martes, 28 de junio de 2011

Islanda:"Los ciudadanos debemos tomar las riendas" (entrevista)



“Ha sido una revolución contra el poder político-financiero neoliberal que nos ha conducido a la crisis”, dice Gunnar Sigurdsson.   Su documental Maybe I should have cuenta los hechos.
La vanguardia

 




 

Un día estaba sentado delante de la tele escuchando como los políticos negaban la crisis... Me entraron ganas de tirar dardos contra la pantalla, pero en lugar de eso creé el Foro Abierto Cívico.
Pues tiene que estar orgulloso de lo que han logrado.
Hemos hecho dimitir al Gobierno al completo y se han nacionalizado los principales bancos. Por votación popular, nos negamos a pagar la deuda que estos contrajeron con Gran Bretaña y Holanda a causa de su execrable política financiera. Y estamos juzgando al primer ministro que permitió el desastre.


Son ejemplo en el mundo.
Hemos pagado un alto precio: nuestras instituciones nos han decepcionado, los banqueros nos han robado y el Gobierno los ha apoyado. Hemos descubierto que su avaricia, corrupción y nepotismo no tiene límites. Llevaron al país a la bancarrota.

Y usted lo ha contado en una película.En el 2008 creía que vivía en el país menos corrupto del mundo, en armonía con el Gobierno y los bancos... Trabajaba en marketing y dirigía teatro. Compré un apartamento de 60 m2 con la ayuda de mi banco y un coche con un crédito en divisa extranjera.

Pero el sistema se colapsó.
Yo, como muchísimos islandeses, tuve que devolver el coche y, encima, debo dinero porque la corona bajó en picado. Me subieron el precio de la hipoteca, que ya no puedo pagar. Me quedé en la indigencia y por primera vez salí a la calle a protestar.

De perdidos, al río.
La corona islandesa perdido un 58% de su valor, la inflación se disparó hasta el 19%, la economía se contrajo un 7% (2009) y sufrimos la emigración más grande desde 1887. Decidí averiguar lo sucedido haciendo un documental.

¿Por dónde empezó?
Lo que pasó en Islandia entre el 2003 y el 2008 es que el Gobierno concedió poder total a los financieros, que usaron el favor político para hacerse ricos. Los bancos fueron nacionalizados, pero el dinero de los ricos desapareció... Así que decidí seguir al dinero: viajé a Londres, Guernsey, Luxemburgo y Road Town, las Islas Vírgenes.

¿Qué halló?
Corrupción. Hasta entonces no había oído hablar de Tórtola, Islas Vírgenes británicas, con 30.000 habitantes y 620.000 empresas registradas; muchas islandesas.

Entiendo.Mientras países como el Reino Unido, Estados Unidos o Islandia permitan que compañías que operan en sus países puedan registrarse en islas como Tórtola, las Caimán o incluso Luxemburgo, expresamente para no pagar impuestos, entonces no cambiará nada.

Cierto.
Estas empresas usan los servicios que los países otorgan a la ciudadanía, pero desaparecen a la hora de pagar impuestos. Toda la gente que había estado jugando en bolsa a lo grande (muchos de ellos con información privilegiada) se llevó el dinero y dejó las deudas. Nada de eso sería posible si la sociedad protestara y pidiera cambios.

¿Qué ha averiguado de la conexión entre política y negocio?
Es absoluta, y los políticos deberían estar fuera del negocio. En todo el mundo los bancos funcionan por amiguismo y nepotismo; no hay tasas para los amigos.

Nos han dicho que si no rescatábamos a los bancos nos hundíamos con ellos.
Eso es lo que dicen los bancos, que no podemos vivir sin ellos, pero podemos; nosotros lo hemos demostrado. Todos esos intereses que nos cobran no tienen sentido; yo quiero pagar para mejorar la sociedad, no para que se enriquezcan los bancos. Cuando hay una crisis se recorta la sanidad, las pensiones, la educación... ¿Por qué no recortamos el dinero del que se nutren los bancos? Este sistema se ha hundido, necesitamos un cambio.

¿Cómo perfilaría ese cambio?
Es difícil decirlo en pocas palabras, pero los bancos no deberían jugar en bolsa con nuestro dinero, y debemos cortar las relaciones entre la política y los negocios.

El descontento es general.
Fíjese que los banqueros, los que han provocado la crisis, siguen estando al cargo de los bancos; nadie ha dimitido. ¿No deberían ser otros los que gestionen la salida de la crisis?

Reclamamos el Estado de bienestar, pero nos dicen que ya no es posible.  Debemos tener casa, sanidad, educación y trabajo; para eso pagamos impuestos, para eso están los políticos... Pero para el poder financiero que gobierna el mundo lo importante son los beneficios y no las personas. Los ciudadanos debemos tomar las riendas.

¿Qué futuro vislumbra?
La clase media es la que trabaja y paga impuestos y, pese a ello, sigue admirando e imitando a los ricos, que se llevan el dinero a paraísos fiscales. Hay que admirar a las personas por lo que tienen dentro y no fuera. Y no tiene sentido que un futbolista gane mil veces más que una persona que cuida de un anciano; es ridículo. Podría ganar cien veces más, pero mil… Deberíamos cuidar los unos de los otros.

La tendencia es recortar sanidad, educación y atención a los más necesitados.
Hay que poner a las personas por encima de los beneficios. Y nosotros, los ciudadanos de clase media, tenemos mucho más poder del que creemos: ponemos y quitamos gobiernos; responsabilicémonos.

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