jueves, 8 de octubre de 2009

Honduras y la soledad

K. Harring
Miguel A. Sandoval
Hace algunos años leí un libro de poemas de Roque Dalton, que tenia por titulo, La Taberna y otros lugares. En uno de los poemas escrito como una conversación entre amigos, decía a propósito de la soledad: no es cierto que sea un ángel en la punta de un alfiler, la soledad es Tegucigalpa , haciendo alusión al aislamiento que vivía la capital hondureña en esos años. Hoy y de un día para otro Tegucigalpa es universal, globalizada y encierra esperanzas de la gente democrática y de izquierda, que en realidad se parecen demasiado entre sí.

En Tokio y Madrid se habla de Honduras y del zelayismo, de gorileti y del frente de resistencia al golpe; en Brasil es un asunto nacional, de igual manera en Guatemala, y en otros países. Nunca se habló tanto de Honduras como en los meses que van de golpe y resistencia, y de ser un país que se le veía en la región como una especie de cabuz (ultimo carro de un tren) ahora es la indiscutida avanzada de la lucha democrática.

El sombrero de Zelaya es ya un emblema de las causas populares. La gesta de Zelaya, con resultados palpables en la lucha popular, es un ejemplo en la lucha democrática. En el imaginario popular y de sectores de la intelectualidad de ese país, Zelaya retoma el hilo de la nación hondureña en el lugar donde lo dejo Morazán. Así de enorme es el proceso que se desarrolla en el hermano país.

En Honduras ya nada puede ser igual a los días anteriores el 28 de junio, día del golpe de estado de derrocó al presidente constitucional. De entonces a la fecha, la comunidad internacional de manera homogénea ha dicho que rechaza los golpes de estado y de manera particular el de Honduras. Y salvo alguno que otro trasnochado como un expresidente de Guatemala, la condena es generalizada.

En el vecino país vimos al regreso clandestino del presidente electo de manera democrática, en una de las tantas expresiones de la fortaleza de las luchas de ese hermano pueblo, pues sin la lucha desde las calles y los riesgos de su presidente expulsado por el ejército, pero de regreso por su valor, no estaríamos ante una nueva lección de que las luchas populares no tienen libretos guía ni escenarios iguales. Son creativas y dan sorpresas donde se producen

Tres meses, con sus días y noches, con represión, ejército y policía en las calles, y la gente resistiendo. Son tres meses de manifestaciones, marchas, demostraciones de lo más variado. Los obreros y los campesinos están volcados dando su apoyo al frente de resistencia al golpe; hombres y mujeres, estudiantes, pueblos indígenas, poetas, todos están contra el golpe y por el retorno de Zelaya. Vencerán

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