias centrales de inteligencia, es una guerra por la supervivencia de la democracia Daniel Estulin www.danielestulin.com
Para muchos la palabra “fascista” tiene una connotación genéricamente peyorativa, un epíteto que expresa un juicio moral más que una descripción. Nos hemos acostumbrado tanto a usarla en ese contexto que ni siquiera paramos en pensar en ello. Pero deberíamos, porque el término “fascista” en este sentido fue acuñado específicamente por el revolucionario Leon Trotsky para identificar a todos sus rivales, Stalin incluido, con Hitler y Mussolini- y con “la derecha”.
Uno de los privilegios de la realeza es que no tienen que ser discretos (sutil). Todo poder político es ante todo una ilusión. Por muy hábil o brillante que sea uno en su ejercicio, al fin y al cabo la política es una labor pasiva. El arte del humo y espejo no es fraudulento. Más bien, es como la vida misma: en política, la vida se concentra en un número reducido de personas que pasan un breve periodo de tiempo en un círculo con un radio limitado. Enterarse de lo que pasa de verdad en Washington suele suceder sólo mucho después de que haya ocurrido. Si bien porque tantos departamentos del gobierno operan bajo un sigilo legalizado o porque la difusión de  noticias es un negocio
o porque los ciudadanos bastante tienen con conseguir llegar al fin de mes, el caso es que sólo se ve la magnitud de ciertas catástrofes como la guerra, averías tecnológicas, apagones y ruina económica a toro pasado, cuando los restos ya están desparramados por el campo.

Cuando estalló el escándalo de Níger (falsificación de documentos de estado por parte de Bush y Co.), la administración Bush se esforzó en echarle toda la culpa a la CIA, a pesar de que la CIA, y todo el personal de los servicios de inteligencia, habían sido marginadas por la Oficina de Planes Especiales de Donald Rumsfeld (OSP en inglés). La OSP y su perro faldero favorito, el iraquí Ahmad Chalabi, se convirtieron en la fuente de toda la información acerca de la capacidad armamentística de Irak y varias personas involucradas en los servicios de espionaje han señalizado públicamente a ese grupo como culpable de que hubiera tantos datos erróneos sobre Irak. Después de usurpar totalmente a la CIA y fiarse exclusivamente de la información fabricada por la Oficina de Planes Especiales, resultó tan descabellado como cómico que la administración Bush pretendía que la CIA cargase con el muerto,  justo en cuando se veía que dicha información de la OPE era falsa. 
Sin embargo eso es lo que ha hecho. La frase de George Tenet, por aquel entonces director de la CIA- “nunca dijimos que había (en Irak) una amenaza inminente”- no es ni más ni menos que la CIA defendiéndose, lo cual da legitimidad a la advertencia muchas veces repetida que uno no le echa la culpa a la CIA sin sufrir las consecuencias.
Con hechos históricos como telón del fondo, hay que tener en cuenta que Tenet era quizás el único Demócrata que había sobrevivido por aquel entonces en la administración Bush, y para conseguirlo ha tragado mucho y les ha hecho demasiado la pelota. Esto no ha hecho más que enfurecer a los profesionales del espionaje, tanto en activo como retirados, que le habían dado un ultimátum de defenderles a ellos y la organización o apartarse de su camino. Casi sin excepción, los miembros de la CIA son personas que aman profundamente a su país y que no están ahí por el amor al arte. Se dan cuenta de lo que está pasando en realidad y ven con horror e incluso temor la caída en espiral en la que está su país.
Con las últimas filtraciones de WikiLeaks, los trapos sucios de la CIA y la guerra no declarada entre varias agencias estadounidenses saldrán a la luz. Creo que la gente que sabe lo mal que en verdad están las cosas (en términos militares) está empezando a decir BASTA. A mi entender, estamos presenciando los inicios de un golpe de estado- o los intentos desesperados de evitarlo. Esta pelea no es simplemente la lucha por la CIA como institución- es una guerra abierta por la supervivencia de la democracia en los Estados Unidos frente a una emergente amenaza fascista.
La mayoría de la gente no tiene mucha idea de lo que es un golpe fascista, cómo se manifiesta y cómo poco a poco una gran democracia puede verse arrollada en un período de tiempo relativamente corto. En Alemania, la democracia no se perdió de repente a manos de unos cerebros que tenían todo pensado de antemano y simplemente llevaron su programa a lo largo de 12 años.
Fue un proceso paulatino. Un proceso que podía haberse detenido en muchas ocasiones. Un proceso dialéctico de cabo a rabo, en el cual unos acontecimientos externos y orquestados se combinaron con una agenda política interior brutal, radical y un tanto difusa, hasta que el único elemento que quedaba para parar la locura, el cuerpo de oficiales del Wehrmacht, vio tan restringido su poder que no pudo hacer nada al respeto. Había sido marginado en favor de una organización militar rival, la Waffen SS, y ya no fue posible un golpe militar eficaz contra Hitler.
Por un instante pongamos por caso que el desmantelamiento de los pilares sociales de Roosevelt que vemos hoy, (después de la puesta en marcha de innumerables señas de identidad del fascismo) pudiera ser el indicador definitivo de un golpe fascista en EEUU, que ha cobrado tanta velocidad ya que no puede detenerse. Si fuera así, ¿qué clase de élite e instituciones tendrían la información necesaria para conocer el alcance total del paso firme hacia el fascismo y ser lo suficientemente influyente por tamaño y estructura como para hacer algo al respecto?
