viernes, 9 de octubre de 2009

Colombia: La Minga se mueve y...

Fernando Dorado
Nuevamente las comunidades indígenas caucanas vuelven a movilizarse. Aspiran a encabezar unas jornadas de lucha que son más que justificadas. Son pueblos en peligro de extinción. Sus comunidades están siendo exterminadas por fuerzas poderosas que mueven todos los hilos de la violencia, el narcotráfico, la apropiación violenta del territorio, la aculturización y la muerte.

Las transnacionales y la oligarquía colombiana – especialmente la vallecaucana y caucana – a cuya cabeza está el gobierno criminal de Uribe, están detrás de su territorio y riquezas. Pero el objetivo central es derrotar su heroica e invencible resistencia social y política, que es un ejemplo para el resto de colombianos y latinoamericanos. Ellos siempre han percibido a los indios como un estorbo para alcanzar “su progreso”.

El programa levantado por La Minga desde hace 5 años es un planteamiento eminentemente político. Ataca la política neoliberal que de hecho desconoce los derechos de los pueblos originarios. Además, ese programa del CRIC, va más allá, y enfrenta toda la política imperial y oligárquica que afecta al conjunto del pueblo colombiano en sus más caros intereses.

La dirigencia de La Minga se ha esforzado por vincular otros sectores sociales en la movilización de octubre/09 y por darle un cariz internacional a las jornadas, lo cual es un paso muy importante en la cualificación de sus luchas. Sin embargo existen problemas conceptuales que han impedido que ese propósito se consiga con la fuerza y contundencia que se requiere para retomar la iniciativa.

La Minga hace un año
El año pasado (2008) se presentaron unas condiciones especiales para avanzar, no sólo en la vinculación de otros sectores sociales sino, fundamentalmente, para romper con la dicotomía contradictoria entre lo reivindicativo y lo político, que el movimiento social caucano heredó (o construyó) en décadas pasadas y que se ha convertido en un lastre para nuestras luchas.

Esas condiciones se dieron porque la movilización indígena confluyó en el tiempo y en el espacio, con la lucha (paro o huelga) de los proletarios agrícolas conocidos como los “corteros de caña”, trabajadores de los cañadulzales del valle geográfico del río Cauca, que enfrentaban valerosamente al principal núcleo oligárquico colombiano que son los empresarios asociados en ASOCAÑA, quienes son - hoy por hoy -, la principal base de apoyo empresarial del gobierno de Uribe.

Este foco de empresarios encabezados por Ardila Lulle (dueño de INCAUCA y de un emporio de riqueza en varios países de Latinoamérica) y Luis Carlos Sarmiento Angulo (entre los 500 hombres más ricos del mundo, dueño del Grupo Financiero AVAL y principal soporte económico de este gobierno) es la médula empresarial de este semi-feudal país, y son quienes se benefician directamente de los subsidios, exenciones tributarias, zonas francas y de los riquísimos proyectos y negocios de agrocombustibles (etanol, principalmente), diseñados para garantizarles pingües ganancias cuando a partir del año 2011 el combustible de los nuevos vehículos deberá estar compuesto por un 85% de etanol.

Esa gran burguesía con mentalidad latifundista es el principal enemigo, mortal y traicionero de los indios nasa caucanos. Fueron quienes financiaron el asesinato en 1974 de uno de los fundadores del CRIC, el compañero Gustavo Mejía, y se han aliado con todo tipo de mafias para desaparecer a decenas de importantes dirigentes como fue el caso del cura nasa Álvaro Ulcué Chocué en 1984.

Desgraciadamente, hace un año, el movimiento no logró romper con las dinámicas particulares de cada sector. La mayoría de la dirigencia indígena no entendió que esa fusión de luchas (corteros proletarios e indios campesinos) era la concreción práctica de su programa, y que la derrota de esa clase burguesa a manos de los trabajadores, sería la derrota de uno de sus principales enemigos. La elite originaria no logró comprender que el poder que tenían entre manos los obreros estaba enfrentando a su peor enemigo, el verdadero “patrón” de Uribe Vélez.

La dirigencia de los trabajadores tampoco estaba preparada para unirse de verdad con los pueblos ancestrales, de los cuales ya hay entre sus filas en labores de “corte de caña”, por lo menos un 15 a 20% de indígenas.
La visión “economista” del paro, a pesar que el gobierno ya les había dado un tratamiento político al hacer encarcelar a 6 de sus dirigentes por supuestamente tener relaciones con la guerrilla (caso que todavía no se ha resuelto en los tribunales), les impidió asumir a La Minga como algo propio, como un espacio compartido, y así como vieron llegar la marcha a sus ciudades salieron a despedirla. Fue un corto encuentro pero no una verdadera unión, mucho menos fusión.

Cada quien siguió en su lucha. La Minga con un programa político pero con una práctica reivindicativa se fue para Bogotá a “negociar” con Uribe, y los trabajadores de la caña de azúcar, con sus mujeres esposas revolucionadas y beligerantes, con la producción paralizada y las fábricas tomadas, y con una inmensa fuerza de opinión y solidaridad, desperdició ese potencial en negociaciones en mesas por empresa (separadas), en donde los empresarios colocaban las condiciones, donde ni siquiera los asesores jurídicos y sindicales podían hacer presencia.
Una jauría de especialistas en economía y finanzas, lo más preparado de este país, “negociando” con unos bien intencionados líderes corteros pero sin la información y la preparación suficiente. Algo realmente lamentable.

Hoy La Minga ha crecido en audiencia, jóvenes universitarios, sectores barriales de una gran cantidad de ciudades, sindicatos y otras organizaciones sociales están a la expectativa. Se han hecho giras en Bogotá, Cali, Medellín, Ibagué y otros centros urbanos, en donde la gente ha discutido sus problemas y anhelos.

Las jornadas de octubre se van a desarrollar en varios países latinoamericanos. Ojalá la fuerza esté acompañada de claridad política. En Colombia se necesita con urgencia que el movimiento social ayude con su fuerza real a sacudir la conciencia de los pueblos para empezar a enterrar el “embrujo uribista”.
Ojalá así sea, antes de que la dictadura en ciernes, nos entierre a todos.
En honor al padre Álvaro Ulcué y a los caídos en las luchas nasas, recordemos estos versos del canto de María, el Magníficat, que le gustaba leer:

Desplegó la fuerza de su brazo y desbarató los planes de los soberbios;
derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes;
colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos los despidió sin nada...


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