jueves, 29 de agosto de 2013

COLOMBIA EN EL PUNTO DE QUIEBRE

 D.Pombo
La insurgencia social se convierte en transformaciones políticas, económicas y culturales si la “izquierda política” se sintoniza concretamente con las realidades sociales

Fernando Dorado Como tenía que ser – al igual que los demás países de Sudamérica – Colombia evoluciona hacia la conquista de verdadera democracia con soberanía nacional y popular. Una serie de hechos anuncian cambios trascendentales en la vida política y cultural de nuestro país.

Un síntoma de ese punto de quiebre es la división política que se presenta al interior de la oligarquía colombiana que enfrenta a dos bandos sobre la manera cómo quieren mantener la dominación oligárquica sobre nuestro pueblo.

Un bando, representado por Álvaro Uribe, aglutina a latifundistas ganaderos de Antioquia y la Costa Atlántica, y algunos empresarios
del campo encabezados por un sector de industriales de la caña de azúcar del Valle del Cauca con mentalidad esclavista. También están en ese bloque, campesinos ricos que en algunas regiones fueron fuertemente golpeados por la guerrilla. Su perfil político-cultural es conservador, clerical, reaccionario.

El otro bando, personificado por el presidente Santos, es hegemonizado por la burguesía “transnacionalizada” que domina el sector financiero, subordina a los pocos industriales que quedan y coopta a la burguesía burocrática que hace todos los esfuerzos por amarrarse al aparato estatal para sobrevivir. La actual precaria “unidad nacional” de Santos es la expresión política de éste bloque, unida en torno al ponqué burocrático y a la entrega de la riqueza nacional al capital imperialista. Su naturaleza política y cultural es neoliberal, “modernizante”, aparenta ser “progresista” y liberal, pero es profundamente reaccionaria.

Los “uribistas” ven a la insurgencia armada como el principal peligro. Están obsesionados con su derrota militar y no ven más allá. A los “santistas” lo que les preocupa es crear condiciones políticas y materiales óptimas para continuar con su modelo privatizador y entreguista de los intereses nacionales al gran capital trans-nacionalizado. Confían en domesticar a las FARC mediante un proceso de Paz e insertarlos en la vida política concediéndoles algunas prerrogativas.

Su incapacidad manifiesta para enfrentar la creciente rebeldía popular los obliga a buscar entre el pueblo a “cuadros preparados en la lucha popular”. Cuando la oligarquía recurre a la “izquierda domesticada y renegada”, ejemplificada por el vicepresidente Angelino Garzón y el seudo-ministro “Lucho” Garzón, ambos ex-militantes del Partido Comunista, y por los asesores de Uribe (ex-militantes del “maoísmo” colombiano) para enfrentar la insubordinación popular, es porque el punto de quiebre está a la vista.

El pueblo colombiano ha acumulado una “masa crítica” de cultura política que le permite ser superior a sus opresores. El levantamiento popular que se ha manifestado en los últimos días en regiones tradicionalmente conservadoras (Eje Cafetero, Boyacá, Nariño) es otra señal de que las reservas y energías revolucionarias que estaban ocultas y subterráneas, empiezan a emerger a la superficie social.

Así ha sucedido en todas las revoluciones. La famosa frase de que “cuando los de arriba ya no pueden dominar como antes y los de abajo no están dispuestos a vivir como siempre”, se puede aplicar a la situación colombiana. Vamos inevitablemente hacia una crisis de tipo revolucionario. Es el aspecto cardinal que determina los demás hechos de la vida nacional.

Es tan grave la situación para las clases dominantes que se han visto obligadas a entablar un proceso de Paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC. No se trata de que la insurgencia armada esté a punto de “tomarse el poder”. Se trata ahora de que la burguesía transnacionalizada – cabeza de la oligarquía –, quiere aprovechar los anhelos de Paz del pueblo colombiano y convertir ese proceso de Paz en una herramienta política e ideológica para sobreaguar su crisis. En esa tarea no duda en querer utilizar a la guerrilla para ese fin.

Por ello la dirigencia de las FARC se encuentra en una verdadera encrucijada. Tienen que hilar muy delgado para no legitimar ante el pueblo colombiano una “paz sucia”, “basura”, “express” o “macdonalizada”1. Tienen ante sí una gran responsabilidad política. No sólo deben tener en cuenta la correlación de fuerzas en el terreno militar sino ante todo deben evaluar la conveniencia o no de pactar una serie de políticas que la burguesía quiere “encapsular” (aderezar, hermosear) al lado de algunas medidas progresistas.

No olvidemos que ésta oligarquía colombiana es experta en engañar. Hace 23 años pactó con las clases medias – representadas por el M-19 – y logró aprobar una Constitución Política (1991) aparentemente progresista y “garantista” que encapsuló la semilla neoliberal en medio de una gran cantidad de derechos fundamentales que se quedaron en la tinta y el papel. Hoy, a la sombra de un nuevo proceso de Paz quiere meternos otro “embuchado”.

Para la guerrilla y para el pueblo colombiano sería mejor que ese pacto de Paz – entre insurgencia y gobierno –, si no tiene posibilidades para acordar transformaciones estructurales trascendentales para la Nación, se limite a aspectos puntuales respecto a las garantías para que la insurgencia pueda reintegrarse a la vida civil, y no transar aspectos de política que puedan ir en contravía del actual avance revolucionario que emerge de las entrañas del pueblo.

En el acuerdo sobre el tema agrario se pueden leer entre líneas aspectos de política agraria que le permiten a la oligarquía entregar tierras a campesinos pero también legalizar y legitimar la apropiación de extensas áreas del territorio nacional como las que ya han adquirido ilegalmente importantes conglomerados capitalistas en los Llanos Orientales y otras amplias comarcas que aspiran “extranjerizar”. Ese acuerdo de ser revalidado en un referendo o una Asamblea Constituyente podría ser un grave problema para nuestro inmediato futuro. ¡Mucho ojo!

Nuestro pueblo está construyendo a pasos agigantados una dirigencia popular, una “izquierda social”, que hoy está al frente de nuevos sectores sociales que brotan en la vida política del país. Lo que hoy ocurre en Boyacá, Cundinamarca y Nariño, lo que hace poco afloró en el paro cafetero, lo que sucede actualmente en numerosas regiones del país con el paro campesino, dentro de muy poco tiempo va a florecer en las ciudades de Colombia.

Y para que esos momentos de insurgencia social se conviertan en transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales, se requiere que la “izquierda política” esté más sintonizada con las realidades sociales. Nuestra juventud debe prepararse para ir más allá de la protesta; los necesitamos pensando y construyendo el país y la nación soberana y justa que todos queremos.

Nota: El Paro Nacional Agrario ya obtuvo un triunfo resonante. No obstante que Santos afirma que “el tal paro no existe”, la reacción popular a esas palabras los hizo rectificar. Ayer en la tarde (25.08.13) salieron todos asustados a dar explicaciones ante los medios de comunicación. Los campesinos ya obligaron al gobierno a discutir sus problemas con un enfoque nacional. La acción solidaria de la población de las ciudades debe incrementarse para que el triunfo sea mucho más contundente. Lo de Tunja ha sido un verdadero ejemplo

1 Término utilizado por Carlos Alberto Ruiz Socha. Ver: Lo común constituyente vs. la McDonalización de la paz: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=171077


Término utilizado por Carlos Alberto Ruiz Socha. Ver: Lo común constituyente vs. la McDonalización de la paz: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=171077
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