martes, 28 de septiembre de 2010

Venezuela: Chávez gana por puntos

Damoisson foto
Partido Socialista (PSUV) 95 diputados – Oposición 64 diputados
Tito Pulsinelli
El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) se adjudica las elecciones parlamentarias. Se trata de una victoria de puntos, en la que se confirma como la principal fuerza política del País que contará con la mayoría relativa. No logró alcanzar su objetivo más ambicioso: la mayoría absoluta de 2/3 de los escaños parlamentarios. Cuando queden por asignar todavía 7 escaños, el PSUV contará con 95 diputados.

Se quedó por debajo del umbral de los 110 diputados, por lo que tendrá una cómoda mayoría relativa, pero no alcanza por poquito esa mayoría calificada que confiere la potestad de aprobar directamente “leyes orgánicas” o estructurales. No hubo derrota, sino la confirmación de la validez de la ruta trazada, aunque a una velocidad menor a la deseada por los bolivarianos.

La gama variegada de los grupos de oposición vuelve al parlamento con 64 diputados, habiendo alcanzado la importante meta de superar el umbral del tercio de los diputados. La revolución bolivariana entra en una tercera fase, contando con una sólida mayoría, pero deberá confrontarse –como todos los demás gobiernos sudamericanos del cambio- con una fuerza de oposición dentro del poder legislativo.

Contra los fáciles triunfalismos del archipiélago opositor, Venezuela confirma el mandato que desde hace 11 años le asigna a Chávez, quien cuenta con márgenes de maniobra más estrechos que los óptimos con los que ha contado hasta ahora. Al fin y al cabo, Lula gobernó con éxito a Brasil sin tener una mayoría en el Senado. En efecto, sólo en Venezuela existe una oposición que se retiró de las elecciones pensando deslegitimar y desestabilizar el País. Y aprendió la lección.

Acerca del catastrofismo profesional de los interesados de los medios internacionales que toma la forma de abierto soporte a la restauración o al flanqueo de la oposición, no se puede evitar observar que se parecen a los turistas ante la Torre de Pisa. Los extranjeros creen que siempre está a punto de caer, mientras que los italianos saben que está inclinada y que lo seguirá siendo. Los corresponsales internacionales regresan sin haber presenciado a la caída, guardan en la maleta los vaticinios erróneos, replegando en un falso triunfalismo compensativo.

¡Presentan como derrota el hecho de no haber obtenido la mayoría absoluta (sic)! Como si fuera una rutina en todos los Países de los que provienen. Ay de ellos… (traduzione di Clara Ferri)
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