Dado este escenario, Creo que, en este supuesto, tan sólo quedaría la CIA y los mandos militares de los Estados Unidos para ese papel. Los dos tienen suficiente capacidad para acumular datos como para intuir los malos presagios. A menos que la CIA y los mandos militares no reaccionen, ambas instituciones perderán su importancia en breve, el ejército está siendo sometido a numerosas presiones para su reestructuración; cada vez más la CIA se verá sustituida por organizaciones del Pentágono. Además, y a menudo con la complicidad del esclavo, los medios de comunicación estadounidenses, que se han convertido en expertos de la autocensura y sumamente hábiles a la hora de rendir pleitesía a sus amos, han quedado castrados. La honestidad y los principios ya no resultan ventajosos. El beneficio material es lo que importa.
Según el Ministro de Propaganda Nazi Goebbels, “no hace falta controlar todo en seguida, sino la mayor parte de cada institución pudiera ser un adversario”, tales como los medios de comunicación, los funcionarios, el ejército, la guardia nacional, las grandes empresas, el sector energético, etc. El cinismo, la arrogancia y la brutalidad con que los Nazis abordaron la cuestión judía no fue una fuerza disuasoria suficiente para atemorizar la comunidad judía alemán.
Al contrario de lo que muchos creen, la mayoría de los judíos alemanes se quedaron en Alemania, aún después de ‘la noche de los cristales rotos’, hasta que fueron transportados de noche a trabajar en centros de trabajo, también conocidos como campos de concentración. La politización de la inteligencia en la América de hoy tiene un paralelo horroroso con el hecho de que los Nazis llegaran al poder en 1933 con apenas el 33% de los votos, y con unas consecuencias bastante negativas: 
Oportunamente, el Reichstag se queda reducido a cenizas- un comunista invidente, lisiado, judío holandés y con tuberculosis en los ojos es acusado y declarado culpable y a la sazón el partido comunista es ilegalizado, y así los Nazis se conviertan en la fracción más grande del país; implantan leyes sobre “la seguridad nacional” y atosigan y atemorizan a los demás partidos democráticos; los Nazis consiguen reorganizar el gobierno más a su gusto; en España Franco consigue que el ejército alemán le ayude a eliminar el problema comunista que él tiene entre manos; Austria y Checoslovaquia consiguen la ayuda del ejército alemán para ayudarles a eliminar el problema de no proteger los intereses alemanes de manera adecuada por la vía de la anexión; las últimas elecciones de 1938 son amañadas y los Nazis ganan con una “gran mayoría”; la vida de un Reich planificado para que durase 1000 años sólo se corta en 1945 a través de la intervención externa masiva.
¿Puede ocurrir esto ahí, en EEUU, la primera democracia mundial? 
Una de las cosas más alarmantes que ha distinguido a esta administración de sus antecesores, incluyendo las administraciones de Nixon, Reagan y George W. Bush, es hasta qué punto los profesionales y veteranos burócratas de carrera, a quienes les ha sido inculcado un fuerte, casi fanático sentido de la imparcialidad, han sido reemplazados sin más y sin tener en cuenta el bien de la nación, por personas con fuertes creencias ideológicas. Ésta, más que el asco provocado por ciertas decisiones sobre Irak, es la razón principal de la sucesión de dimisiones sobre todo en el Departamento de Estado, el Pentágono, los Servicios de Inteligencia y en casi todos los demás departamentos del gobierno. Todo esto forma parte de lo que se dice en referencia a la Casa Blanca como la asombrosa sustitución de la política por la estrategia.
Una dictadura americana ha impuesto a una población crédula un gobierno único, global y totalitario, una moneda única global y una religión sincrética universal que combina la pompa quasi-católica con la retórica New Age. No puedo sino preguntarme qué pasara si Goebbels y compañía volvieran disfrazados de predicadores radicales de la extrema derecha.
Los personajes políticos y culturales de la oposición alemana en los años 30 a menudo lamentaban el hecho de que podrían haber parado el avance de los Nazis si hubieran estado más unidos en un frente común cuando aún tuvieron la oportunidad de expresarse. Sin embargo cayeron presas de la manipulación mediática de Goebbels y se pelearon entre sí más que contra la amenaza de la extrema derecha. Los americanos también tuvieron una oportunidad temprana de frenar un régimen fuera de control y anticonstitucional, con un Sr. Karl Rove-Rasputín al frente. Dicha oportunidad se dio casi por perdida tras el 11 de septiembre.
Un oficial del Departamento del Estado dijo mordazmente a un periodista este año, refiriéndose al dominio de los frikis acólitos de Guerra Total que le rodean a Obama en el gobierno que: “Yo me despierto por la mañana y me digo a mí mismo ‘ha habido un golpe militar’. Y entonces todo tiene sentido.”
Habla, memoria Tea Party MovementEl extremismo “influyente” de la derecha en EEUU a través de los nuevos elegidos de Tea Party y compañía, se está haciendo más numeroso y politizado- especialmente en cuanto a la política exterior- y más poderosa que nunca. Esta transformación es tanto cultural como política, o más bien es intrínsecamente ambas cosas a la vez. Aquellos de nosotros que nos preocupemos profundamente por el futuro de la política, la nacional y la internacional, no podemos permitirnos el lujo de ignorar el hecho de que la rama política más rancia ya no es simplemente una sub-cultura. Se está convirtiendo rápidamente en una- o quizás la- fuerza dominante en la vida americana.
Si la democracia es el gobierno del pueblo, entonces las agendas secretas gubernamentales y las siniestras camarillas de tráfico de influencias son incompatibles con la democracia. El pueblo no puede decidir sobre algo que desconoce, o que les es ocultado. La sola idea de unas esferas clandestinas de influencia dentro del gobierno que promueven campañas secretas es por lo tanto ajena al concepto de democracia y debe ser combatida con celosa determinación, a no ser que queramos repetir los errores nefastos de un no tan lejano pasado.
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